Una pequeña bodega fundada por el holandés Eric Kurver se convirtió en una marca global admirada por su visión estratégica, calidad y un concepto de marketing que hoy se estudia en todo el mundo.
La elaboración de vino suele asociarse a una visión romántica y casi onírica: hacer vino es crear algo especial para compartir con amigos, familia y amantes del buen beber. Pero esa empresa enfrenta desafíos, sobre todo hoy, cuando el consumo mundial ha disminuido, los hábitos cambiaron y la oferta parece superar la demanda.
En este escenario, muchos viticultores se encuentran con un dilema: saber hacer vino no siempre implica saber venderlo. AIX Rosé es un ejemplo de cómo una pequeña empresa con pocas etiquetas logró conquistar los mercados más exigentes del mundo sin perder el foco en la calidad.
Un holandés en Provenza: el origen de una marca icónica
Eric Kurver vive en el sur de Francia desde hace más de dos décadas. Tras una larga carrera en el management corporativo, decidió seguir su verdadera pasión: el vino. Así nació AIX Rosé, una marca que equilibra su amor por la vitivinicultura con la experiencia adquirida en el mundo empresarial.
Eric Kurver nos muestra sus viñedos con pasión. Un hobby que se convirtió en forma de vida.
Pequeña en estructura, pero enorme en identidad, AIX Rosé se convirtió en un referente mundial y hoy es uno de los rosados más icónicos de Provenza. Fue incluso seleccionado como caso destacado en una masterclass durante Vinitaly 2025, la feria internacional de vinos más importante de Italia.
Los vinos del proyecto
-Contanos un poco sobre los vinos de tu proyecto…
-Estamos ubicados al sur de Francia, en Aix-en-Provence, dentro de la denominación Coteaux d’Aix en Provence. Nuestra ubicación, un poco más alejada del mar que otras zonas de Provenza, nos da una mayor amplitud térmica, con noches frescas que benefician la calidad del vino.
Los 75 hectáreas de Garnacha, Syrah y Cinsault se extienden en suelos arcillo-calcáreos a 400 metros de altura.
-El suelo es arcillo-calcáreo, con predominancia de garnacha mezclada con syrah y cinsault. La vegetación típica —lo que en Francia llamamos garrigue, como lavanda y tomillo— aporta aromas únicos. Todo está certificado orgánico y nuestro objetivo es claro: hacer el mejor rosé del mundo.
El inicio: de un hobby a un negocio global
-¿Cómo surgió la idea de empezar este negocio hace 15 años?
-Veía cómo nuevos inversores llegaban a Provenza interesados en crear un rosé de alta calidad. Eso me hizo ver que era posible hacer algo realmente especial. Mi esposa me sugirió tomar mi principal hobby —el vino— y convertirlo en mi profesión. Así nació la idea de elaborar un rosé fresco, elegante y de color claro.
Aix Rose mencionado en una masterclass sobre rose en Vinitaly, Verona, Italia, 2025.
-El desafío no era solo hacer un vino excelente, sino construir una marca con un plan de negocios, distribución y marketing. Hacer el mejor rosé es solo el primer paso; venderlo es el verdadero reto.
Estrategia internacional: cómo crecer sin perder identidad
-¿Cuáles son tus mercados más importantes y cómo desarrollaste la marca internacionalmente?
-Cuando compré el viñedo, era un escenario peculiar: un holandés sin demasiada experiencia directa en vinificación comprando uno de los viñedos más grandes de un pequeño pueblo. Aproveché el prestigio del nombre Aix-en-Provence y diseñé una etiqueta distintiva.
-Decidí que la clave era la exportación y evitar competir excesivamente con productores locales. Desde el primer año —cuando ganamos una medalla de oro en París— enfoqué la estrategia en mercados internacionales, comenzando por los Países Bajos y posicionando el vino en restaurantes con estrella Michelin. Replicamos la estrategia en Suiza, Bélgica, los Hamptons, Aspen, y colegas hicieron lo propio en Asia y Australia.
Los viñedos de Maison Saint Aix se ubican en Jouques, en el corazón de Coteaux d’Aix en Provence.
-Para un extranjero, vender en el extranjero suele ser más sencillo que vender en Francia. Esa fue la clave del crecimiento.
Lecciones para otros viticultores
-¿Qué crees que deberían aprender otros viticultores de tu estrategia?
-Lo fundamental es tener un plan: no solo para hacer un vino excelente, sino para gestionarlo como un negocio. Muchos viticultores aspiran a elaborar el mejor vino posible, pero eso no alcanza sin una estrategia clara de distribución y marketing.
-AIX Rosé atravesó desafíos como aranceles impuestos por Trump, pandemia, guerras y crisis energética, sin modificar su visión. El objetivo es estar en lugares especiales: clubes de playa exclusivos, hoteles cinco estrellas, restaurantes Michelin y tiendas especializadas independientes. No buscamos estar en todos lados, sino en aquellos sitios que reflejen nuestra esencia.
-Así, quien prueba AIX Rosé en Bali puede encontrarlo después en Ibiza o en Buenos Aires, siempre en lugares únicos. Esa coherencia es parte del éxito.
*Agustina Juri. Sommelier (EAS). Dra. en Filosofía (UNCuyo). Especial desde Francia para El Descorche Diario.






