En el marco del Día Mundial del Agua, la crisis hídrica vuelve a instalarse como uno de los principales desafíos estructurales de Mendoza. La escasez de nieve en la cordillera, el uso ineficiente del recurso y una infraestructura que necesita modernización configuran un escenario que impacta de lleno en la producción, especialmente en la vitivinicultura.
En este contexto, el empresario mendocino Sebastián Halpern, especialista en gestión del agua y titular de la empresa Halpern, analizó la situación en el programa Conexión Agro, en Radio Nihuil, donde planteó la necesidad de avanzar en reformas de fondo, con una mirada estratégica de largo plazo.
Halpern, reconocido por su trabajo en soluciones vinculadas a la eficiencia hídrica y la sostenibilidad, fue contundente: Mendoza necesita actualizar su marco legal, invertir en obras clave y adoptar modelos exitosos de gestión del agua como los desarrollados en países con menor disponibilidad del recurso.
El punto de partida: una ley que quedó en el tiempo
-¿Por dónde empezar a abordar la problemática del agua en Mendoza?
– Mirá, yo creo que la voluntad está y está en toda nuestra población y en todos nuestros gobernantes. Lo que pasa es que hay que empezar por el principio, que es la Ley de Aguas. La Ley de Aguas que tenemos es una ley que tiene más de 100 años y hay que actualizarla. Mendoza cambió en estos 100 años y necesitamos que esa ley cambie, adecuada a la situación actual.
-¿Qué tipo de planificación necesita la provincia?
-Creo que hay que armar un plan a 50 años. Hoy tenemos casi terminado el informe de Mekorot, la entidad de agua de Israel. Si vos vas a Israel, todo lo que se ha hecho en solo 70 años es increíble y tienen muchísima menos agua que nosotros. Entonces hay acciones para hacer, pero ese plan tiene que continuar como una política de Estado, más allá del gobierno de turno o del color político.
-¿Cuáles son las obras más urgentes?
-A mi modo de ver, lo que hay que hacer es dejar de hacer tantos canales de hormigón y empezar a entubar. Mendoza tiene una pendiente muy favorable. Desde el dique Potrerillos hasta Mendoza tenés más de 300 metros de altura, lo que permitiría regar prácticamente todo el oasis sin energía.
El especialista propuso un plan a 50 años para mejorar la eficiencia en el uso del agua en la provincia.
-Con esto solucionás dos problemas: uno de infiltración y otro de energía. Además, bajás costos de mantenimiento. La idea es que en 20 o 30 años toda la provincia esté entubada y cualquier productor tenga agua presurizada en la puerta de su finca.
Medición y control: el rol de los caudalímetros
-¿Es posible avanzar en el control del uso del agua?
-No es tan difícil. Mendoza tiene cerca de 3.000 pozos. Colocar caudalímetros costaría alrededor de 3 millones de dólares. Es una inversión importante, pero estamos hablando del cuidado del agua. Eso permitiría medir y cobrar por metro cúbico. Hoy el agua se paga por hectárea, no por consumo. Cuando el recurso se mide, cambia la conducta: empezás a regar lo que realmente necesitás.
-El 83% del agua que se consume en Mendoza es para riego agrícola. Ahí está el foco.
-¿Qué se necesita para modernizar los sistemas de riego?
-El primer paso es la financiación, pero a largo plazo: 5 o 6 años. Puede ser a través de convenios con bancos o con organismos como el BID. El Estado tiene que intervenir subsidiando tasas, porque el impacto económico de mejorar la eficiencia hídrica es mucho mayor que ese esfuerzo inicial.
“Hay que armar un plan a 50 años y sostenerlo como política de Estado, más allá de los gobiernos”.
Reconversión productiva: nuevos cultivos y oportunidades
-¿Qué rol juega la reconversión productiva en este escenario?
-Hoy en San Juan hay miles de hectáreas de pistacho plantadas y en Mendoza no llegamos a mil. Todo el este de la provincia tiene condiciones excelentes para ese cultivo. Tenemos muchas fincas abandonadas que podrían reconvertirse. Para cualquier inversor es más atractivo venir a Mendoza, pero hay que generar las condiciones para que eso suceda.
Una agenda urgente para el futuro del vino
Las definiciones de Sebastián Halpern no solo interpelan al sector público, sino también al privado. En una provincia donde el vino es motor económico y cultural, la eficiencia en el uso del agua ya no es una opción, sino una necesidad urgente.
Modernizar la legislación, invertir en infraestructura, incorporar tecnología y repensar la matriz productiva aparecen como los ejes de una agenda que, según el especialista, debe proyectarse más allá de coyunturas políticas. «Porque el desafío no es solo técnico: es estratégico. Y el tiempo para actuar es ahora», asegura el empresario.



