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El Taj Mahal, al que Tagore definió como “Una lágrima de mármol detenida en la mejilla del tiempo".
  • Crónicas Viajeras
  • 15 octubre, 2019

India: Memorial de Gandhi y el Taj Mahal

La India, un destino particular donde el graznido de los cuervos y los ruidos de bocinas se vuelven habituales. La tierra de Mahatma Ghandi y de Sha Jahan, el emperador que construyó el Taj Mahal, una de las Maravillas del Mundo. Anécdotas de un viaje conmovedor.

Partí a New Delhi, capital de la India, vía Santiago de Chile con escala en París. Desde el Charles de Gaulle me tocó volar en el gigantesco Boeing Jumbo 747 donde disfruté de menú a la carta con champagne. Fue un periplo de 38 horas a través de tres continentes. Por fortuna el avión iba semi vacío y pude aprovechar mi hilera de cuatro asientos para dormir acostado como si fuera una cama.

Una vez aterrizado en el Indira Gandhi tomé un taxi a la ciudad. Encontré hotel en la Main Bazaar, la calle de los mochileros, y enseguida salí a recorrer la añeja Old Delhi.

Contraté un ciclorickshaw, hombre en bicicleta que tira un carro para dos personas. Las callejuelas atestadas son imposibles de surcar en auto. La primera parada fue en la enorme Jama Masjid, la mezquita más grande de la India con capacidad para 25 mil fieles. Hay que quitarse el calzado. La mezquita se utiliza los viernes que es el domingo de los musulmanes.

A bordo de un ciclorickshaw para recorre la Old Delhi.

Casi enfrente está el colosal Lal Quila. Es un fuerte con murallas de hasta 33 metros de altura y 2 kilómetros de extensión. Lo mandó a construir Sha Jahan el mismo Emperador que ordenó el Taj Mahal. En el mástil de la Puerta de Lahore flameó por primera vez la bandera india luego de la independencia de Gran Bretaña el 15 de agosto de 1947.

Cambié el ciclorickshaw por un taxi para ir al Raj Ghat donde fue cremado el Mahatma Gandhi tras su asesinato el 30 de enero de 1948. Una base de mármol negro con flores y una llama eterna recuerdan al Padre de la India. Muy cerca corre el río Yamuna donde se arrojaron sus cenizas. Tuve que quitarme el calzado para ingresar a los jardines que rodean su mausoleo.

El Memorial de Mahatma Gandhi donde fueron cremados los restos del líder pacifista.

Un paseo en elefante y las vacas sagradas

A la salida de Raj Ghat se dio uno de los momentos más divertidos cuando dos conductores de elefante me invitaron a dar una vuelta encima de la bestia. Uno de ellos hizo que se sentara y el otro enrolló la cola que me sirvió de escalera para trepar al sillín del lomo.

Pasear a lomo del arrugado paquidermo fue sentirme como un Marajá en una de las pintorescas películas de Bollywood. Al momento de bajar, el animal se pone de rodillas e inclina la cabeza hacia el suelo y hay que dar un pequeño salto. Obviamente la invitación no fue tal y tuve que repartir unas cuantas rupias a los agradecidos conductores.

A lomo de elefante por las calles de la ciudad.

A 15 kilómetros hacia el sur de la extensa Delhi, el complejo de Qutb Minar que es el minarete más alto del país con 72 metros. Un rayo lo dañó en 1368 y más tarde los británicos lo arreglaron pero quedó torcido y parece la Torre de Pisa pero más alta.

En el camino de regreso al hotel estuvimos 20 minutos esperando que una vaca se apartara del medio de la calle. Son sagradas y no se pueden tocar. Si alguien la molesta, se paga con seis meses de cárcel.

Las vacas sagradas son parte del paisaje urbano de la India.

Destino no apto para viajeros primerizos

Te vas acostumbrando al ritmo de estas mega-ciudades caóticas. No es un destino para viajeros primerizos. El graznido de los cuervos también se vuelve habitual. Son carroñeros que cumplen su función comiendo toda la basura que se va juntando en las calles ya que el servicio de recolección brilla por su ausencia. Las ratas, tamaño portaaviones, también ayudan en ese sentido.

Donde hay un espacio con agua o una manguera prendida en algún parque, habrá una familia humilde bañándose y lavando la ropa. El agua corriente es un bien escaso en Asia. Se aprecia mucha gente hambrienta y deforme por distintas enfermedades tiradas en la calle pidiendo una rupia a gritos. Contra esa miseria hay que ir creando un estado mental para que a la larga no te afecte.

Las bocinas de autos, motos, rickshaws y buses son insoportables. Es el otro deporte nacional y te pone los pelos de punta. En las esquinas se ven carteles donde piden a los automovilistas que no toquen bocina pero no hacen caso.

Otra visita interesante fue al museo de la ex primera ministra Indira Gandhi. Funciona en la casa donde vivía con su familia y atendía asuntos de estado. La sala comedor que está tal cual quedó al morir. En una vitrina se exhibe el sari manchado de sangre, la cartera y las sandalias que llevaba cuando dos de sus guardaespaldas, de religión Sij, la acribillaron de siete disparos saliendo de su jardín en octubre de 1984. El sitio donde cayó fulminada está cubierto con una placa de vidrio. Su hijo Rajiv la sucedió a su muerte y en 1991 una mujer suicida lo mató con una bomba en Tamil Nadu durante un discurso de campaña.

Los baños públicos escasean y es común ver, y oler, los sitios donde cualquiera orina a la vista de todos de día o de noche. Se acumula tanto líquido que en algunas esquinas el agrio hedor que invade el ambiente te obliga a cambiar de vereda.

Agra, cuna del Taj Mahal.

Los monos son otra compañía permanente. Están por todos lados pero no molestan. En Chelmsford Road vi a un hombre acostado sobre el asfalto y los coches le  pasaban a escasos centímetros. Pregunté que estaba haciendo y me dijeron que buscaba suicidarse. Cuando volví a pasar por allí más tarde el hombre no estaba más pero tampoco había manchas de sangre. Supongo que habrá desistido de su idea. Asimilando todo este shock ambiental dejé Nueva Delhi y viajé 196 kilómetros al sur a la ciudad de Agra, cuna del Taj Mahal.

Es más pequeña que Delhi pero no menos agitada. Fue capital de la India en los siglos XVI y XVII. Me alojé en el sencillo hotel Kamal con mejor panorama que uno cinco estrellas. Desde su terraza le eché el primer vistazo al Taj Mahal, Maravilla de la Humanidad. A unos 300 metros en línea recta brillaba radiante el mausoleo de puro mármol blanco. Hice algunas fotos desde allí y al otro día entré al complejo.

El Taj Mahal visto desde el Fuerte Rojo de Agra.

Lo erigió Sha Jahan en memoria de su esposa Mumtaz Mahal muerta de parto en 1631. El dolor fue tan grande que decidió inmortalizarla con la tumba más hermosa jamás construida. Cuenta la leyenda que a muchos obreros les cortaron las manos o los pulgares para que no pudieran volver a construir algo tan perfecto. Es un edificio simétrico de mármol de Jodhpur. La cúpula en forma de bulbo alcanza los 73 metros.

El delicado trabajo en pietra dura incrustado en el mármol estuvo a cargo de artistas italianos. Las puertas están inscriptas con frases del Corán y las paredes adornadas con jade, ágatas, lapislázuli, madreperlas y diamantes. A precios actuales la obra costaría hoy unos 60 millones de dólares.

Ingresé por la puerta Sur y el primer vistazo te deja boquiabierto. Se levanta majestuoso entre jardines persas y fuentes de agua. Hay que dejar el calzado en un guardarropa y te dan cobertores para los pies. Dentro del recinto, descansan Sha Jahan y su amada Mumtaz Mahal.

La vista privilegiada del atardecer sobre el Taj Mahal desde la terraza del hostel.

Me senté a esperar la mágica hora del atardecer cuando el mármol va mutando su color al reflejar los rayos del sol poniente. Pasa de blanco a rojizo y después a un suave dorado para terminar en tono azulado cuando el día se rinde ante la noche. Conmovedor. Algo que recomiendo disfrutar una vez en esta vida. El escritor Rabindranath Tagore lo describió soberbiamente comoUna lágrima de mármol detenida en la mejilla del tiempo”.

Cuarenta kilómetros al oeste de Agra se alza la ciudad fantasma de Fatehpur Sikri. En la parada de buses conocí a una holandesa, Danielle, y partimos a la enigmática ciudad que el centro del poder del Emperador Akbar durante 16 años. No tuvieron en cuenta la falta de agua en la zona y la ciudad entera fue abandonada. Tenía mezquita, palacio, establos, colegios y bellos jardines.

La “Ciudad Fantasma” de Fatehpur Sikri.

Volví al hotel y después de cenar en la terraza con la estupenda postal de un nuevo atardecer sobre el Taj Mahal preparé la mochila para continuar el viaje.

INFO PARA VIAJEROS:

Ingreso al Memorial de Mahatma Gandhi: gratis.

Conductor de ciclorickshaw: 1 o 2 dólares media jornada.

Paseo en elefante: a negociar con los dueños. se puede hacer por 2 dólares.

Complejo Qutb Minar: 15 centavos de dólar.

Museo Indira Gandhi: gratis.

Hostel en New Delhi: 5 dólares.

Hotel Kamal en Agra (vistas espléndidas del Taj Mahal). 8 dólares.

Ingreso al Taj Mahal: 12 dólares.

Fuerte de Agra: 8 dólares.

Ciudad Fantasma Fatehpur Sikri: 8 dólares.

 

 

*Por Federico Chaine. Periodista especializado en viajes y turismo. Especial para El Descorche Diario.

Contacto: fedechaine@hotmail.com

Fotos: Fede Chaine.