Tras la participación argentina en la feria Wine Paris, la gerente de Wines of Argentina analizó el presente del consumo mundial, el lugar del país en el mercado global y el desafío de reconectar con nuevas generaciones.
La industria vitivinícola argentina tuvo una fuerte presencia en París entre el 9 y el 11 de febrero, en Paris Expo Porte de Versailles, donde 72 bodegas nacionales participaron de una nueva edición de una de las ferias más relevantes del trade internacional.
El espacio institucional argentino reunió productores de distintas regiones y desarrolló clases magistrales orientadas a compradores y profesionales, consolidando la estrategia de posicionamiento del país en mercados clave.
En ese contexto, recién llegada al país, Magdalena Pesce dialogó con Conexión Agro, el programa de Radio Nihuil conducido por Gustavo Flores Bazán y Federico Zalazar.
Desde el corazón del comercio mundial del vino, la gerente de Wofa trazó un diagnóstico sobre la crisis de consumo, habló del mea culpa de la industria y destacó el crecimiento de los vinos blancos argentinos.
—¿Cuál es el balance después de una semana de trabajo de promoción del vino argentino en París?
– Fue una semana súper positiva. Todas las actividades salieron muy bien y la feria fue impresionante. Yo había estado en la primera edición en 2023 con ocho bodegas, era algo muy exploratorio, incluso había bastante incertidumbre: muchos decían “otra feria más y encima en París, la capital del vino francés, no sé si va a funcionar”.
-La estrategia terminó siendo acertada. Este año hubo récord de participación argentina y hasta gente que quedó afuera porque no había más metros disponibles. Sabía que iba a crecer, pero no que fuera tan rápido y para todos los países al mismo tiempo.
“No estamos condenados: hay conciencia y ganas de revertir la situación”
—Se habla en todo el mundo de la crisis global del vino. ¿Qué percepción te llevaste?
-En absolutamente todas las reuniones se habló del tema. Con productores, distribuidores, colegas de otras regiones… todos están analizando lo mismo. Pero lo que más me gustó es que no hay un clima fatalista. No es “la industria va a desaparecer”. Al contrario: hay conciencia de los motivos que se combinaron para llegar a esta situación y mucho esfuerzo en ver cómo revertirla.
-Por ejemplo, países como Austria están haciendo campañas para su mercado interno muy parecidas a las nuestras, tratando de democratizar el mensaje. Y también aparece un mea culpa muy fuerte dentro del propio mundo del vino.
Pesce destacó que la industria vitivinícola global atraviesa un proceso de autocrítica para volver a conectar con los consumidores.
El mea culpa del vino
—¿Cuál es ese mea culpa?
-Que en nuestro afán por mejorar y sofisticar el producto nos fuimos demasiado hacia ese lado. Y la sofisticación debería ser una elección del consumidor, no una barrera de entrada.
-Muchas veces terminamos comunicando el vino de una forma que excluye. Y además es más caro, menos accesible. Entonces parte del trabajo ahora es recuperar el lugar que nosotros mismos fuimos perdiendo.
Los jóvenes y el nuevo consumo
—¿Qué buscan hoy los jóvenes?
-Primero, moderación. Eso no se discute más. El mundo va a consumir menos cantidad pero mejor calidad. Pero también buscan algo más profundo: productos que no les compliquen la vida. Quieren disfrutar, hacer un “mental reset”. Hay muchas cosas atravesándolos en sus realidades y necesitan espacios de desconexión.
-Se está perdiendo la sociabilidad, el encuentro real, la comunidad fuera de la pantalla. Y hay una búsqueda de volver a eso. El vino tiene todo para ocupar ese lugar si sabemos comunicarlo bien.
La feria confirmó un escenario de oportunidades para el vino argentino.
Agenda internacional
—¿Cómo sigue el año para Wines of Argentina?
-Ahora vamos a ProWein con un stand más chico. Después recibimos la visita de Tim Atkin, que pasa semanas en Argentina catando más de mil vinos. Luego nos metemos de lleno en la campaña del Día Mundial del Malbec y en varias visitas internacionales importantes. El foco está puesto en Estados Unidos, Brasil y Canadá porque los recursos son limitados y necesitamos priorizar, medir resultados y escalar.
«Argentina tiene resiliencia. Estamos acostumbrados a contextos difíciles y eso nos vuelve competitivos».
—El Acuerdo Mercosur – Unión Europea, ¿es una oportunidad para el vino argentino?
-Sí. En general la industria lo ve como positivo. Cuando entre en vigencia, los vinos por encima de 8 dólares el litro ingresarán con arancel cero, y para el posicionamiento premium argentino es enorme.
-Además hay plazos de adaptación: no es que al día siguiente se va a inundar el mercado de vino barato. Nos va a obligar a ser más competitivos y optimizar recursos, pero la apertura siempre impulsa a mejorar.
«El nuevo consumidor busca disfrute, moderación y experiencias simples».
El fenómeno del momento: los blancos
—¿Qué vinos generan interés hoy?
-Los vinos blancos. No superan al Malbec, pero ya pelean el interés de igual a igual en seminarios y degustaciones.
-Chardonnay funciona muy bien por reconocimiento internacional, pero también Torrontés, blends blancos y Semillón. Es el resultado de años de trabajo de agrónomos y enólogos: en viticultura nada es inmediato, lleva planificación y resiliencia.
París, la nueva capital de las ferias
—¿Por qué Wine Paris desplazó a otras ferias?
-Ubicación, accesibilidad y calendario. Se hace en febrero y permite cerrar negocios durante todo el año hasta las ventas de fin de año. Las ferias cumplen ciclos. Durante años la principal fue Alemania, pero hoy los compradores quieren ir a París y nosotros tenemos que estar donde están nuestros clientes.
—¿Cómo ves el futuro?
-Argentina tiene resiliencia. Estamos acostumbrados a contextos difíciles y eso nos vuelve competitivos. Tenemos todo para crecer internacionalmente si aprovechamos el momento. Cuando hacés las cosas bien no tenés el resultado garantizado, pero sí muchas más chances de que suceda.




