Tras el reciente lanzamiento de la línea De Sangre, una colección de vinos que rinde homenaje al espíritu pionero de la familia Arizu, el director de Enología de Luigi Bosca habló sobre la apuesta fuerte de la bodega por el Cabernet Sauvignon, la importancia de la sustentabilidad y el balance de la cosecha 2021 en esta nota exclusiva con El Descorche Diario.
Pablo Cúneo es uno de los enólogos más respetados en la industria vitivinícola argentina. Luego de una trayectoria que ya suma 24 vendimias, en el 2017 se sumó a la bodega de la familia Arizu para emprender una otra etapa en su carrera y afrontar nuevos desafíos en una bodega centenaria y fundacional de la vitivinicultura argentina.
“Firmar la etiqueta de un vino junto a Alberto Arizu es un privilegio, pero también es un desafío”, asegura luego del lanzamiento este año de la línea De Sangre (ver nota del lanzamiento), donde la bodega explora sus mejores parcelas de diversos terruños, logrando una muestra excepcional del potencial del vino argentino y en particular de Mendoza.
Espíritu innovador y una filosofía arraigada en el conocimiento, el respeto y la admiración hacia el terroir, que hoy conjugan a la perfección Bodega Luigi Bosca, la familia Arizu y la visión de Pablo Cúneo al frente de la Enología.
-¿Luigi Bosca De Sangre es la primera línea que desarrollás por completo desde que estás al frente de la Enología en la bodega?
-Así es. La bodega ya había comenzado con este concepto y tenía algunas etiquetas; pero yo me sumé en septiembre de 2017 cuando ya se venia haciendo un trabajo en las fincas con parcelas diferenciadas. A partir del 2018 me tocó tomar el proyecto casi desde el inicio.
-¿Qué se siente firmar un vino y trabajar junto a una personalidad del vino argentino como es el ingeniero Alberto Arizu, un apasionado por el viñedo?
-Primero que nada es un honor y un orgullo poder disfrutar de acompañarlo tanto en el viñedo como en las degustaciones. Pero también es un desafío muy grande el hecho de firmar un vino junto a él. Cuando llegué a la bodega yo ya venia con la inquietud sobre este vino. El nombre De Sangre está en la familia desde hace mucho tiempo, aunque al principio de manera informal, para después convertirse en una etiqueta y luego en una línea.
-Recuerdo una anécdota cuando empecé a trabajar en Luigi Bosca, hicimos una degustación de todo el portolio y en ese momento le pregunté a Alberto Arizu por qué el nombre De Sangre, una marca muy fuerte, con tantas alusiones. Alberto me contó que era el vino que hacía su abuelo y que le daba ese nombre a los vinos que más le gustaba y que guardaba para ocasiones especiales. Así el nombre terminó tomando peso como una tradición de la familia.
Alberto Arizu y Pablo Cúneo. Juntos firman la etiqueta de la línea De Sangre.
-Esa anécdota es una de las primeras que tengo con Alberto. Es un privilegio poder trabajar con él. Una de las cosas que a mí me llamó la atención de su figura es el sentido con que mira las cosas y el tiempo. Siempre tiene una mirada de trascendencia y de largo plazo; las cosas no se logran rápidamente. Me sorprende su mirada como también todas las cosas que descubrió por el mundo, muchas de ellas las trajo a la Argentina, en materia de variedades, clones, innovación. Hay muchos hitos en los cuales Alberto Arizu tuvo un rol protagónico que demuestran su espíritu pionero.
-Durante tu carrera te ha tocado trabajar con grandes maestros, ahora con Alberto Arizu y anteriormente con Jean Pierre Thibaud, fundador y ex propietario de Ruca Malen…
-La verdad que he tenido suerte. Me he encontrado con gente súper valiosa en el camino y eso es un privilegio. Son personas apasionadas por el detalle. Alberto siempre dice que la perfección no existe, pero siempre vamos a tratar de llegar a la excelencia. Ese concepto de la búsqueda de la perfección es el que te hace ser detallista y tenaz en cada una de las cosas que hacemos. Y eso se respira en Luigi Bosca, en todo orden, desde la viña hasta el consumidor. Tratamos de generar una buena experiencia.
-En el lanzamiento de la línea Se Sangre hicieron mucho foco en el Cabernet Sauvignon como la gran figura. ¿Es un vino de esta variedad el que definitivamente va a llevar a la Argentina a las grandes ligas del mundo?
-Creo que sí y claramente apostamos fuerte al Cabernet Sauvignon. Las condiciones técnicas y cualitativas son sobradas, pero eso está potenciado por la historia que tiene la familia Arizu con esta variedad. Finca El Paraíso tiene materiales que generan una diferencia en las características del vino. Estamos convencidos que los Cabernet Sauvignon de Luigi Bosca son “world class”. Pueden competir y estar en cual parte del mundo, no solo en Argentina donde ya ganaron su prestigio.
De Sangre Cabernet Sauvignon, el destacado de la línea para competir en el mundo.
-Fue el primer varietal que la bodega lanzó al mercado por allá en los 70. Desde lo comercial vemos una tremenda oportunidad de jugar en las grandes ligas con el Cabernet Sauvignon. Esto no quiere decir que el Malbec no tenga su importancia, siempre va a seguir siendo un pilar y la bandera emblemática de Argentina, por ello presentamos tres Malbec en esta línea. Vamos a seguir hablando de Malbec, pero con el Cabernet Sauvignon vamos a concentrar mucho el foco, la atención y el trabajo de comunicación hacia el consumidor. Nuestro propósito es transformarnos en los referentes de los vinos de Mendoza en el mundo, a través de este Cabernet Sauvignon.
-Es una partido al que también está apostando otras bodegas… ¿Estamos ante una oportunidad que llega de la mano de esta variedad?
-La oportunidad está, hay que saber que el desafío está en lograr comunicarlo y establecer el vino en los lugares correctos. La calidad de nuestros vinos es indiscutible. Hoy un Cabernet Sauvignon como De Sangre compite con vinos de precios superiores de otros orígenes, pero es un vino que habla de Argentina y de nuestro terruño. Hay una oportunidad muy grande.
-A la hora de competir hoy estamos con una ventaja por nuestra coyuntura y la relación calidad –precio…
-Es una habilidad natural que Argentina ha tenido siempre. Pero yo quiero destacar el marco climático que Argentina tiene, ahí ya hay un punto a favor y eso hace que lleguemos al mercado con vinos que compiten muy bien. Puntualmente con el Cabernet Sauvignon entendemos que De Sangre es un poco el comienzo del trabajo. Venimos trabajando para el futuro, para poder seguir escalando en distintos lugares; es el inicio de este camino.
-En el caso del Cabernet Franc hicieron una apuesta por un terruño tradicional como Maipú, dejando de lado otros como el Valle de Uco…
-Realmente Finca El Paraíso tiene varias condiciones muy favorables, como el río Mendoza que pasa por detrás de la viña y los olivos que la rodean. Estas condiciones nos han dado muchas sorpresas agradables y podemos lograr exponentes como este Cabernet Franc que se destaca por su intensidad, sus notas florales bien marcadas y otros descriptores como la pimienta rosa. Es una variedad que se ha destacado mucho en los ultimos años, pero la bodega vienen trabajando en ella desde fines de los 90.
En cinco años, Luigi Bosca apunta a tener todos sus viñedos orgánicos.
-Finca El Paraíso encarna la historia de la familia Arizu. Ahí nació toda la tercera generación de la familia. Estamos poniendo mucho foco en ese lugar porque entendemos que por la calidad de la uva, sumada a su historia, es algo muy importante para ponerlo en valor y comunicarlo.
-Podemos decir que con «De Sangre» estamos ante una verdadera selección de terruños…
-Cada zona tiene su característica y su sentido. Así como Luján de Cuyo es la elegancia, el Valle de Uco tiene la tensión y lo vibrante. Siempre es bueno tener una amplia paleta de colores. La idea es poner Mendoza y su esencia en el vino. Ese es el concepto de De Sangre, donde está inmersa esta idea de Mendoza y sus parcelas que elegimos donde cada una nos da características especificas.
-En el mensaje de la bodega se aprecia que hay un foco puesto en materia de sustentabilidad. ¿Hay una apuesta fuerte en este sentido?
-Claramente y lo mostramos con mucho ahínco. Estamos empezando el segundo año de trabajo en cultivo orgánico en tres de nuestras fincas: Los Nobles, en Las Compuertas (Luján de Cuyo); Miralejos, en Altamira y Los Miradores, en Villa Seca, ambas en el Valle de Uco. El objetivo es en cinco años llegar al 100 % de todas las fincas con un trabajo orgánico.
“Nuestra misión es estar cerca del consumidor de manera clara, transmitir los valores y comunicar Mendoza”.
-Pero este camino continúa el trabajo de Alberto Arizu que siempre realizó en los viñedos, haciendo foco en el cuidado de la planta, el suelo, la atención a los detalles y el uso adecuado del agua. En los últimos 30 años se ha tratado de migrar paulatinamente al riego por goteo para un uso más eficiente.
Cúneo: «Estoy muy contento de estar en este momento y en este lugar».
-Otro aspecto es la gente y los equipos humanos. El hecho de contar con viñedos antiguos de más de 50 o 70 años, tiene que ver no solo con las prácticas culturales sino con quién las hace. Por ejemplo, con una poda mal hecha se le puede cortar la vida a una plata. Esto también habla de sustentabilidad, que no solo tiene que ver con el cuidado del medio ambiente sino con el hecho de hacer las cosas bien desde siempre; y para eso se necesita gente comprometida y que tenga el conocimiento.
-Desde la bodega tratamos de que todas las acciones y decisiones que tomamos tengan en cuenta el aspecto de la sustentabilidad como prioridad. Actualmente hemos reducido el peso de las botellas, siempre tratando de mantener la estética, pero eso hace que el tamaño de las cajas se reduzca también y que podamos ampliar la capacidad en los palets. Son todos temas que se pueden medir y que nos hemos propuesto hacer un seguimiento desde cada área.
-Además que es algo que valoran mucho hoy los mercados…
-Sí, pero la ventaja comercial debería venir por añadidura. Es algo que tenemos que hacer por convencimiento y que es una práctica que mejora la gestión como también a las personas y la cultura del trabajo.
-¿Cuál es tu balance de la cosecha 2021?
-Esta fue mi vendimia número 24, la primera fue en el 97. La verdad es que estamos muy contentos con los resultados. Los vinos blancos tienen muy buena intensidad aromática y muy buena acidez. A pesar de las lluvias, para los tintos apostamos a esperarlos a su punto óptimo de cosecha y fue una jugada ganadora. La calidad es extraordinaria; ha sido una muy buena temporada, con perfiles aromáticos frescos producto del frío.
«El Malbec siempre va a seguir siendo un pilar y la bandera emblemática de Argentina».
-Tenemos vinos con colores intensos, especialmente en los Malbecs y los Cabernets, donde encontramos excelentes resultados y muy buen carácter, con mucha potencia. Estamos muy satisfechos con esta vendimia. En términos de calidad, estamos frente a cuatro cosechas muy buenas: 2018, 2019, 2020 y 2021. Por lo cual, tenemos varios años para disfrutar de grandes vinos.
-El tema de la pandemia no complicó tanto como en el 2020…
-La pandemia estuvo presente, pero con muchas lecciones aprendidas del año anterior, por lo que puedo asegurar que complicó más la lluvia que otra cosa. Ya teníamos la experiencia para para armar los equipos de trabajo y las burbujas, como también para cumplir los protocoles. Ya estábamos más ordenados.
-Después del lanzamiento de De Sangre, ¿ya estás pensando en algo nuevo para el portfolio de Luigi Bosca?
-Siempre venimos trabajando en algo nuevo. De Sangre es fruto de muchos años de experiencia, pero con el foco puesto desde hace cuatro temporadas y esto va a seguir sumando con seguridad nuevas parcelas. Estamos permanente trabajando con variedades y zonas que con el tiempo se van a sumar seguramente a esta línea que podrá ir ampliándose o teniendo ediciones especiales que se podrán repetir, como la del Paraje Altamira.
La línea Luigi Bosca De Sangre está compuesta por siete etiquetas.
-La idea es replicarla los años que tengamos esa expresión tan clara de esa finca. Es un camino que hemos empezado y que da para seguir sumando y creando cosas nuevas.
-Ya sabemos que el Cabernet va a tener un lugar privilegiado, podrá venir un Petit Verdot quizás….
-Está claro que el foco y el corazón lo vamos a poner en el Cabernet Sauvignon para construir esta imagen de “World Class” como representante de Argentina.
«Estamos frente a cuatro cosechas muy buenas: 2018, 2019, 2020 y 2021. Tenemos varios años para disfrutar de grandes vinos».
-Nuestra misión es estar cerca del consumidor de manera clara, transmitir los valores, comunicar Mendoza, nuestro terruño y en ese sentido vemos que la venta online es un canal que vamos a desarrollar. Ese canal nos permite tener distintas opciones para mostrar. Puede haber un Petit Verdot no esta definido.
-Antes de finalizar y conociéndote de hace muchos años, una pregunta personal. ¿Estás en el lugar que siempre soñaste como enólogo?
-Claramente. Tengo mi modo de ser y de ver la vida donde nunca me he proyectado sino que he tratado de hacer y dar lo mejor en el momento y lugar en que estoy. Pero cuando uno se separa un poquito y ve la trayectoria que ha hecho, la experiencia que me ha tocado vivir y con la gente que me ha tocado encontrarme, la verdad que hoy me siento muy bien en Luigi Bosca. Es una marca que es extraordinaria y mejor aún su gente, los equipos humanos de la bodega, la finca, Alberto Arizu y toda la familia. Realmente es un placer. Estoy muy contento de estar en este momento y en este lugar.
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