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  • 7 febrero, 2022

Thibaut Delmotte, de Bodega Colomé: “Tenemos que fortalecer y comunicar nuestra identidad”

Lo afirma el enólogo de la bodega salteña más antigua del país fundada en 1831 y que actualmente pertenece a la familia Hess. Un terroir único marcado por la altura y la impronta de los Valles Calchaquíes, donde apuntan a los vinos de calidad y con mucha personalidad.

“Cada visita a Mendoza nos abre la cabeza, tanto para saber si estamos haciendo las cosas bien, como para ver hacia a dónde hay que avanzar y mejorar”, arranca la charla Thibaut Delmotte en exclusivo con El Descorche Diario, de visita por tierras cuyanas.

La historia del enólogo de Bodega Colomé comenzó por allá en el 2004, cuando la curiosidad por descubrir el nuevo mundo lo trajo a la Argentina desde su Borgoña natal en Francia. Pasaron casi dos décadas desde aquel viaje de mochilero donde se enamoró de Salta, sus paisajes y su gente.

De cara a su vendimia número 18 en los Valles Calchaquíes, Thibaut se convirtió en el hombre de confianza de Donald Hess y su esposa Úrsula, la familia que adquirió la bodega a fines de los 90 y le dio una nueva impronta haciendo foco en los vinos de altura, un concepto nuevo e innovador para la época.

Bodega Colomé se ubica en la localidad de Molinos, Valles Calchaquíes, Salta.

Actualmente Delmotte está casado con una argentina y tiene dos hijos. Además de su responsabilidad como enólogo principal de Hess Family Latin America SA, que incluye a las bodegas Colomé y Amalaya, tiene su propio proyecto personal donde elabora sus vinos de partidas limitadas, bajo la marca de Thibaut Delmotte, con uvas procedentes de Payogasta, a 2.600 metros de altura.

-Siendo el hombre y la cara de los vinos de Colomé, ¿cómo definirías el estilo de los vinos de la bodega, un terroir de altura, muy particular del Norte argentino?

-Hace 16 años que estoy en la bodega, son 17 cosechas y ya vamos para la 18. Colomé evolucionó mucho al igual que el vino argentino. Si hablamos de la bodega de hace más de 10 años, eran vinos muy concentrados, con mucha madurez y ese toque salvaje del Norte. Con el tiempo hemos ido refrescando los vinos que provienen de viñedos que están ubicados a 1.700, 2.300, 2.600 y hasta 3.100 metros de altura.

-Fuimos los primeros en plantar a más de 3.000 metros. A esa altura la luz es mucho más ultravioleta y la piel reacciona, por eso las uvas tienen una piel gruesa y oscura, por lo que son viñedos que siguen dando vinos concentrados. Pero la gran ventaja que tenemos es que la amplitud térmica es muy amplia. Noches muy frías y días cálidos, lo que nos permite alcanzar la frescura en los vinos.

Combinación justa entre concentración y elegancia, la síntesis de los vinos salteños, según Thibaut.

-Con el tiempo adelantamos un poco la cosecha, pero en Salta, si se adelanta mucho, vamos a obtener vinos con taninos duros por esa piel tan gruesa. Por eso, hay que saber buscar el equilibrio y el momento justo, el balance, esa es la clave.

-Para definir los vinos salteños podría decir que tienen la combinación justa entre la concentración –por esto de la ultravioleta- y la elegancia –por las temperaturas-. Con el Malbec nos es más sencillo llegar a la elegancia y a un vino muy equilibrado.

-Los vinos de Salta representa un 3 % del mercado aproximadamente ¿cuál es la percepción o el perfil del consumidor que busca este tipo de vinos?

-En el mercado argentino depende de la zona. Creo que son consumidores que ya históricamente tenían algo con el Norte y que siempre buscan este tipo de vinos un poquito más concentrados. Yo creo que ahora hay una apertura muy grande en el consumidor, incluso a nivel internacional. Antes era Malbec argentino y nada más. Ahora hay una apertura a un consumidor que busca más elegancia en el Valle de Uco, más madurez en la zona de La Compuertas y Perdriel y en Salta, la concentración. Hay todo un mundo de vinos y cada uno tiene su espacio.

Torrontés y Malbec, dos cepas emblemáticas en Colomé.

-En general, todavía hay un perfil de consumidor que busca vinos un poco más concentrados y potentes como los vinos salteños, pero hay una evolución hacia la elegancia.

-Hay una cepa que está muy asociada al Norte, que es el Torrontés. Una variedad que tiene sus particularidades y que pareciera ser que no se termina de acomodar en el mercado. ¿Cuál es la experiencia de ustedes con este varietal tan típico de Salta?

-El Torrontés es la uva insignia de Argentina, es nativa de aquí y en particular del Norte. Siempre pensamos que iba a explotar pero sigue siendo un vino de nicho. Es una variedad muy aromática, de la familia del Moscatel de Alejandría, por ello no entra en la categoría de los vinos blancos más masivos. Es un vino que no va a explotar como los demás.

«Fuimos los primeros en plantar a más de 3.000 metros».

-En Colomé, hacemos un vino 100 % Torrontés que es más delicado, más floral, no de tanta fruta exótica y de buen volumen en boca. Es un vino muy gastronómico que se marida muy bien. Y en Amalaya, estamos haciendo un corte de Torrontés con Rieslieng que es un muy moderno. El Riesling le aporta manzana verde y la mineralidad que lo hace mucho más cercano al mundo de los blancos secos y no tan aromáticos.

Delmotte: «Antes de hablar del vino, están los paisajes salteños».

-Hay que adaptarse, como se hizo con las otras cepas. Si bien ya no es tan aromático, y tiene su espacio pero sigue siendo un vino de nicho. Se trata de vino que hay que salir a vender. La gente por sí sola no va a ir a buscarlo. En Suiza, tiene mucho éxito para nosotros, la gente ya lo conoce y lo busca.

-Como representante de dos bodegas importantes de Salta, ¿hacia dónde está enfocada hoy la industria vitivinícola en el Norte argentino?

-El Norte es muy chico, por lo tanto siendo tan chiquito, la opción número uno es la calidad. No podemos hacer vinos masivos para competir con marcas de mucho volumen. Tenemos que fortalecer y comunicar nuestra identidad. Hace 20 años que en Colomé el argumento número uno fue siempre Valle Calchaquí. Donald Hess, su propietario oriundo de Suiza, siempre tuvo esta visión que es como el Napa de Argentina. Es una zona privilegiada que tiene que crecer, no en cantidad, sino en reconocimiento y ese nuestro eje de comunicación.

-¿Cómo seducirías a los turistas para que vayan a recorrer y descubrir el Norte argentino y sus bodegas?

-Antes de hablar del vino, están los paisajes salteños. Son muy coloridos y hermosos. Montañas de color rojo, ocre. Un poco árido y seco pero inigualable. En cada curva hay un nuevo paisaje y eso es increíble. La gastronomía es muy diversa y muy rica. Es más andina, con sus empanadas y todo lo que está hecho a base de maíz. Y la gente, es muy agradable, abre sus puertas. Lo primero que hizo quedarme en Salta es su gente. Son muy cálidos. Y después, los vinos son algo distinto del resto del país. Y en la bodega Colomé, en medio del campo, encontramos un terroir único. Es la bodega más antigua, desde 1831, y sin dudas alguien encontró este lugar antes que nosotros y vio el potencial.

-En la bodega, tenemos centro de visitas, museo de arte moderno y contemporáneo que es único en el mundo, un museo de luz. Por lo tanto, hay muchas cosas, muchos argumentos para visitarnos y lo mejor es ir ver lo que está pasando ahí.