Con experiencia internacional y una mirada formativa, el ingeniero agrónomo y sommelier impulsa un proyecto que acerca etiquetas de las principales apelaciones del mundo al consumidor argentino. En un contexto de mayor apertura, la iniciativa no solo amplía la oferta, sino que también introduce nuevas referencias para consumidores y profesionales del vino.
La escena es nueva, pero al mismo tiempo tiene algo de déjà vu. En un país profundamente vitivinícola como la Argentina, donde el vino forma parte de la identidad cultural y productiva, la apertura de importaciones vuelve a instalar un debate histórico: qué lugar pueden ocupar las etiquetas extranjeras en un mercado tradicionalmente dominado por la producción local.
Más allá de esas discusiones, algunos protagonistas del sector comienzan a moverse con una lógica pragmática. Es el caso de Alejandro Camus, ingeniero agrónomo y sommelier, con una extensa trayectoria como export manager en importantes bodegas argentinas. Durante más de dos décadas recorrió mercados internacionales comercializando vino argentino, una experiencia que le permitió conocer de primera mano las principales regiones vitivinícolas del mundo y degustar cientos de etiquetas en origen.
Hoy, ese recorrido se traduce en una nueva etapa: la importación de vinos. A través de Speakeasy Wine Club, el emprendimiento que desarrolla junto a su hijo Francisco, enólogo de profesión, Camus propone acercar al consumidor local una selección curada de vinos internacionales, con foco en las grandes apelaciones y en una relación calidad-precio competitiva.
Camus padre e hijo: impulsores de un proyecto que acerca vinos de las principales apelaciones del mundo al consumidor argentino.
“Siempre me pregunté por qué el consumidor argentino no podía acceder a esta diversidad”, resume.
El proyecto se apoya en un cambio de contexto. La flexibilización de ciertas barreras paraarancelarias y restricciones operativas permite hoy algo que hasta hace poco era prácticamente inviable: importar vino de manera más fluida. No es un proceso simple —la carga impositiva sigue siendo elevada—, pero marca un punto de inflexión.
Diversidad, formación y un mercado de nicho
“Este proyecto lo tenía en mente desde hace mucho tiempo, incluso antes de la pandemia”, cuenta Camus. “Siempre creí que en algún momento íbamos a volver a tener acceso a vinos del mundo como ocurrió en los años 90. Hoy no es fácil, pero es viable”.
Una selección enfocada en apelaciones que propone descubrir estilos y orígenes internacionales.
La motivación, explica, nace tanto de la experiencia como de la curiosidad. “Tuve la posibilidad de probar miles de vinos en distintas partes del mundo y siempre pensé: ¿por qué el consumidor argentino no puede acceder a esto? En países como Brasil, Chile o Perú es algo totalmente normal. Entonces la idea fue acercar esa diversidad”.
A diferencia de otros modelos comerciales, la propuesta no se centra en grandes marcas, sino en el concepto de origen. “Trabajamos con las principales apelaciones del mundo: Francia, Italia, España, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Australia y Alemania. No buscamos etiquetas famosas, sino vinos representativos de cada región, con buena relación calidad-precio”.
«Esto va a ser un mercado de nicho: una oportunidad para ampliar la mirada y sumar referencias del mundo».
En ese enfoque aparece también un componente clave: el educativo. “Hemos tenido muchísimo interés de enólogos y sommeliers. Para ellos es una herramienta fundamental. Hoy un profesional joven muchas veces no tiene la posibilidad de viajar, y acceder a estos vinos le permite entrenar el paladar y tener referencias reales”.
En paralelo, Camus relativiza el posible impacto en la industria local. “Entiendo que haya preocupaciones, pero en todos los países productores el vino importado representa un porcentaje mínimo. Esto va a ser un mercado de nicho. No va a cambiar la matriz de consumo en la Argentina”.
Precios, acceso y lógica de mercado
Uno de los puntos más sensibles del proyecto es el precio. En ese sentido, la estrategia es clara: mantener valores alineados al mercado internacional.
“Nuestra política es que el precio en dólares sea muy similar al del exterior. Si un vino vale 10 dólares en Francia, acá puede costar 11, pero no 20. Buscamos ser competitivos y transparentes”, explica.
Más de 120 etiquetas de las principales regiones vitivinícolas del mundo llegan al mercado local.
El portfolio actual supera las 120 etiquetas y ofrece un abanico amplio. “Arrancamos con vinos desde los 10 mil pesos, que son opciones básicas de Francia o Sudáfrica, y llegamos hasta cerca de 200 mil pesos con vinos de alta gama, como algunos Grand Cru de Borgoña”.
Por ahora, el emprendimiento opera principalmente en Mendoza, con ventas a través de Instagram (@SpeakEasyWineClub) y entregas a domicilio. Sin embargo, el próximo paso será la expansión. “En breve vamos a lanzar el sitio web con distribución nacional”, anticipa.
Una nueva referencia en la copa
La llegada de vinos importados al mercado argentino no implica, al menos en esta etapa, un cambio estructural, pero sí introduce una nueva variable. Una referencia que permite comparar estilos, tendencias y ampliar el horizonte tanto de consumidores como de profesionales.
En ese contexto, más que competir, la propuesta parece orientarse a complementar. A sumar diversidad en un mercado que, por tradición y escala, seguirá teniendo al vino argentino como protagonista, pero que empieza a abrirse —de a poco— a mirar el mundo en la copa.





