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Lucas Gilbert analiza el impacto de la tecnología en la estructura de costos del agro.
  • Entrevistas
  • 28 febrero, 2026

Lucas Gilbert: “La única forma de bajar costos es adoptando tecnología”

El gerente de AgroCosecha analizó en Conexión Agro de Radio Nihuil las tendencias globales que marcarán 2026 y advirtió que el agro mendocino enfrenta un cambio de paradigma productivo donde la eficiencia, los datos y la sustentabilidad serán determinantes.

El agro mundial entra en 2026 atravesado por una combinación tan exigente como irreversible: presión climática, mercados internacionales más rigurosos, costos productivos elevados y una aceleración tecnológica que no da margen para la improvisación.

En Mendoza y la región de Cuyo, donde el agua es un recurso estratégico y la estructura de costos condiciona la rentabilidad, la transformación ya no es teórica. Es concreta. Y urgente.

“Ya no estamos en un contexto donde los altos costos se licuan. Hoy todos miran los números finos. Y la única forma de seguir produciendo y ser competitivos es bajar costos adoptando tecnología”, afirma Lucas Gilbert.

Su diagnóstico no apunta solo a la vitivinicultura. Abarca todo el ecosistema agrícola regional.

¿Estamos ante un cambio estructural o es una tendencia pasajera?

—Es estructural. Hace tres años comenzó a notarse, pero el año pasado la curva fue exponencial. Este año va a ser el despegue definitivo. La adopción tecnológica ya no es opcional, es fundamental para sostener el modelo productivo en el tiempo.

«La automatización y el uso de datos comienzan a redefinir el modelo productivo del campo argentino».

Según explica, la automatización avanza en todos los eslabones: desde pre poda mecanizada hasta cosechas prácticamente autónomas. Europa, Estados Unidos y China ya operan con sistemas cada vez más robotizados, y Mendoza empieza a adaptarlos.

Agricultura de precisión: producir más con menos

En una provincia con estrés hídrico estructural, la eficiencia es una cuestión de supervivencia.

¿La tecnología permite optimizar recursos de manera tangible?

—Totalmente. Con sensores, estaciones meteorológicas y plataformas de análisis de datos podemos determinar cuánta agua necesita exactamente cada planta y en qué momento. Eso puede generar un ahorro hídrico del 20% al 30%, manteniendo el mismo rendimiento.

“El productor que no incorpore tecnología va a quedar fuera del sistema en pocos años”.

La agricultura de precisión redefine el concepto tradicional de manejo agronómico. Ya no se trata de aplicar insumos de forma uniforme, sino de intervenir según microvariables.

Hoy el que tiene más datos gana. Pero no alcanza con tenerlos: hay que saber interpretarlos y usarlos.

Inteligencia artificial: del diagnóstico a la predicción

La inteligencia artificial ya opera en el campo de manera concreta. Modelos capaces de identificar enfermedades en hojas a partir de una simple imagen, sistemas predictivos que anticipan madurez de fruta o necesidad hídrica, y herramientas que optimizan ventanas de cosecha.

El desafío del agro mendocino: producir más con menos recursos y mayor sustentabilidad.

¿Es ciencia ficción o realidad productiva?

—Es realidad. Ya está pasando. Hay modelos que funcionan con altísima precisión. Y lo que hoy parece novedoso, en dos años será estándar.

Para Gilbert, el dato se convirtió en un insumo tan relevante como el fertilizante o el agua.

Drones terrestres: la innovación que ya pisa suelo mendocino

Entre las novedades más disruptivas aparece el llamado “dron terrestre”, una herramienta autónoma que trabaja por superficie y mejora la eficiencia de aplicación en viñedos en espaldero. “En algunos casos, el dron aéreo no logra impactar de manera eficiente sobre el racimo. El dron terrestre combate desde abajo, con mayor precisión”, explica.

“Hoy la diferencia no la hace el tamaño de la finca, sino la información que tenés sobre ella”.

El equipo se programa, delimita el perímetro y opera sin intervención directa. La inversión oscila entre 20.000 y 45.000 dólares, según capacidad y autonomía.

¿Es viable para un productor promedio?

—Depende de la escala y del acceso al crédito. Pero si uno proyecta costos de combustible, tractor, pulverizadora y mantenimiento a cuatro o cinco años, termina siendo competitivo.

Aquí aparece uno de los puntos críticos: financiamiento. “Conciencia hay. Los productores saben que ese es el camino. Pero también necesitamos líneas de crédito que acompañen”, advierte.

Reconversión productiva: el auge del pistacho

Más allá de la vitivinicultura, Gilbert identifica un fenómeno creciente: la reconversión hacia cultivos con mayor proyección internacional.

¿Cuál es hoy la inversión más atractiva?

—El pistacho. El mercado internacional es muy fuerte y en el norte de Mendoza, zona Este y Valle de Uco ya hay desarrollo avanzado. Es una inversión a largo plazo, porque entra en producción plena cerca de los diez años, pero es muy prometedora. La tendencia no es exclusiva de Argentina. En distintos países, gobiernos incentivan la migración desde cultivos tradicionales hacia frutos secos.

La eficiencia hídrica y la agricultura de precisión aparecen como ejes centrales para 2026.

-Las fábricas europeas, anticipando el cambio, ya desarrollan tecnología específica para recolección, vibración y manejo automatizado de pistacho. Como alternativa de menor inversión inicial, Gilbert menciona la alfalfa, con demanda sostenida y mercado regional consolidado.

Tecnología y empleo: una nueva ruralidad

El avance tecnológico también redefine el perfil laboral.

¿La automatización desplaza mano de obra?

—En algunos casos requiere capacitación específica. Pero también abre un nicho para jóvenes con formación tecnológica aplicada al agro. No es que desaparece el trabajo, se transforma. El operario tradicional evoluciona hacia un perfil más técnico, con capacidad de gestionar datos, software y sistemas automatizados.

El nuevo piso de competitividad

Las cinco grandes tendencias hacia 2026 —automatización, inteligencia artificial, agricultura de precisión, sustentabilidad y plataformas digitales integradas— ya no representan un diferencial competitivo. Representan el piso mínimo para permanecer en el mercado.

“La globalización nos puso en un escenario donde competimos con países que ya incorporaron estas tecnologías. Si no las adoptamos, quedamos fuera”, advierte Gilbert.

En una provincia donde el agua escasea y los costos presionan, la ecuación es clara. El futuro del agro mendocino no se juega solo en la tierra. Se juega en los datos. En la eficiencia y en la capacidad de anticiparse.

Y, como resume el propio Gilbert: “La única forma de bajar costos es adoptando tecnología”.