Frescos y jóvenes o de guarda con crianza en madera, tranquilos o espumosos, 100 % varietal o blend. Lo cierto es que la uva Chardonnay es la reina indiscutida de las blancas, porque es la más extendida en el mundo por su versatilidad. Otorga vinos profundos y delicados, con sabor persistente e inconfundibles tonos amarillos con reflejos pálidos verdes.
Originaria de la región de Borgoña, en Francia, es la tercera uva blanca plantada en Argentina y por estos días está de festejo. Desde hace varios años, cada último jueves de mayo, se celebra el Día Mundial del Chardonnay, una oportunidad para conocer todo acerca de la variedad blanca más extendida en el mundo, por su capacidad de adaptación a distintos suelos y climas.
La variedad Chardonnay es considerada como la reina de las uvas blancas, es la principal cepa blanca francesa, que se cultiva fundamentalmente en las zonas de Borgoña, Chablis y Champagne.
Es allí, en la región de Borgoña, donde nació esta uva al final de la Edad Media, como resultado de una polinización cruzada entre el Pinot Noir y las Gouais Blanc, una variedad actualmente casi olvidada. Lleva el nombre de un pequeño pueblo desconocido de apenas 200 habitantes: Chardonnay.
En Argentina se encuentra presente en 16 de las 18 provincias vitivinícolas, no obstante el 94% del total se cultiva en Mendoza y San Juan.

Mendoza tiene la mayor cantidad de Chardonnay con más de 4.800 hectáreas.
Actualmente, hay un total de 5.854 hectaráreas cultivadas de Chardonnay, lo cual representa casi el 3% del total de vid del país y el 16 % del total de variedades blancas aptas para elaboración. Es la novena variedad en superficie cultivada en Argentina y la tercera en blancas, preceedida por Pedro Giménez y Torrontés Riojano.
La provincia de Mendoza tiene la mayor cantidad de Chardonnay, alcanzando en 2020, las 4.825 ha (82,4%), seguida por San Juan, Neuquén, La Rioja, Río Negro y Salta. La mayor superficie se encuentra en la Primera Zona vitivinícola y en el Valle de Uco, específicamente en los departamentos de Tupungato, Luján de Cuyo, Tunuyán y Maipú.
Es una variedad que produce vinos blancos profundos y delicados de notable persistencia. La seña particular es su color amarillo pálido con reflejos verdes. Su aroma recuerda a frutos frescos como la manzana o a flores.
Pablo Sánchez, enólogo de Bodega Los Haroldos y Familia Falasco Wines, especialista en vinos blancos, explica: “En Argentina, la variedad Chardonnay se cultiva desde el Norte hasta Chubut, se le llama ‘la reina de las uvas blancas’ porque es una cepa muy versátil que se adapta a muchos tipos de climas y suelos. Nos permite elaborar vinos blancos jóvenes, frutados y frescos, de graduaciones alcohólicas moderadas hasta vinos con paso por madera, ya sea en barricas de roble francés o americano, que producen grandes Chardonnay para guarda.

Pablo Sánchez, enólogo Familia Falasco Wines y experto en vinos blancos.
“El Chardonnay es una variedad maravillosa que hay que saber descubrir y revalorizar, ya que nos puede dar vinos muy elegantes y que también se adapta mucho a todo tipo de gastronomía.
“No hay que olvidarse que también se usa como variedad madre para la elaboración de vinos bases de espumantes tanto en la Champagne francesa como en Argentina. Tiene un ciclo corto en cuanto a lo vitícola, es decir que brota temprano y la uva está lista precozmente para ser cosechada, lo que nos permite adaptarla para los vinos bases de espumantes”, concluye Sánchez.
Notas de cata
A la vista, se expresa en toda la gama de los amarillos, desde los más pálidos, hasta los dorados, pasando por todo un abanico de tonos pajizos. En ocasiones, muestran también ciertos reflejos verdosos. Los monovarietales de esta uva destacan por su claridad y su brillo.
En la nariz, muestran habitualmente un cierto carácter cítrico y levemente frutal. Nos recuerda también al frescor de los duraznos, de los damascos, de las cerezas, las ciruelas y otras frutas de hueso. También podemos apreciar con frecuencia en muchos vinos Chardonnay matices de aroma a manzana.

Es una variedad que produce vinos blancos profundos y delicados de notable persistencia.
Entre los aromas secundarios de estos vinos, destacan aquellos derivados de los procesos de crianza sobre lías y de la fermentación maloláctica tan común en estos vinos: aromas de lácteos, de yogur y manteca, de pan recién hecho y notas tostadas.
En boca, frutas frescas, tropicales y de hueso, como la manzana, el melón, la piña, el mango, los duraznos o los damascos. Cuando se producen vinos de crianza a partir de la Chardonnay, estos se benefician del paso por barrica, lo que favorece la concentración de los sabores y les aporta un punto extra de cuerpo. En general, son vinos dulzones, de acidez moderada y cierto punto de untuosidad, con un grado alcohólico moderado.
Por su parte, el experto sommelier, Rodrigo Kohn, nos dice: “Es la variedad de uva blanca más plantada del mundo y es la reina indiscutible de la Borgoña. Algunos de los vinos más caros del planeta están elaborados con esta cepa.

Rodrigo Kohn, sommelier de VinoBien, Mendoza.
«Es muy versátil, vamos a encontrar muchos estilos de Chardonnay. Algunos muy frescos, fácil de beber con una acidez marcada. Así son en la región de Nueva Zelanda y el Cono Sur, tanto en la zona costera de Argentina, de Chapadmalal a la Patagonia y en el Sur de Chile. Después, nos vamos a un estilo más californiano con esas notas más mantecosas, oleosas, maderoso. En los últimos tiempos en Mendoza se están haciendo grandes Chardonnay”.
Cómo servirlo
“Para los vinos más frescos y aromáticos recomiendo una temperatura de servicio que ronde los 9° o 10° y para los Chardonnay más oleosos, con paso por madera y fuerte presencia maloláctica (una especie de segunda fermentación que reduce la sensación de acidez del vino y lo hace más suave y cremoso) dejarlo unos grados más arriba (12° aproximadamente) para favorecer los aromas y la parte gustativa del vino, es decir, no tan frío”, aconseja el especialista.
Vino y comida: la unión perfecta de sabores y aromas
“Con respecto al maridaje, siempre sugiero que hay que jugar con la diversidad. En los blancos más frescos, es ideal acompañarlos con productos de cocina con tendencia asiática y con vestigios de mar; como ostras, machas, mejillones, siempre productos frescos y con presencia del limón, cítricos y manzanas verdes.

Rodrigo Kohn: «Es una variedad muy versátil y vamos a encontrar muchos estilos de Chardonnay».
“Y en cuanto a los Chardonnay con más opulencia y evolución acompaña muy bien a comidas como mollejas crocantes, carpacho y carnes, como lomo con especias y un fondo de crema de papa y manteca. También, algunas pastas rellenas con calabaza ahumada y queso. O bien con algunos ingredientes más sofisticados como queso de cabra, pistachos y almendras”, sugiere Kohn.
Entonces, el Día Mundial del Chardonnay puede ser una gran oportunidad para descorchar y descubrir el universo de sabores, aromas y colores que nos brinda esta uva. Una cita con la reina de las blancas para vivir un momento de disfrute.

