El fundador de Crowdfarming Wine explica una propuesta integral que acompaña a emprendedores, empresas y particulares en todo el proceso de creación de una marca propia: desde la selección del viñedo y la elaboración hasta el diseño de identidad, la comercialización y la exportación. Con más de 120 proyectos desarrollados y más de 600 etiquetas creadas, analiza los cambios en el consumidor y asegura que Argentina tiene una gran oportunidad en el futuro de la vitivinicultura.
Crear una marca propia de vinos dejó de ser una posibilidad reservada exclusivamente para grandes bodegas, familias históricas de la industria o quienes contaban con una trayectoria previa en el sector.
Hoy, nuevos modelos de negocio permiten que emprendedores, empresas y particulares puedan desarrollar su propio vino con acompañamiento profesional en cada etapa del proceso.
Ese es el concepto que impulsa Crowdfarming Wine, un proyecto liderado por el ingeniero agrónomo mendocino Francisco Evangelista, que propone un servicio integral para crear vinos personalizados: desde la elección del viñedo y la variedad de uva hasta la elaboración, el diseño de la identidad visual, la construcción de la marca, la comercialización y la exportación.
El modelo funciona bajo una lógica de “llave en mano” aplicada al mundo del vino. Cada proyecto puede definir el estilo que busca, acceder a uvas provenientes de distintos viñedos del país, elegir entre más de 25 varietales y trabajar junto al equipo técnico para desarrollar un vino con identidad propia.
El modelo de Crowdfarming Wine acompaña a los emprendedores en todo el proceso: desde la elección de la uva hasta la comercialización del vino.
Además, Crowdfarming Wine acompaña las etapas posteriores a la elaboración, brindando soporte comercial, logístico, legal y de comercio exterior.
Para Evangelista, esta propuesta responde a una transformación más profunda de la industria: un consumidor que ya no busca solamente calidad, sino también historias, identidad y productos con un significado detrás.
“Ya hay muchísimos vinos buenos y Argentina está reconocida en todo el mundo por la calidad que produce. Ahora creo que el consumidor nuevo está pidiendo también vinos que tengan algo más que contar”, sostiene.
Desde esa mirada, el fundador de Crowdfarming Wine asegura que Argentina atraviesa una etapa de grandes oportunidades.
“Si la historia de la vitivinicultura es un libro, creo que hay un capítulo que se está cerrando y otro que se está abriendo. Creo que Argentina puede ser el gran protagonista del nuevo capítulo”, afirma en una charla exclusiva para el programa Conexión Agro, de Radio Nihuil, en Mendoza.
Evangelista destaca que Argentina tiene una gran oportunidad para liderar una nueva etapa del vino mundial a partir de su diversidad de terroirs y perfiles.
“No es solamente pedir que te hagan un vino, sino ser parte del proceso”
—Francisco, muchas veces uno piensa en crear una marca propia de vinos como algo muy complejo. ¿Se puede pensar este modelo como un “llave en mano” del vino?
—Exactamente, es tal cual como cuando uno va a comprar un departamento o construir una casa y dice: “quiero llave en mano”. Con el vino pasa algo parecido.
Pero además hay un factor importante: vos podés decidir cómo querés que sea tu vino y hasta meterte en las decisiones técnicas. No es solamente pedir que te hagan tu vino, sino tomar decisiones sobre el mismo y ser parte desde el lado del productor y del elaborador.
Tenemos todo el equipo para guiarte desde lo técnico y operativo, pero no es solamente recibir una botella terminada, sino participar del proceso.
—¿Eso implica elegir desde la uva hasta el estilo final del vino?
—Exactamente. Podés elegir qué varietal, qué región, qué tipo de viñedo y qué estilo querés desarrollar. Nosotros elaboramos tintos, rosados, blancos, espumantes, naranjos, vinos orgánicos y ahora también vermouth.
Dentro de cada categoría hay diferentes estilos: en tintos, por ejemplo, gran reserva, reserva, vinos jóvenes o entrada de gama. Es como meterse de lleno en aprender cómo se elabora un vino y elegir todas las variables.
El ingeniero agrónomo explica cómo un proyecto vitivinícola puede comenzar con la selección de una parcela.
—¿Cuántos proyectos están llevando adelante actualmente?
—Hoy estamos llegando a 120 proyectos a los que les hemos dado soporte para crear su vino e introducirlo al mercado. Entre esos proyectos ya hemos creado más de 600 etiquetas. Cada proyecto puede desarrollar un Malbec, un Cabernet Franc, un Carignan o un blend con diferentes varietales y regiones.
No hay límite para la selección de vinos dentro del mismo proyecto. Eso nos llevó a trabajar con más de 30 varietales y acceder a uvas de distintas regiones: Mendoza, Salta, Patagonia y también comenzar a cruzar fronteras. La idea es que cada proyecto tenga autenticidad y que no se repita un vino con otro.
“El desafío está en generar identidad propia”
—Debe ser un desafío enorme trabajar con tantos proyectos diferentes.
—Es un desafío enorme. Uno va aprendiendo con cada cliente. Con el primer proyecto fuimos ajustando detalles, después con el segundo y el tercero, y así el equipo se fue formando.
Lo importante es no repetir protocolos, sino considerar cada cliente como un proyecto único y darle una identidad propia. Después nosotros tenemos que ayudar a vender ese vino, salir al mercado y generar una característica única que permita diferenciarlo del resto.
Desde una barrica hasta grandes producciones, Crowdfarming Wine desarrolla proyectos a medida para diferentes perfiles de consumidores y mercados.
—¿Cuál fue uno de los pedidos más particulares que recibieron?
—Hay muchas historias. Tengo proyectos que me dicen: “Cada vez que tengan la oportunidad de acceder a uvas de viñedos que están por desaparecer o viñedos extremos, quiero elaborar”.
Tenemos proyectos con muchas etiquetas diferentes, de regiones poco conocidas y pequeñas cantidades, incluso para escuelas de degustación y sommeliers que utilizan esos vinos para enseñar. También hay pedidos de cortes de diferentes regiones y cantidades mínimas como una barrica.
“Cada proyecto tiene que tener su identidad propia y no repetirse con otro”.
Los volúmenes son muy disímiles: podemos tener desde una persona que pide 282 botellas de un corte muy específico, hasta un supermercado en San Pablo que pide contenedores completos.
—En esta diversidad de proyectos, ¿hay alguna tendencia común entre quienes llegan buscando hacer su propio vino?
—La gente me está pidiendo algo que sea realmente memorable, algo que los diferencie. No necesariamente me están diciendo “quiero que no tenga madera” o “quiero que sea fresco”. Eso es lo que se habla mucho en el mercado, pero la búsqueda real es tener un vino especial, algo que puedan contar.
Daniel Melingo y la nobleza de la madera
—En este debate actual sobre vinos frescos y con menor intervención, ¿qué lugar ocupa la madera?
—Nosotros usamos mucho la madera, siempre respetando la identidad del vino. Nos pasa que en degustaciones a ciegas ponemos vinos que no tienen madera, vinos más frescos, y después vinos con un poco más de concentración y paso por madera. Muchas veces terminan eligiendo el vino con madera.
Aunque el mercado diga lo contrario, la madera aporta suavidad y placer al vino cuando está bien integrada, sin tapar la identidad del varietal ni de la región.
“El consumidor nuevo está pidiendo vinos que tengan algo más que contar”, sostiene Evangelista al analizar el futuro de la industria vitivinícola.
Tuve un cliente, lamentablemente fallecido hace poco, que fue el artista Daniel Melingo, con quien tuve una relación muy intensa y nos hicimos muy amigos. Él me hablaba de la nobleza que genera la madera y de cómo esa interacción también aparece en la música, en determinados instrumentos.
Por eso quería que su Malbec tuviera un paso noble por madera, buscando algo especial. Creo que al final el paladar manda. La madera, bien utilizada, le da un plus al vino y por eso el roble existe desde siempre y va a seguir existiendo.
El vino como una forma de expresión artística
—Han trabajado con artistas que encontraron en el vino una nueva forma de comunicar.
—La posibilidad de acompañar a una persona para que pueda crear su vino y expresar su mensaje hizo que muchos artistas y personajes de distintos ámbitos se acercaran.
Estamos trabajando con Pedro Aznar, Juanchi Baleirón, Maxi Trusso y diferentes artistas que están expresando su arte a través del vino y nosotros les damos todo el soporte.
Junto a Pedro Aznar, uno de los artistas que confían en Francisco Evangelista para el desarrollo de su proyecto.
También es algo muy desafiante y divertido para nosotros, porque venimos desde la parte más técnica, desde la elaboración, y nos encontramos con personas que tienen otra mirada creativa y otra forma de contar historias.
Crear un vino propio: una inversión posible
—Para alguien que tiene el sueño de hacer su propio vino, ¿cuál es la inversión inicial?
—Depende del proyecto, pero en los tintos estamos hablando de unos 9.000 dólares fraccionados en dos etapas. Al principio se entrega un anticipo del 60%, nosotros creamos todo el proyecto y cuando el vino sale al mercado se completa el 40% restante.
Es decir que con unos 4.500 o 5.000 dólares una persona puede comenzar a crear su propio vino e introducirlo al mercado.
“Las marcas personalizadas van a crecer”
—¿Cómo ves el futuro de estos emprendimientos dentro de la industria?
—Creo que hay una tendencia muy grande del consumidor a buscar algo nuevo, vinos con algún sentido particular.
La calidad ya está. Argentina produce vinos de altísima calidad y eso está reconocido en todo el mundo. Ahora el consumidor busca otra cosa. Creo que las marcas privadas, las marcas customizadas y los vinos de autor son una alternativa súper interesante.
“Argentina puede ser protagonista del nuevo capítulo del vino mundial”
—¿Qué mirada tenés sobre el futuro de la vitivinicultura argentina?
—Creo que Argentina está muy bien parada hacia el futuro. Durante mucho tiempo la historia del vino mundial fue escrita por España, Francia e Italia. Después el Nuevo Mundo cambió un poco ese paradigma y empezamos a hablar de varietales.
Creo que ahora se abre un nuevo capítulo y Argentina puede ser protagonista. Tenemos creatividad, gente técnica extraordinaria, una tierra con una diversidad impresionante de regiones, alturas y suelos, y una Cordillera de los Andes que le da carácter y alma a nuestros vinos. Tenemos todo.
Un vino homenaje a Maradona y la posibilidad de una nueva historia
Durante la entrevista, Evangelista también contó la historia de 1609, un vino creado en homenaje al segundo gol de Diego Maradona ante Inglaterra en el Mundial de México 1986.
“Es un vino que recuerda la hora exacta en la que Diego hizo ese gol que quedó para siempre. Tiene estadísticas y detalles de ese momento histórico. Es un Malbec simple, con un leve paso por madera y muy rico”, explicó.
El vino 1609, creado en homenaje al segundo gol de Diego Maradona ante Inglaterra.
Consultado sobre si este Mundial podría dejar también alguna nueva historia para transformar en vino, Evangelista dejó abierta la posibilidad: “Estamos atentos a ver qué pasa”. Tras el partido entre Argentina y Egipto disputado recientemente en Estados Unidos, surgió la idea de “El minuto 78” como una posible referencia para un futuro vino homenaje, asociado a un momento especial que pueda transformarse en parte de la memoria futbolística argentina.
Como ocurrió con el gol del siglo, la idea detrás de estos vinos es transformar un momento histórico en una experiencia que combine memoria, identidad y emoción.
Crowdfarming Wine se presenta así como una alternativa para quienes buscan ingresar al mundo del vino con un proyecto propio, acompañado en cada etapa del camino: desde la idea inicial hasta la botella lista para llegar al consumidor.








