info@eldescorchediario.com
Fuerte de Qaitbay. Alli se erigía el Faro de Alejandría, una de las Siete Maravillas de la Antigüedad.
  • Crónicas Viajeras
  • 2 septiembre, 2020

Alejandría, la ciudad culta de Egipto

Un recorrido por la emblemática ciudad, cuna de la cultura del mundo antiguo y peregrinación de eruditos a su biblioteca. Historia y un paisaje deslumbrante una fórmula infalible para la fascinación.

Tras recorrer El Cairo durante unos días, tomé un tren en la estación Ramsés rumbo al norte. El destino: Alejandría, la segunda ciudad más grande de Egipto. Luego de dos horas de viaje por el fértil delta del Nilo (la única zona del país donde no se ve desierto todo a tu alrededor) llegué a su desembocadura en el mar Mediterráneo. En el año 331 A.C. Alejandro Magno fundó aquí la pujante urbe que lleva su nombre.

Cuando decayó el dominio de los faraones Alejandría surgió como nuevo centro de poder. Su puerto es el más importante del país. Fue el nexo comercial entre Oriente y Occidente y cuna de la cultura del mundo antiguo. Eruditos de todo el orbe peregrinaban hasta su Biblioteca, la más completa de la época, que fue destruida por un incendio en la guerra que libró Julio César contra los egipcios.

Como amante de las letras, fue el primer lugar que visité. En 2002 se inauguró la Nueva Biblioteca Alejandrina en el mismo lugar donde estaba la original 1900 años antes. La silueta del edificio semeja el sol saliendo del mar que está justo enfrente. Los egipcios adoraban al astro solar y lo llamaban Ra. Está preparada para albergar ocho millones de libros.

El edificio de la Biblioteca Alejandrina semeja el disco solar.

Me sentía como niño con chiche nuevo rodeado de tantos volúmenes. Su sala de lectura es la más grande del mundo con 20 mil metros cuadrados. El escrito más antiguo que atesora tiene mil años ya que los 700 mil papiros que guardaba se quemaron en el incendio. Cuenta además con un museo de ciencias, planetario, colegio y sala de conciertos.

La Sala de lectura es la más grande del mundo.

Dejé la biblioteca y crucé la calle hasta la playa desde donde se aprecia todo el edificio circular de distintos niveles rematado por una piscina gigante en su base. Negocié un paseo en calesa con su dueño para ir hasta el fuerte de Qaitbay justo en el extremo opuesto de la bahía, que tiene forma de medialuna. Recorre toda la Corniche (costanera) bordeando el mar.

Investigando en la computadora el listado de libros.

Todo iba bien hasta que debí soportar un desvío en el camino que se le ocurrió hacer al cochero para llevarme a una tienda de antigüedades internándose varias cuadras por unas callejuelas. Le dije que no me interesaba pero no le importó. Llegamos a la tienda donde salió su dueño a atenderme pero no me moví del asiento.

Tomando las riendas de la calesa que me llevó de paseo por la Corniche.

Le comenté que me habían llevado sin mi consentimiento y entendió el mensaje. El cochero lamentó la comisión no cobrada y golpeó las riendas del caballo para por fin dirigirse a destino. Me hizo perder unos cuarenta minutos pero en países árabes eso no es nada. Están acostumbrados a que las cosas lleven su tiempo.

Llegué hasta el fuerte construido en 1479 por el Sultán Qaitbay. En ese lugar se erigía una de las Siete Maravillas de la Antigüedad: el Faro de Alejandría. Lo construyó  Sostratus a pedido de Ptolomeo II. Medía 125 metros de alto y contaba con 300 habitaciones. Un sistema de espejos guiaba a los navegantes hasta sus costas.

El Fuerte de Qaitbay junto a las cristalinas aguas mediterráneas.

Fue destruido por los terremotos de los siglos XI y XIV. El Sultán aprovechó sus piedras y algunas paredes del fuerte están hechas con restos del legendario Faro. La vista panorámica del azul Mediterráneo y la ciudad desde allí es bellísima.

Un descanso en el camino para beber algo fresco en un café frente al Mediterráneo.

Regresé a pie por la bahía hasta el centro y me senté en un bar costero a descansar tomando una Pepsi árabe mirando las aguas y la fachada con balcones del Hotel Cecil. El mismo sirvió como cuartel del general británico Bernard Montgomery durante la Segunda Guerra Mundial mientras preparaba la batalla de El-Alamein a 100 kilómetros de distancia.

El Hotel Cecil y la Corniche vistos desde arriba de la calesa.

Fue en 1942 y en ella venció al Zorro del Desierto, el general alemán Erwin Rommel. En la zona céntrica hay muchas librerías y puestos callejeros de canje y venta de libros lo que denota que sigue siendo una ciudad culta como antaño.

Además de Alejandro Magno, nacieron aquí personajes ilustres del siglo XX como el actor Omar Sharif, el cantante Demis Roussos, el número dos de la jerarquía nazi, Rudolf Hess, el ex presidente Gamal Nasser y el empresario Mohamed Al-Fayed, ex cuñado de la Princesa Diana. También se puede visitar el Anfiteatro Romano cerca de la estación de trenes, el Museo Nacional y la Columna de Pompeyo en las ruinas de lo que fue el templo de Serafeo.

El Anfiteatro Romano es otra de las visitas interesantes de Alejandría.


INFO PARA VIAJEROS


Tren de El Cairo a Alejandría: 3,5 dólares.

Biblioteca Alejandrina: 5 dólares (domingo a jueves, de 11 a 19. Sábados, de 12 a 16).

Calesa: 3 dólares.

Fuerte Qaitbay: 4 dólares.

Coca-Cola: 30 centavos de dólar.

Anfiteatro Romano: 1 dólar.

Serafeo y Columna de Pompeyo: 4 dólares.

La biblioteca también posee un planetario, sala de conciertos y museo de ciencias.

*Por Federico Chaine. Periodista especializado en viajes y turismo. Especial para El Descorche Diario. Contacto: fedechaine@hotmail.com