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La Gran Muralla China. Maravilla de la Humanidad.
  • Crónicas Viajeras
  • 6 noviembre, 2019

Beijing: la histórica Capital de China

Un viaje inolvidable al milenario país de la Muralla China, la tierra de los emperadores y de Mao Tse-Tung. Un recorrido por la Ciudad Prohibida y el Parque Olímpico de los Juegos 2008. Un destino donde todo vale la pena después de más de 30 horas de avión.

A comienzos de 1982, durante un cumpleaños infantil, destaparon una botella de Coca-Cola. Tomé la chapita y vi dibujada en su interior una muralla con atalayas. La firma de gaseosa había elegido a Diego Maradona como anfitrión de un álbum (previo al Mundial de España) que mostraba lugares emblemáticos del planeta como el Partenón de Atenas, la Isla de Pascua o el Monte Fuji. Yo tenía en la mano la tapita número 37, la Gran Muralla China. En mi mente de niño pensé: algún día voy a caminar por ese muro.

Años después viajé al país más poblado de la Tierra en busca de la Muralla, declarada como una de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo. Volé por Lufthansa en el Airbus 380-800, el avión de pasajeros más grande que existe con 550 asientos. Fue un extenso peregrinaje de 31 horas y casi veinte mil kilómetros entre Buenos Aires, Frankfurt y Pekín.

Mi hostel estaba ubicado en un hutong (callejón). Son laberínticas construcciones donde aún vive el 40 por ciento de la población de Beijing (su nombre en idioma mandarín que significa Capital del Norte). Muchas casas de los hutong no tienen sanitario y deben compartir toilettes públicos. Se mezclan tiendas, animales sueltos, puestos de comida de todo tipo (con escorpiones incluidos en la carta), alquiler de bicicletas y casas de té.

La bici es el medio ideal para conocer el centro histórico.

Plano en mano me fui orientando y busqué mi primer destino: la Plaza de Tiananmen que es el corazón geográfico de Pekín. Eran 15 minutos de caminata pero se alargó cuando empecé a perderme. Al pedir ayuda me topé con una gran dificultad: la barrera idiomática. Muy pocos chinos hablan o entienden el inglés. Mediante señas se lograba interpretar algo.

La plaza está custodiada por guardias y se accede pasando por detectores de metal. La mochila se inspecciona con rayos X. El gigantesco mausoleo del fundador de la República Popular China, Mao Tse-Tung, se yergue en el centro y se visita gratuitamente. Se puede apreciar el cadáver momificado del Gran Timonel fallecido en 1976.

Plaza de Tiananmen.

Cuando apoyé la cabeza en la almohada el cerebro dijo basta y me desconecté hasta el otro día donde ya me levanté repuesto del desfase horario. Caminé hasta la Ciudad Prohibida donde residía el Emperador y su familia. Al pueblo le estaba vedado el acceso a esta fortaleza amurallada de las dinastías Ming y Qing.

La construcción más importante es la Sala de la Armonía Suprema donde se celebraban los cumpleaños y las coronaciones de los Emperadores. Me senté un rato para descansar y atraje a varios locales que deseaban hacerse fotos conmigo. Los occidentales somos novedosos para ellos. Los chinos invaden cada gran atracción del país pero pese a ello lograba algunos momentos de paz en medio de la marabunta.

La Ciudad Prohibida. Residencia oficial de los Emperadores.

Mi sueño hecho realidad

La jornada siguiente madrugué para ir a la principal atracción del viaje: la Gran Muralla. Elegí el sector de Mutianyu, a 90 kilómetros. Es menos transitado que el de Badaling y a la vez más difícil de trepar. Es famoso por sus atalayas y está muy bien conservado. Tome un bus y dos horas después asomó a lo lejos el primer tramo de la milenaria obra.

Desde la base se puede ascender en una telesilla que te deja en la cima junto a la muralla pero me hice el valiente y trepé a pie. A mitad de la interminable y empinada escalera de piedra me arrepentí pero no había vuelta atrás. Cuando por fin llegué, sudado pero feliz, la primera visión me sorprendió: la gris construcción zigzagueaba como la cola de un dragón sobre las montañas hasta perderse en el horizonte.

Este sector lo mandó a construir el Emperador Zhu Yuanzhang de la primera dinastía Ming. El muro comenzó a erigirse en el Siglo VIII AC. Distintos emperadores lo fueron ampliando y cuando alcanzó 6 mil kilómetros de longitud se la bautizó como La Gran Muralla de los 10 000 Li. La extensión total llegó a los 7300 kilómetros. Su función era repeler los ataques de Mongolia y Manchuria. Las atalayas tenían guardias permanentes y cuando avistaban al enemigo encendían fuego y hacía señales de humo para comunicar el ataque inminente.

El muro serpentea por las montañas y se pierde en el horizonte.

Siempre se dijo que era la única construcción del hombre que se veía desde la Luna pero en 2003 el astronauta chino Yang Liwei dijo que no pudo observarla desde espacio a simple vista y el mito fue derribado. La caminé hasta donde me dieron las fuerzas.

En el recorrido vi a varias personas al borde del agotamiento ya que los escalones y las permanentes subidas y bajadas son toda una prueba para el físico. La diversión vino al final. Se puede regresar a la base sobre un sillín que se desliza por un tobogán de acero zigzagueando montaña abajo. Descender la histórica muralla con el viento acariciando el rostro y relajando el cuerpo fue ideal.

Ya de regreso en Pekín combiné tres líneas de subte hasta el Parque Olímpico donde se disputaron los fantásticos Juegos de 2008. El estadio, apodado Nido de Pájaro, tiene una concepción que impacta. En su pista de atletismo logró sus récords Usain Bolt, el hombre más rápido de la historia. En esa cancha la Argentina de Messi y Agüero consiguió la medalla de oro. Frente al estadio se emplaza el Cubo de Agua que albergó la natación. Allí brilló Michael Phelps consiguiendo el record de ocho medallas de oro en un mismo Juego Olímpico.

El Nido de Pájaros fue el Estadio Olímpico de los Juegos de Beijing 2008.

Desafiando el smog alquilé una bici y me di una vuelta por algunos lugares emblemáticos. El tráfico es intenso pero hay bicisendas bien marcadas y los coches respetan a los ciclistas. Fui hasta el Palacio de Verano ubicado en las afueras. Era utilizado por los emperadores en los meses de calor huyendo del horno de la Ciudad Prohibida. Tiene bosques y un lago. Es un sitio ideal para llevarse un libro y leer a la sombra de las pagodas. La construcción más extraña del complejo es un barco de mármol anclado en la orilla que utilizaba la Emperatriz Cixí para sus lujosas fiestas.

Barco de mármol de la Emperatriz Cixí en el Palacio de Verano.

El asombroso Templo del Cielo en las afueras de la ciudad, servía para rezar y pedir por la excelencia de las cosechas y para agradecer cuando el deseo era concedido por los dioses. Impacta la forma circular del templo y perfección de cada pintura y adorno que lo compone. Un cierre impactante para una ciudad que te dejará más que satisfecho por su oferta cultural, gastronómica y comercial.

El Templo del Cielo.


INFO PARA VIAJEROS

Visa turística: 105 dólares (se tramita en la Embajada China de Buenos Aires previo turno on line) https://china.cingodesarrollos.com.ar)

Metro del Aeropuerto al centro de Pekín: 4 dólares.

Hostel en Pekín: 11 dólares.

Plaza Tiananmen y Mausoleo de Mao Tse Tung: Gratuito.

Ticket Ciudad Prohibida: 10 dólares.

Gran Muralla sector Mutianyu: 20 dólares (incluye subida en telesilla y bajada en tobogán).

Bus 916 de Pekín a Mutianyu: 2,50 dólares.

Estadio Olímpico de Pekín: 9 dólares.

Palacio de Verano: 5,50 dólares.

Complejo Guerreros de Terracota en Xi An: 25 dólares.

 

*Por Federico Chaine. Periodista especializado en viajes y turismo. Especial para El Descorche Diario.

Contacto: fedechaine@hotmail.com

Fotos: Fede Chaine.