Desde Bodega Dante Robino, su responsable de Turismo, Leticia Fragapane, impulsa propuestas accesibles pensadas especialmente para acercar el mundo del vino al público local, con visitas solidarias, degustaciones educativas y beneficios gastronómicos.
En una provincia donde el vino es identidad cultural y motor económico, el enoturismo también tiene el desafío de romper prejuicios y demostrar que la experiencia en bodega puede ser cercana, accesible y parte de la vida cotidiana.
Desde Bodega Dante Robino buscan justamente cambiar esa percepción. A pocos minutos del Gran Mendoza, la bodega impulsa propuestas pensadas especialmente para ampliar el acceso y reconectar al público local con su propio vino. Su responsable de Turismo, Leticia Fragapane, lo resume con claridad: el desafío hoy no es solo atraer visitantes, sino integrar a la comunidad a los caminos del vino.
En el marco de la temporada de Vendimia, cuando Mendoza vive semanas intensas de celebraciones y experiencias en bodegas, Dante Robino presentó sus propuestas especiales, entre ellas la tradicional cosecha nocturna, una de las actividades más esperadas del calendario. En ese contexto, la bodega reforzó un mensaje claro: ampliar el acceso y derribar ciertas percepciones sobre la experiencia en bodega.
-Hablan de romper prejuicios sobre la bodega. ¿Cómo trabajan para ampliar el acceso y llegar a distintos públicos?
-Porque hay un prejuicio instalado: que la bodega es cara o que no es para el mendocino. Y en realidad Mendoza es un destino turístico que primero debería ser disfrutado por quienes viven acá. Estamos súper cerca, apenas cruzan el río Mendoza, y además de toda la propuesta turística tenemos restaurante. La idea es que la gente pueda venir como quien sale a almorzar un domingo.
Durante Vendimia, la cosecha nocturna se convierte en una de las actividades más convocantes.
-Incluso con propuestas solidarias que hay que destacar…
-Sí, tenemos una visita con degustación completa a cambio de un alimento no perecedero. Es nuestra manera de colaborar y, al mismo tiempo, abrir la bodega. Queremos que el mendocino conozca la oferta de su propio destino y la haga suya. Porque el vino es parte de nuestra cultura cotidiana.
-¿Cómo es la experiencia?
-Dura unos 75 minutos. Arrancamos con una copa de bienvenida, recorremos nuestra historia desde 1918 y mostramos no solo vinos tranquilos sino también espumantes y sus métodos de elaboración.
-Después degustamos tres copas más mientras explicamos estilos y perfiles. Tenemos un portfolio muy amplio, entonces la experiencia es muy educativa.
“La idea es que el mendocino vuelva a sentirse parte de la bodega y la viva como un plan cotidiano”.
-También hay opciones gastronómicas accesibles…
-Claro. Hay descuentos en el restaurante. Podés venir, pedir un plato principal, una botella y disfrutar el jardín y el viñedo. Buscamos que sea un plan posible, no algo excepcional.
Las experiencias incluyen un recorrido histórico, degustaciones guiadas y propuestas educativas.
-¿Cómo atraviesa el sector este momento?
-Está difícil, hay una baja en la demanda turística. Pero el que se queda quieto pierde: hay que moverse, buscar nuevos segmentos y generar propuestas de valor. Por eso apostamos tanto al público local. Siempre hay gente que quiere salir, disfrutar y reconectar con Mendoza.
-Estamos en Vendimia y se la vive de manera especial en la bodega…
-Tenemos cosechas nocturnas como propuesta especial. Es un momento hermoso para venir y también para que el mendocino haga turismo en su propia provincia. Hay muchísimas actividades, solo hay que informarse y animarse.
La cosecha nocturna invita a vivir el momento más simbólico del calendario vitivinícola.
-¿Cómo se reservan las experiencias?
-Desde la web o por WhatsApp. Y si quieren la visita solidaria, nos escriben directamente y los recibimos felices.
En un contexto económico desafiante, la estrategia parece clara: volver a integrar a la comunidad al circuito del vino. No como visitante ocasional, sino como parte natural del paisaje cultural mendocino.
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