Para muchos, decidir el vino en un restaurante es un desafío. ¿Hay que saber de vinos para elegir? En tu caso, ¿sos de tomar esta responsabilidad o preferís que sea otro el que opte por el vino? Aquí te dejo algunas sugerencias.
Este tema lo planteo pensando en esa infinidad de veces que vamos a comer y hay que decidir qué vino vamos a beber, todo un desafío para muchos, más normal para otros, pero en sí, es una situación de restaurante.
Son muchos los interrogantes que se presentan cuando tomamos la carta de vinos y llega la hora de elegir y decidir qué botella, qué tipo y qué etiqueta vamos a escoger para acompañar nuestro momento gastronómico.
¿Quién elige el vino? Más allá de cuántas personas sean las que están reunidas para comer, alguien debe hacerse cargo. A veces uno piensa que esta decisión la debe tomar aquella persona que nos acompaña y sabe más de vinos, o al menos, el que se supone que conoce más.
En otros casos, pensamos que el que debe pedir y elegir es el que invita o el que va a pagar la cuenta.

La elección de un vino no debe convertirse en una situación de stress.
Es aconsejable considerar la cantidad de comensales para calcular las botellas, despreocuparme del gusto de cada uno, entendiendo que es difícil conformar a todos, aunque puedo consultar por las ganas o preferencias en general.
El qué va a comer cada uno de ellos es importante pero no determinante. Si estamos en un restaurante temático, es claramente más sencillo, parrillada o sushi. Puede complicarse más cuando la diversidad de comidas es amplia. Consejo, pedir sin presiones y olvidarse del maridaje.
«Recomiendo siempre elegir vinos de precios coherentes».
Otra duda que puede surgir es, pedimos la botella más económica, por si me toca pagarla; o la más cara para impresionar a riesgo de tener que pagarla.
Para esto, recomiendo siempre elegir vinos de precios coherentes, pagables y que si gustan o no, el precio no sea relativo a la hora de la conclusión o la crítica.

Siempre es aconsejable chequear el vino antes de abrirlo.
Buscar novedades, tanto en el varietal, una etiqueta desconocida, alguna región de la uva diferente, un vino de alguna bodega pequeña y otras opciones para sorprender a nuestros comensales.
Finalmente, quiero resaltar que el momento de la elección de un vino debe ser lindo, apasionante, desafiante, y no algo traumático o una parte de la comida que quiero evitar o pasar lo más rápido posible.
Ni el que sabe, ni el que cree saber, ni el hombre, ni la mujer. Puede ser simplemente el que guste, el que invita o el anfitrión de tal encuentro, los posibles responsables de este hermoso momento: la elección del vino.
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