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Puente sobre el río Neva. Detrás, la alta cúpula de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo.
  • Crónicas Viajeras
  • 26 marzo, 2020

San Petersburgo, el emporio de los zares

Una ciudad imperial que fue la capital del país ruso en tiempos de los zares. Lujo, belleza, arte y una historia teñida de sangre. Un destino imperdible que hay que recorrer con los ojos abiertos y desprejuiciados. La metrópoli que rinde culto a su hijo prodigio: Fiodor Dostoiesvki.

Luego de visitar Moscú, partí a San Petersburgo en un confortable tren que recorre los 700 kilómetros de distancia en dirección Norte hacia el Golfo de Finlandia. Es una ciudad imperial y fue la capital de la nación en tiempos de los zares hasta la Revolución Bolchevique de 1917. Fueron ocho horas en vagón-cama donde dormí plácidamente al son del traqueteo de las vías. Llegué descansado y me alojé en un hostel muy cerca de la última morada de mi escritor favorito: Fiodor Dostoievski.

Al igual que Brasilia, La Plata, Washington y Canberra, esta ciudad fue diseñada específicamente para ser un centro gubernamental con un trazado de calles rectas y en cuadrícula. Se emplaza junto al ancho y caudaloso río Neva que desemboca en el Mar Báltico. Tiene varios ríos y canales que la atraviesan como el Moika o el Fontanka que le dan un aspecto veneciano.

La avenida Alexander Nevski conecta todos los lugares de interés, que son muchos. Comencé por la isla Zayachi donde se fundó la ciudad y fue el primer asentamiento humano en 1703. Dentro de la isla, a la que se accede a través del puente Troitsky que cruza sobre el Neva, encontramos la Fortaleza de San Pedro y San Pablo.

La Columna de Alexander frente al Palacio de Invierno en San Petersburgo, capital imperial hasta la Revolución Bolchevique de 1917.

En su catedral están enterrados Pedro El Grande (cuyo nombre toma la ciudad) y la familia Romanov de Nicolás II, el último Zar de Rusia depuesto tras la Revolución. Junto a la Zarina Alejandra y sus cinco hijos fueron apresados aislados en una casa y finalmente asesinados en un sótano para cortar de raíz con la dinastía. Las criptas de toda la familia están en un sector especialmente acondicionado de la catedral.

A la salida me dirigí al sitio donde está fondeado el buque de guerra “Aurora” que participó en la guerra contra Japón en 1904. Este barco fue clave en el inicio de la Revolución ya que un cañonazo disparado desde su cubierta fue la orden sonora que esperaban los rebeldes para iniciar la toma del Palacio de Invierno o Hermitage y deponer al Zar. El barco hoy es un museo y se puede visitar para conocer su historia. Desde allí es imposible no observar en la ribera opuesta del Neva la gigantesca fachada del Hermitage.

El buque de guerra “Aurora” que dio inicio a la Revolución Bolchevique está fondeado en el río y se visita como museo.

En la plaza, junto a la columna de Alexander se gestó la revolución y los Romanov fueron expulsados del palacio que hoy es un enorme museo al que hay que dedicarle varias horas para recorrerlo completo. La fortuna imperial era incalculable. Vivían rodeados de lujos exorbitantes lo cual terminó de colmar la paciencia de la gente de calle que casi no tenía para comer ni con que abrigarse en los duros inviernos y tras una Primera Guerra Mundial que sumió a Rusia en la pobreza. Esta fue la chispa que encendió el fin de la dinastía zarista.

Estando en la ciudad de Carl Fabergé no podía dejar de ir al museo donde se exponen nueve de los 50 famosos huevos creados por este orfebre a pedido de los Romanov para cada celebración de la Pascua. Nunca había visto uno personalmente y quedé estupefacto ante la fineza en los detalles exquisitos de cada huevo. El museo está ubicado en el Palacio Shuvalov. También se puede observar la vajilla, joyas y demás enseres de lujo creados por el mismo Fabergé que utilizaban los nobles rusos.

Admirando uno de los aclamados Huevos de Fabergé de la colección del Zar.

Otra familia poderosa eran los Yusupov cuya fortuna superaba a la del mismísimo Zar. Se puede visitar el Palacio Yusupov junto al Moika donde se cometió el asesinato de Grigory Rasputín, el monje-sanador que adquirió un poder insospechado al convertirse en confidente de la Zarina y llegó a decidir en ciertos asuntos de Estado. La nobleza y algunos militares decidieron asesinarlo en las dependencias de este palacio.

Las vitrinas con los artículos de lujo fabricados por el orfebre del Zar Nicolás II, Carl Fabergé exhibidas en su museo del Palacio Shuvalov.

Estuve en el mismo sótano donde ocurrieron los acontecimientos. Han colocado muñecos de cera con los protagonistas del complot y del mismo Rasputín para ayudar a comprender lo que ocurrió esa fría noche de diciembre de 1916. El monje fue invitado al palacio donde le convidaron dulces envenenados con cianuro. Esta primera estratagema no funcionó y fue baleado por el Príncipe Félix Yusupov, dueño de casa.

Lo creyeron muerto y lo envolvieron en una alfombra para trasladarlo cuando despertó súbitamente. Otro conspirador le descerrajó varios disparos más, incluso uno en la cabeza para rematarlo. Creyeron que este sería el fin pero Rasputín aún vivía a pesar de todo. Desesperados, lo subieron a un coche y lo arrojaron desde el puente Petrovsky a las gélidas aguas del Neva a las afueras de la ciudad. La autopsia determinó que murió por ahogamiento por lo que ni el cianuro ni los disparos pudieron contra él. ¿Era en realidad un ser supremo? El debate continúa actualmente.

Sótano del Palacio Yusupov donde fue asesinado Grigory Rasputín, de barba. A la izquierda el príncipe Félix Yusupov autor material e intelectual del crimen.

A pocas cuadras del Palacio Yusupov se erige el imponente Teatro Mariinsky (llamado Kirov en tiempos soviéticos). Allí se filmaron algunas escenas de la recordada película de 1985 Sol de medianoche con el bailarín Misha Baryshnikov y la oscarizada Helen Mirren como protagonistas. Por cierto, Mirren es británica pero hija de un alto militar ruso cuya familia debió exiliarse en Londres tras la Revolución. 

Ingreso principal del teatro Mariinsky.

La casa y el recuerdo de Fiodor Dostoievski

Para el final, la guinda del postre: el recorrido por la casa de Fiodor Dostoievski. Vivió en varias casas ya que no le gustaba permanecer en un solo lugar. La última morada de este magistral literato fue en el departamento 10 del segundo piso del edificio de la calle Kuznechny 2. Se ingresa por una puerta en la esquina. Ya dentro, tras abonar 200 rublos, se observan los objetos de la vida cotidiana de Fiodor y su familia. Su esposa Anna Grigorievna manejaba las finanzas ya que ellos mismos se encargaban de editar los libros, algo inédito en la época. En su estudio vemos el escritorio sobre el cual escribió Los hermanosKaramazov. Un reloj frente al escritorio está detenido a la hora de su muerte, las 20:37 del 28 de enero de 1881.

El escritorio de la casa de Fiodor Dostoievski donde escribió “Los Hermanos Karamazov” publicada en 1880. Fue su última novela.

Quise comprar algunas obras en idioma original pero para mi asombro no vendían novelas de Dostoievski en su propia casa. Me conformé con adquirir un par de escritos con notas del autor sobre diversos temas pero no pude tener un Crimen y Castigo en ruso para agregar a mi biblioteca junto a las obras de mi ídolo.

Huelga decir que es una celebridad en San Petersburgo. Existe la semana de Dostoievski con lecturas y representaciones teatrales de sus obras. Hay una estación de subte con su nombre y estatua incluida. También un hotel, monumentos y hasta un restaurante llamado El Idiota como una de sus obras.

Estatua de Fiodor Dostoievski a pocos metros de su residencia en calle Kuznechny 2.

Para el final de la estadía, cuando ya sabía el dinero que me sobraba, hice la compra de dos elementos que no pueden faltar después de una visita a Rusia: una Mamushka y un gorro militar símil piel con orejeras como se ven en todas las películas que se llaman Ushanka. Las Mamushkas van desde tamaño pequeño a unas enormes. Elegí una de cinco elementos, fácil de transportar en la mochila. Los gorros se pueden adquirir en color crema, azul oscuro, celeste metalizado y marrón claro.

Llegó la hora de regresar a Moscú. A diferencia del trayecto de ida decidí regresar en el tren bala ruso llamado Sapsan. Realiza el viaje en solo 4 horas, la mitad del tren regular, volando sobre la estepa a 250 kilómetros por hora.

El tren bala ruso llamado “Sapsan” con el que regresé a Moscú en solo 4 horas.


INFO PARA VIAJEROS

Tren de Moscú a San Petersburgo: 220 dólares (ida y vuelta).

Hostel Broadsky: 13 dólares diarios.

Museo Fabergé: 9 dólares.

Palacio Yusupov: 7,5 dólares.

Sótano y Salas de Rasputín: 4,5 dólares.

Paseo de hora y media en barcaza por los canales y el río Neva: 17 dólares.

Casa de Dostoievski: 3,5 dólares.

Mamushka de 5 elementos: 6 dólares.

Gorro militar Ushanka; desde 7 dólares.

 

*Por Federico Chaine. Periodista especializado en viajes y turismo. Especial para El Descorche Diario.

Contacto: fedechaine@hotmail.com