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Calle de los Suspiros, la más tradicional y pintoresca de Colonia.
  • Crónicas viajeras
  • 19 noviembre, 2019

Uruguay: Colonia del Sacramento y Nueva Helvecia

Saltar el charco para encontrarse con la historia, la magia y la belleza de las costas uruguayas. Una escapada imperdible con calles empedradas, frondosas arboledas, puertos, plazas y un cielo que enamora. La herencia de los colonos inmigrantes y por supuesto, la calidez de su gente, siempre con un mate en mano.

En este viaje decidí saltar el charco hacia las costas uruguayas. El destino final sería la histórica Colonia del Sacramento, una ciudad en la que solo había estado de paso en camino hacia Montevideo y Punta del Este. Su casco antiguo fue designado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995 y bien merecía una visita detallada.

Tuve el placer de la compañía de una viajera suiza, Regina Maurer, quien estuvo recorriendo Argentina durante cuatro meses. La partida fue desde el puerto de El Tigre donde un ferry nos llevó a través del amplio delta del Río de la Plata hasta la ciudad de Carmelo, puerta fluvial de entrada del oeste uruguayo.

Tras dos horas y media de travesía atracamos en el puerto de esta relajada urbe fundada en febrero de 1816 por el prócer uruguayo General José Gervasio Artigas. Hicimos el trámite de migración y después de sellarnos los pasaportes salimos a recorrer la zona.

Carmelo

La plaza central, Artigas, tiene una estatua de su fundador y una profusa arboleda donde se destacan las palmeras. Nos acompañó en la caminata una simpática perrita negra que no se despegó de nosotros hasta el final. A Regina le llamó mucho la atención la gran afición al mate de nuestros vecinos orientales. Cada tanto aparecía alguien caminando con el termo y el mate bajo el brazo. Al verlos comentábamos en broma que los uruguayos nacen con esa extremidad pegada al pecho para colocar el termo en el hueco que se forma naturalmente.

El emblema de Carmelo es un puente giratorio sobre el río que comunica la ciudad con el resto del país. La particularidad es que para abrirlo se lo acciona manualmente con un sistema hidráulico y permitir así el paso de barcos de gran calado. Fue inaugurado en 1912 y es el único de este tipo en Sudamérica.

Puente giratorio y paseo costero en la tranquila ciudad de Carmelo.

Luego de pasear por la rambla y el puerto deportivo tomamos un colectivo rumbo a Colonia, distante 80 kilómetros al sureste. Una hora y cuarto de travesía por la ruta 21 donde vimos mucho verde, estancias y ganado ovino y bovino. A Regina algunos tramos le recordaron paisajes de Suiza. A mí me venían a la memoria algunas pinceladas de la campiña francesa.

Colonia hecha de historia y magia

Colonia del Sacramento fue fundada por los portugueses en 1680 y por su estratégica ubicación en el Río de la Plata cerca del Océano Atlántico hubo varios combates entre lusitanos y españoles para ejercer el control de su puerto. Este intercambio de manos duró cien años y dejó como herencia una arquitectura variada entre hispana y portuguesa que le da un toque peculiar al barrio histórico con calles empedradas, casas coloniales y costas de arena y rocas.

Nos alojamos en El Viajero Hostel, muy bien ubicado a solo 300 metros del casco viejo. La primera caminata nos llevó por la costanera. El puerto de yates tiene un bellísimo muelle de madera del año 1886 y las puestas de sol desde allí son magníficas. Giramos por el paseo de San Gabriel donde el río se abre en toda su extensión (es el más ancho del mundo).

El Faro de Colonia con las luces del atardecer.

A lo lejos se divisa el perfil de los edificios más elevados de Puerto Madero en Buenos Aires. Por la noche el resplandor amarillento de la “ciudad de la furia”  también destaca contra el cielo.

La antigüedad de las edificaciones, las callecitas serpenteantes de adoquines, el viento y el sonido de las olas cual si fuera el mar generan una atmósfera muy especial que te sumerge en el pasado.

La arteria más famosa es la encantadora Calle de los Suspiros de corte portugués que conserva su empedrado original en forma de cuña y con un canal marcado al centro para desagotar el agua. Los faroles en cada esquina (no hay postes con luces de mercurio) también aportan su magia. La ubicación en el extremo de la bahía permite ir mirando el río desde  ángulos diferentes en cada sector. Dejamos la costa  hacia el interior y apareció ante nosotros un amplio espacio verde: la Plaza Mayor.

Bicicleteando frente a la Plaza de Toros Real de San Carlos, a cuatro kilómetros del centro de Colonia del Sacramento.

Originalmente era utilizada para ensayar maniobras militares debido a su gran  extensión. Alrededor hay restaurantes, cafés y tiendas de productos autóctonos protegidos por la sombra de frondosos árboles y coloridas Santa Ritas.

Abandonamos el casco a través del Portón de Campo. Era la puerta principal de acceso a la fortaleza amurallada. Poseía un puente levadizo que hoy sirve de plataforma de ingreso junto al canal de verdes jardines. Después de un largo día recuperamos fuerzas con un contundente plato de pastas en restaurante El Portón sobre la comercial avenida General Flores.

Nueva Helvecia, la pequeña Suiza uruguaya

A tan solo 57 kilómetros de Colonia se emplaza la ciudad de Nueva Helvecia, una antigua población fundada por inmigrantes europeos, de mayoría suizos, en el año 1862. Más de 150 años después sigue siendo un apacible pueblo de poco más de diez mil habitantes. Dado que mi compañera de viajes era de esa nacionalidad decidimos ir a conocer el lugar.

Tomamos un bus por la ruta 1 hacia Montevideo y cincuenta minutos después bajábamos en la Plaza de los Fundadores. Antes de esto le pedimos al chofer que detuviera el rodado para hacernos una foto en el arco de entrada a dos kilómetros del centro. Es el clásico arco de madera con detalles alpinos que saluda a los visitantes en cuatro idiomas: castellano, alemán, italiano y francés.

Arco de ingreso a Nueva Helvecia, fundada por colonos suizos en 1862.

Ya en la plaza vimos el monumento El Surco en honor a los colonos que con su trabajo dieron inicio a este asentamiento urbano. Un logrado reloj de flores rodeado de las banderas de Alemania, Austria, Francia, Suiza y Nueva Helvecia adorna uno de los canteros. Un curioso cartel señala la distancia a Suiza desde allí: 11.120 kilómetros.

Regina se hizo foto allí, tan lejos de casa. Varias de las calles llevan el apellido de los fundadores y las casas particulares tienen adosadas junto a la puerta de entrada los escudos del Cantón suizo al que pertenecían los ancestros de la familia que la habita. Un detalle muy simpático que además le da colorido a las viviendas. El tanque que provee agua potable se construyó en 1948 y es una atracción por su altura y su peculiar diseño.

En algunas casas se aprecian los escudos de los diferentes cantones suizos.

Nueva Helvecia es una de las ciudades económicamente más productivas de Uruguay especializados en horticultura y fruticultura. Como buenos suizos se destaca la producción de derivados de la leche en especial la quesería artesanal. Tal fanático del queso fui una vez más en busca del sabroso manjar. En la carretera a Valdense se ubica una de las queserías más importantes llamada Los Fundadores. Con Regina nos adentramos en el lugar y el olorcito a quesos y embutidos nos hizo agua la boca.

En Nueva Helvecia hay muchas casas que elaboran el queso artesanal llamado “Colonia” que es suave pero muy sabroso.

Degustamos el queso Colonia que fue el primero que produjeron los colonos. Intentaron hacer un gruyere suizo pero se encontraron con que en Uruguay las vacas, los pastos y por ende, la leche, eran distintos a los helvéticos y el resultado fue un queso más suave que el gruyere pero a la vez muy sabroso. Lo bautizaron Colonia y desde entonces es el referente de la región. Nuestro almuerzo consistió en dos buenos trozos de gruyere y otro queso muy picante sazonado con pimienta. Lo disfrutamos en una mesa al aire libre bajo un solcito reparador ya que era finales de mayo y el aire frío se hacía sentir. De postre, otro típico sabor artesanal suizo: galletitas de vainilla Brëtzeli.

Visitamos el tradicional Hotel-Granja Suizo fundado en 1872 y que fue el primer hotel turístico de todo Uruguay. Es un antiguo edificio rodeado de enormes jardines ideal para contactar a fondo con la naturaleza y aprender sobre el funcionamiento de una granja rural.

Regina junto al cartel que indica la distancia a su país desde la Plaza de los Fundadores.

De regreso en Colonia se nos escapó un suspiro al ser testigos de un atardecer de ensueño donde el cielo naranja bañaba de luz dorada las aguas del río. El viento soplaba apenas y las copas de los mandarinos y las palmeras se mecían cansinamente. Las luces de Buenos Aires titilaban en el horizonte y los yates y veleros volvían a puerto. De tarjeta postal.

Colonia en bicicletas

El día siguiente amaneció despejado, como todo el viaje, y la jornada se prestaba para una bicicleteada. Alquilamos un par en el hostel y salimos en busca de otra de las atracciones edilicias de Colonia: una Plaza de Toros. Suena extraña esta actividad taurina en tierras rioplatenses pero existió. En 1910 a Nicolás Mihanovich, un empresario naviero austro-húngaro radicado en Buenos Aires, se le ocurrió armar un complejo turístico que incluía casino, hotel, frontón de pelota y la consabida plaza de toros con estilo morisco de la que hoy solo quedan sus paredes y algunas gradas.

Está en la zona de Real de San Carlos a unos cuatro kilómetros del centro coloniense. Una distancia ideal para ir pedaleando. Se llega por la Rambla de las Américas, un boulevard costero con cuatro amplias playas con bosque de eucaliptus y preciosos chalets con vista infinita hacia el Plata. Los lugareños lo utilizan para salir a correr, pasear a los niños o simplemente para tomar un mate y conversar con los amigos. Regina metió los pies en el agua y caminamos un rato por la arena aprovechando el sol del mediodía.

El muelle del puerto.

Devolvimos las bicicletas y fuimos a saldar la cuenta pendiente con el faro al que aún no habíamos ascendido. En 1694 se construyó el Convento de San Francisco pero fue destruido por un incendio en 1704. Sobre sus cimientos se erigió el faro cuyas obras se iniciaron en 1845 por soldados de Juan Manuel de Rosas. La Guerra de la Triple Alianza interrumpió la obra que recién se culminó en 1857. Desde su terraza se domina toda la ciudad, la costa, las islas y se divisa la otra orilla del río sobre Argentina.

Ese fue el final de un viaje placentero con la compañía de Regina que al día siguiente ya surcaba los aires sobre el ancho río en su regreso a Europa mientras yo consumía los kilómetros rumbo a Mendoza.


INFO PARA VIAJEROS

Ferry Buenos Aires a Carmelo: 36 dólares.

Bus de Carmelo a Colonia: 5,50 dólares.

Hotel Tres Estrellas en Colonia: desde 70 dólares.

Alquiler de bicicleta: 5 dólares la hora y 20 el día completo.

Bus de Colonia a Nueva Helvecia: 2,5 dólares.

Horma de queso Colonia por 750 gramos 7,5 dólares.

Galletas Brëtzeli: 3 dólares el paquete.

Granja Hotel Suizo: 85 dólares habitación doble.

En diciembre se celebra la Fiesta de la Cerveza en Nueva Helvecia.

 

*Por Federico Chaine. Periodista especializado en viajes y turismo. Especial para El Descorche Diario.

Contacto: fedechaine@hotmail.com

Fotos: Fede Chaine.