Llegó el turno de presentar a Nueva Zelanda, el país donde hice vendimia en la primera parte del 2019, desde febrero a finales de mayo, más precisamente. Un joven y pequeño país conocido por ser el “rey del Sauvignon Blanc”.
Este joven y pequeño país, conformado por dos islas, se caracteriza por tener un clima bastante variable por la influencia oceánica que posee de ambos lados y un terreno algo montañoso. Hecho que le ha permitido diferenciar siete zonas vitivinícolas. Cada una con particularidades que las hacen especiales.
Se destaca en importancia y cantidad de viñedos implantados la región de Marlborough, justamente donde se encontraba la bodega en la que hice vendimia, Villa María Estate.
Nueva Zelanda es un país pequeño pero no por ello pasa desapercibido, además de ser bueno en el rugby, también se lo conoce como el “rey del Sauvignon Blanc”. En esta tierra se produce una versión de este varietal muy especial, con características únicas comparadas con los del resto del mundo.

Viñedos de Villa María Estate, en Marlborough.
El Sauvignon Blanc neozelandés posee mucha presencia de aromas herbáceos bien marcados, algo de frutos tropicales como maracuyá, mango, durazno blanco y cierto toque entre salino y mineral. Esas características van a variar dependiendo si fue cultivado en un valle o una colina, cercano al océano o más continental, con influencia de vientos del Norte o del Sur. Si de hacer vinos se trata, todo el entorno afecta, eso ya es sabido por todos, y más aún si se cultiva en una isla.
Y, justamente, Marlborough, es esa microrregión ubicada al norte de la Isla Sur, la que se ha declarado la capital de este varietal blanco.
Ahí justamente es donde se encuentra la bodega en la que estuve trabajando Villa María Estate. Gigante por donde se la mire. Procesa alrededor de 24 mil toneladas por año (la de California, eran 11 mil para que se den una idea – Ver nota).

La bodega cuenta con más de 250 empleados permanentes.
La firma tiene otras bodegas en varias zonas del país, sin embargo en la que estuve haciendo vendimia es la más grande. Y esta basa la elaboración de sus vinos en los varietales Sauvignon Blanc, la estrella de la casa, Chardonnay y Pinot Noir. También utiliza los varietales Pinot Gris, Riesling, Albariño, Gewürztraminer, Viognier, Merlot, Cabernet Sauvignon y algo de Malbec (dependiendo el año) en la elaboración de sus vinos.
Villa María, nombre con el que salen sus etiquetas, fue reconocida en el 2019 como una de las bodegas más admiradas del mundo, en la feria ProWein de Alemania.

Una marca con prestigio mundial: Villa María.
Un poco de historia por acá. La compañía funciona desde 1960 y aún pertenece a la familia fundadora. Cuenta la historia que por aquellos años George Fistonich compra cinco acres (equivalente a dos hectáreas aproximadamente); cerca de la ciudad de Auckland, donde decide plantar viñedos y más tarde hace su primer vino con uvas del mismo, ya bajo el nombre de Villa Maria.
En los años ´70, es cuando George decide empezar a crecer y ampliar su hasta entonces pequeña empresa contratando más empleados que lo acompañen en la aventura.

Una bodega de tradición familiar fundada en 1960.
En la actualidad cuenta con 250 empleados permanentes, bodegas en las principales regiones vitivinícolas neozelandesas y exporta sus vinos a más de 60 países en todo el mundo.
Experiencia personal: crecer, aprender, conectar
Y si de experiencia personal hablamos. No fue lo que esperaba pero no por eso fue menos buena, ¿se comprende? A veces (muchas) nos encontramos con situaciones que difieren de las expectativas pero igualmente logramos sacarle provecho.
Trabajar en Nueva Zelanda (o al menos en la zona del país que elegí yo) significa trabajar en bodegas gigantes, con labores sectorizados divididos en grupos. Empezó la vendimia, nos dividieron en grupos, nos asignaron un supervisor; cada grupo un área de la bodega y créanme si les digo que esto se respetó a rajatabla hasta finales de la vendimia.

En la bodega se cumplen estrictos protocolos de calidad y seguridad.
La parte buena: aprender a trabajar en una empresa súper organizada, respetando horarios y órdenes de trabajo, utilizando el equipamiento reglamentario para cada tarea.
Sin embargo, por otro lado, no recibís mucha información del trabajo global, muy poco contacto con las uvas. Ni te enterás si la uva es buena calidad o no, vos solo recibís la orden de ponerla en tal tanque y ¡ya!

Sauvignon Blanc, la estrella de la casa.
Las vendimias en bodegas más chicas o en otras partes del mundo tienen ese sabor de andar corriendo para todos lados, de trabajar de sol a sol, de terminar manchados de jugo de uva hasta las orejas. Sé que no suena muy “romántico” pero es la parte más divertida de hacer vendimia: terminar involucrado en la tarea en cuerpo y alma.
«Involucrado en la tarea en cuerpo y alma».
Por supuesto, como siempre, todo depende de la actitud que ponemos en la vida y al final la balanza siempre termina inclinándose para el lado positivo. Además, al trabajar en bodegas tan grandes, te permite conectar con gente de todo el mundo. Y si bien este planeta es grande, el mundo del vino es bastante más pequeño de lo que parece.

Sauvignon Blanc neozelandés: aromas herbáceos y frutos tropicales como maracuyá, mango, durazno blanco.
*Por Mariana Boero. Sommelier. Especial para El Descorche Diario.
Fotos: Mariana Boero.
Instagram/Facebook: @tomaloconsoda
