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Victoria Brond, enóloga mendocina y responsable del proyecto Guardianes de la Naturaleza.
  • Entrevistas
  • 1 octubre, 2026

“Soy una enóloga de vino en damajuana”: Victoria Brond y el desafío de cambiar paradigmas

La enóloga mendocina está al frente de Guardianes de la Naturaleza, un proyecto que combina agricultura orgánica y biodinámica, rescate de variedades históricas y nuevas formas de comercializar el vino. Entre sus propuestas, recupera la damajuana como un envase sustentable y reivindica el vínculo directo entre productores y consumidores.

La vitivinicultura mendocina también encuentra nuevos caminos en proyectos que buscan revisar las formas tradicionales de producir, elaborar y comercializar vino. En ese universo se encuentra Guardianes de la Naturaleza, una iniciativa personal de la enóloga Victoria Brond, que nació a partir de más de una década de trabajo y formación vinculados con la agricultura orgánica y biodinámica.

El proyecto, ubicado en Barrancas, Maipú, atraviesa su segunda cosecha y no se limita a la elaboración de vinos para su propia marca. Guardianes también funciona como un espacio para productores que buscan elaborar bajo criterios orgánicos y biodinámicos. A eso se suma una búsqueda que Brond considera central en esta etapa de su carrera: rescatar recursos, viñedos y variedades que ya existen y explorar nuevas formas de llegar al consumidor.

Entre esas experiencias aparece una de las propuestas más llamativas: el vino en damajuana. Un formato históricamente asociado al vino popular que Guardianes busca resignificar con vinos de calidad, envases retornables y un modelo de comercialización directo hacia bodegones, restaurantes y consumidores.

En diálogo con El Descorche Diario, Victoria Brond repasó su recorrido en la agricultura orgánica y biodinámica y explicó los principales ejes de Guardianes de la Naturaleza: sustentabilidad, rescate de variedades y nuevas formas de producir y comercializar vino.

—Victoria, ¿cómo nació Guardianes de la Naturaleza?

—Guardianes es un proyecto personal que surgió con la madurez de los caminos recorridos, de haber entendido algunas cosas de la producción de uva y de la elaboración de vinos. En mi caso particular, llevo unos diez años estudiando agricultura orgánica y biodinámica y, durante los últimos cinco, estuve muy enfocada en la preparación de preparados biodinámicos, el calendario biodinámico, las huertas, los animales y la incorporación de distintas especies en los ecosistemas.

Esta nueva etapa tiene que ver con derribar paradigmas o cambiar paradigmas. Para mí tiene mucho que ver con las personas y con las alianzas.

Los vinos de Guardianes de la Naturaleza recuperan variedades y viñedos históricos.

Desarrollamos este proyecto pequeño, Guardianes de la Naturaleza, en Barrancas, Maipú, donde elaboramos vinos orgánicos y biodinámicos para nuestra propia marca, pero también para unos 20 clientes que están dentro del mundo de la agricultura orgánica y biodinámica y necesitan un espacio para producir sus vinos con estas características.

Somos un grupo de productores enfocados en este tipo de producción y elaboración, y uno de nuestros pilares es la sustentabilidad.

—Cada vez encontramos más vinos que se presentan como orgánicos o biodinámicos. ¿Qué debería saber el consumidor sobre estos conceptos y qué hay detrás de una botella elaborada bajo estos criterios?

—La agricultura orgánica es una certificación por tercera parte, donde un ente certificador controla y audita que se cumplan determinados requisitos. Uno de los más importantes es el no uso de sustancias de síntesis química, y el foco está puesto en la biodiversidad.

Para mí, es un primer punto de conciencia donde el productor y también el consumidor empiezan a pensar en el no uso de los insumos porque sí.

Es empezar a preguntarse por qué agregaría un insumo, por qué usaría un herbicida, levaduras, nutrientes, por qué clarificaría o estabilizaría. En ese camino hay mucho aprendizaje y también una revisión de reglas que durante mucho tiempo tomábamos como ciertas.

—Entonces, más que una cuestión exclusivamente técnica, hay un cambio de conciencia.

—Exactamente. Para mí eso es lo más lindo de lo orgánico. Obviamente que no utilizar sustancias que pueden ser perjudiciales para el organismo está muy bien, pero lo más importante es que puedo empezar a pensar que las cosas pueden hacerse de otra manera.

Podemos, por ejemplo, vender vinos turbios y que los consumidores los reciban con agrado y que comercialmente sean exitosos.

Son puntos de conciencia muy fuertes para los agricultores y los productores porque tal vez venimos repitiendo recetas durante 100 o 150 años solamente por estándares o por modas.

La producción de vinos orgánicos y biodinámicos es uno de los ejes centrales del proyecto de Victoria Brond.

—¿Y qué cambia cuando hablamos de agricultura biodinámica?

—La agricultura biodinámica es una forma de entender el camino de uno mismo. Es un camino de autoconocimiento y surge de la antroposofía. De ahí también se desprenden la educación Waldorf, la medicina antroposófica, la economía circular y, en este caso, la agricultura biodinámica.

Es una forma de entender la producción de uva y vino por caminos no convencionales.

En el caso de la agricultura biodinámica, que también tiene una certificación internacional, el desafío va un poquito más allá. No solamente tiene que ver con el no uso de sustancias de síntesis química, sino con entender muy bien qué estoy haciendo.

La propuesta es elaborar vinos solamente con uva, pero con un entendimiento filosófico y de autoconocimiento muy profundo por parte del productor.

“La agricultura orgánica es un punto de conciencia: implica empezar a preguntarnos qué estamos haciendo en el viñedo y por qué incorporamos determinados productos o prácticas”.

—En ese sentido, ¿el vino termina siendo una herramienta para algo mucho más amplio?

—Sí. Nosotros usamos la herramienta vino porque es lo que hemos estudiado y a lo que nos dedicamos. Somos viticultores, es nuestra identidad.

Pero transitamos este camino para tener un entendimiento mucho más profundo. El cambio de paradigma atraviesa a todos: a quienes desarrollan insumos para el agro, a los agricultores, a quienes producimos vino y también a los consumidores.

Ya no se trata solamente de producir mucho vino. La pregunta es para qué lo haría, qué propósito tiene y quiénes son los consumidores que realmente lo van a valorar.

La etiqueta blanca del Chenin, una propuesta que también busca romper con los códigos tradicionales del vino.

—Uno de los aspectos que más llama la atención de Guardianes es el rescate de variedades y viñedos que estaban quedando relegados. ¿Por qué decidiste avanzar por ese camino?

—Después de muchos años muy enfocados en lo técnico, en el no uso de sustancias de síntesis química, en los preparados biodinámicos, la biodiversidad y la microbiota, hoy me ocupa otra pregunta: ¿qué es lo más sustentable que puedo hacer?

A mis 45 años, pensando que ojalá me queden muchos años en la industria, creo que lo más sustentable que podemos hacer es no usar el recurso. No usar el recurso es lo más sustentable.

Por eso, mi apuesta está puesta en rescatar y poner en valor lo que ya existe.

¿Qué existe? Viñedos de Chenin de 90 años que nadie quiere, viñedos de Bonarda increíbles, Sangiovese, una variedad histórica de Rivadavia, Malbec de Agrelo y Perdriel con troncos de 80 años y certificados orgánicos.

También trabajamos con variedades criollas, Torrontés y Pedro Giménez, que es una de las insignias de Guardianes. Además desarrollamos vinos naranjas y vinos fermentados con pieles.  El foco está puesto en las variedades olvidadas.

—Y en esa búsqueda aparece también el vino en damajuana. ¿Cómo nació esa propuesta?

—Cuando analizamos el modelo económico del vino, vemos que la caja, el tapón, el lacre, la etiqueta y la botella pueden representar entre el 60 y el 70% del costo.

Y el productor, que para mí es el elemento más valioso y el que tenemos que rescatar en primera instancia, muchas veces termina obteniendo lo que sobra.  Por eso, el foco del vino en damajuana está puesto en la calidad del vino.

La damajuana vuelve a ocupar un lugar como alternativa para reducir insumos y fortalecer el vínculo directo entre productor y consumidor.

Es un vino de un segmento medio-alto, elaborado con uvas provenientes de Agrelo, certificadas orgánicas, de suelos profundos y viñedos viejos, pero en un recipiente reciclable y retornable.

La damajuana nos permite optimizar los envíos porque podemos transportar más litros en un mismo pallet. En el mismo envío en el que llevamos una nueva carga, recuperamos los envases vacíos, que después vuelven a llenarse.

Incluso diseñamos un cajón de madera para que las damajuanas no se rompan, sean apilables y funcionen también como un elemento decorativo para los bodegones.

“La damajuana nos permite pensar otra manera de comercializar el vino, con menos insumos, menos intermediarios y recuperando un envase que puede volver al productor”

—La damajuana estuvo durante mucho tiempo asociada a un vino de menor calidad. ¿También buscan romper ese prejuicio?

—Totalmente. Había una mirada bastante fuerte sobre la damajuana, como si fuera un vino que no era suficientemente bueno.

Lo que hicimos fue poner vinos súper lindos en damajuanas y entregarlos directamente a los bodegones, sin intermediarios y sin que el vino tenga que permanecer mucho tiempo en distintos lugares. Y ha sido un modelo que está teniendo muchísimo éxito.

Hemos roto un prejuicio y un sesgo. El consumidor lo está eligiendo y eso hace que crezca el emprendimiento y que haya mucha rotación de vino.

—¿Por qué funciona especialmente bien en los bodegones?

—Porque los bodegones consumen mucho vino en pingüino o por copa y no necesariamente necesitan tener una montaña de botellas, cajas y etiquetas.

Finalmente, el vino del bodegón es el que sirve el sommelier, el que ofrece y el que armoniza.

Victoria Brond propone repensar distintas formas de producir, comercializar y consumir vino en Mendoza.

Entonces, entregar un vino de mucha calidad, de manera rápida, segura y prolija, directamente al bodegón, es para nosotros una muy buena práctica.

También es una consecuencia de la biodinamia y de ese cambio de paradigma: si este camino te está diciendo que no es por acá, exploremos caminos nuevos. De eso se trata: de romper paradigmas.

—Hay una frase tuya que resume muy bien todo esto: “Soy una enóloga de vino en damajuana”.

—Sí, soy una enóloga de vino en damajuana, con muchísimo orgullo. El vino es el resultado del trabajo de un productor que tardó 100 años en cultivar ese hábitat y ojalá seamos reconocidos también por eso.

A veces te dicen: “Te van a asociar con el vino en damajuana” o “te van a asociar con los vinos naturales”. Y yo digo: a muchísimas honras. Eso también nos hace grandes: poder cambiar paradigmas.

 

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—¿Dónde se pueden conocer y adquirir los vinos de Guardianes?

—Nosotros vendemos de manera directa, no tenemos intermediarios. Pueden encontrarnos en nuestras redes, en Guardianes Wines, o en mi Instagram, Victoria Brond.

También tenemos nuestra tienda virtual, Tienda Guardianes, donde pueden comprar directamente. En 48 horas los productos están en destino, directo de la bodega.  Y también pueden visitarnos durante nuestras jornadas de bodega puertas abiertas.

—¿Qué buscan con esas jornadas?

—Que la gente de Mendoza pueda conocer una bodega. Hay muchísimas personas que viven en Mendoza y nunca visitaron una. Recibimos personas que incluso piensan que visitar una bodega es muy caro, y les contamos que nuestra bodega tiene las puertas abiertas de manera gratuita.

Hacemos experiencias con vinos de tanque y actividades educativas. También tenemos peñas con comidas típicas y música folclórica.

Queremos que la gente conozca nuestras bodegas, nuestros paisajes y nuestra cultura. Muchas veces tenemos todo eso a la vuelta de nuestra casa y no lo conocemos.