*Por Andrea Ábalos y Gustavo Flores Bazán
Tamboreo es el proyecto que lidera el ingeniero agrónomo Alfredo Cartellone junto a su colega, Sebastián Bonfanti. Este dúo de apasionados profesionales se planteó el desafío de aplicar tecnología de alta gama a uvas tradicionales y criollas de viñedos históricos. El resultado son vinos memorables por la sutileza, la frescura, redondez en boca y equilibrada acidez. Vinos que darán mucho que hablar.
Son pocas las actividades que permiten ciertos lujos, lujos que se traducen en momentos compartidos, charlas y vinos que sorprenden. Innovación, investigación, pasión y homenaje a una historia ancestral que hoy se reescribe de la mano de dos ingenieros agrónomos dispuestos a derribar paradigmas.
Alfredo Cartellone proviene de una tradicional familia de la Zona Este, cuarta generación de productores, sus viñedos en Montecaseros, departamento de San Martín, datan de 1906 y hoy se propone cambiar la historia, hacer punta con microvinificaciones de uvas criollas y tradicionales. Es así que se embarcó en la aventura de producir pequeñas partidas de vinos jóvenes y Reserva: Tamboreo Vinos y Famiglia Cartellone.
En este camino se encontró con Sebastián Bonfanti, a cargo de la enología del proyecto, juntos lo llevan adelante y aseguran que “va a ser un antes y después en la vitivinicultura, nuestra idea es demostrar que se pueden hacer vinos de excelente calidad con variedades que fueron denostadas en otro momento. Todo depende de cómo se trate el viñedo y las uvas una vez que están en la bodega”.
Tamboreo es el nombre que eligió Alfredo como homenaje a su abuelo, quien forjó las primeras hileras y llevaba la música en su corazón. “Quise agasajar a mi abuelo, siempre estaba golpeando los dedos contra algo, amaba la música y ese era un rasgo que lo caracterizaba. Averiguando supe que eso que él hacía era “tamborear”, y así nació el nombre”, cuenta Alfredo.

Seba Bonfanti y Alfredo Cartellone, reivindicadores de uvas tradicionales.
Podríamos decir que estos vinos hacen honor al nombre ya que están llenos de sutilezas, matices, tonalidades, contrastes, así, como la música.
“Se trata de reivindicar un viñedo familiar que plantó mi abuelo, continuó mi padre y que hoy somos cuatro generaciones con proyectos vitícolas en la provincia desde 1906. Son viñedos tradicionales, de la zona Este de Mendoza, una zona antigua y con variedades criollas. Luego, por una reconversión varietal incurrimos en la implantación de viñedos de Malbec, Syrah, Ancellota”, explica Alfredo.
«La idea es reivindicar esas viejas variedades que siempre fueron destinadas a vinos base o a granel, sin ningún tipo de aplicación de tecnología”.
“Tradicionalmente eran solo uvas criollas: criolla grande, moscatel rosado, Torrontés Riojano. La idea es reivindicar esas viejas variedades que siempre fueron destinadas a vinos base o a granel, sin ningún tipo de aplicación de tecnología”, continúa.
Por su parte, Sebastián Bonfanti manifiesta, “no desaparecer, ese es nuestro lema. No queremos que se pierdan estas variedades que son ancestrales y que aún tienen mucho para dar”.
“Hace un par de años dijimos, por qué no aplicar esa tecnología que se usa en las variedades de alta gama y así poder darle un valor agregado a una finca que, como es la historia de muchos productores, que tienen poca rentabilidad.

Innovación, una de las premisas de Tamboreo.
«La idea fue buscar una alternativa para generar nuestros propios vinos con una base fuerte en uvas criollas y buscando algunos varietales como es el caso del Malbec, Ancellota, Bonarda. Justamente estamos en San Martín que es considerada la capital del Bonarda”, se explaya Alfredo.
“No desaparecer, ese es nuestro lema. No queremos que se pierdan estas variedades que son ancestrales y que aún tienen mucho para dar”.
“Así es que aplicamos toda la tecnología, con índices de cosechas adecuados, cosechas selectivas de los mejores sectores y un periodo muy corto de lo que es la cosecha y el proceso de elaboración. La idea es que el tanque de fermentación esté lleno a pocas horas de realizada la cosecha. Prensado fermentación, despalillado, toda la tecnología en el proceso. Como te digo es generar valor a algo que tal vez, se ha visto al borde de la posibilidad de desaparecer, con base en la rentabilidad y que justamente para el productor primario es muy baja”.
Una tendencia: revalorizar otras zonas
“Hay muchos emprendimientos que han encarado esta línea de trabajo. Que es aplicación de tecnología, poner en valor variedades y zonas que estaban un poco denostadas y destinadas a vinos base o vinos de bajo valor. Hay un potencial enorme. Se puede generar una alternativa más a una provincia con una tradición vitivinícola tan importante como Mendoza”, asegura Bonfanti.
El objetivo es generar vinos correctos, frescos y equilibrados. Tamboreo es una línea de vinos jóvenes, sin paso por madera, para consumir en uno o dos años.

Tamboreo Torrontés Riojano, un blanco que siempre invita a otra copa.
Por otro lado, también está la línea Famiglia Cartellone que tiene paso por barrica, como Bonarda, Ancellota y Syrah. “Queremos generar dos líneas con distintos posicionamientos y que nos permitan la posibilidad de rentabilidad a un negocio de producción”, amplía Alfredo Cartellone.
El portfolio
Línea Joven: Tamboreo
Por ahora Tamboreo son tres vinos y un Pet Nat que se caracterizan por la sutileza, la frescura y la elegancia. Vinos absolutamente correctos y honestos por sobre todas las cosas, que reivindican su origen con el lema en la etiqueta «viñedo tradicional mendocino» y remarcan su terroir con orgullo: San Martín, Mendoza.
El primero de ellos es un Torrontés Riojano, de baja graduación alcohólica, un vino fresco y muy amable, ideal para aquellos que quieren redescubrir esta cepa que supo dar la primera medalla internacional a la Argentina. Lejos de esos Torrontés un tanto invasivos, este es un vino muy bien equilbrado y fresco, que se adapata a múltiples situaciones de consumo. Ideal para la picada o unas empanadas en la previa del asado; pero también para acompañar ensaladas o un pescado.

Las uvas criollas adquieren tratamiento de Alta Gama a la hora de elaborar este corte.
El rosado es un Blend de Uvas Criollas, 80% Criolla Grande y 20 % de Moscatel de Alejandría. «Es el parral el que me dice cómo tengo que hacer el blend», sentencia Cartellone sobre este corte. La resultante es un vino muy fresco y frutado. También versátil, muy propicio para la pileta, la picada y que seguramente más de uno lo va a reemplazar por la cerveza.
El Malbec continúa en la misma línea de vinos expresivos y donde se destaca la fruta. Fresco y jugoso a la vez, se presenta ideal para acompañar cualquier comida. Un vino que invita a beber sin demasiadas explicaciones más que el disfrute.

Malbec 2020, un varietal fresco sin madera.
En el caso del Pet Nat, un tipo de vino espumoso, también está elaborado a partir de uvas criollas. Si bien es un método ancestral y que tiene su resurgir en la industria, la contraetiqueta de Tamboreo se lo explica muy bien al consumidor: «se trata de un método nacido en Francia que tiene una sola fermentación, la cual termina en la botella».
«Al tener este azúcar retenido, no permite que el gas carbónico escape, y ese azúcar natural, propio del mosto durante la fermentación, se genera un sedimento, las llamadas «lías». Estas son basicamente levaduras que quedan en la botella, que al final, verás como una borra muy fina que genera esta cremosidad tan buscada y caracterizada de este tipo de vinos», dice Sebastián Bonfanti.
Un espumoso seco y borroso en la copa, con muy buena acidez y notas cítricas, especialmente de pomelo, que invita siempre a beber.

La contraetiqueta del Pet Nat explica el método ancestral.
Línea Reserva: Famiglia Cartellone
Por ahora esta novedosa línea está aún en barricas, pero ya pudimos apreciar el potencial de sus dos exponentes: el Bonarda 2020, una verdadera explosión frutal que se amalgama muy bien con la madera de roble de segundo uso; y también el Ancellota 2020, proveniente de un viejo espaldero también de Montecaseros, San Martín. Un vino que rinde homenaje a los ancestros italianos, como es el origen de esta variedad. De mucha estructura e intensidad, con notable fruta roja y notas de vainilla. Ideal para acompañar carnes o comidas bien proteicas.
Dos etiquetas que verán la luz del mercado próximamente y que completan el portfolio de Alfredo Cartellone.
La respuesta del consumidor
“Hay una apertura muy grande, existe mucha gente que busca alternativas y está muy enfocada en probar vinos de pequeños productores, vinos de autor, vinos de pequeñas partidas que son muy cuidadas en todo el proceso. Hay gente ávida de alternativas a los vinos típicamente comerciales o de grandes bodegas.

Sebastián Bonfanti, desde su bodega familiar en Perdriel, Luján de Cuyo.
«El consumidor quiere algo nuevo para probar. Vinos diferentes, livianos, fáciles de tomar. Me ha sorprendido la respuesta de la gente. Se ve mucho en las redes sociales”, comenta el agrónomo.
Vendimia 2021
La segunda añada de Tamboreo y Famiglia Cartellone está en plena marcha. “Ha sido una vendimia especial -hasta ahora-, nos han acompañado mucho las lluvias. Esto requiere más precaución en lo que se refiere a lo fitosanitario, es una vendimia que viene con algunos problemas de logísticas –disponibilidad de mano de obra, transporte.
«Es una cosecha que nos está marcando que como técnicos vamos a tener que ajustar muchas variables en cuanto al cambio climático que se viene y está muy marcado”, sostiene.

El Descorche Diario (Gustavo Flores Bazán y Andrea Ábalos) junto a los protagonistas en Bodega Bonfanti.
Dónde conseguirlos
Los vinos Tamboreo se pueden conseguir en algunas vinotecas y restaurantes de San Luis, Córdoba y Buenos Aires. Como también de forma directa a través de sus redes sociales.
En Instagram @Tamboreo.Vinos

