En el Mes del Malbec, Patricio Santos repasa una vendimia 2026 marcada por la calidad, revive la historia de su padre —pionero en posicionar la cepa argentina en el mundo— y analiza el nuevo escenario del vino frente a un consumidor que cambia.
En abril, el Malbec vuelve a ocupar el centro de la escena. Cada 17 se celebra su día a nivel mundial, pero en Argentina la conmemoración se extiende durante todo el mes como una oportunidad para mirar hacia atrás y entender cómo una variedad que supo ser considerada menor terminó convirtiéndose en emblema nacional y carta de presentación en el mundo.
En ese recorrido, pocas voces resultan tan representativas como la de Patricio Santos. Al frente de Bodega Ricardo Santos junto a su hermano Pedro, es heredero directo de una historia que ayudó a cambiar el rumbo del vino argentino: la de su padre, Ricardo Santos, uno de los grandes impulsores del Malbec cuando todavía no tenía el reconocimiento que hoy parece indiscutido.
En plena vendimia, y con el Malbec como protagonista del calendario, Patricio Santos, ingeniero agrónomo y enólogo de la bodega, combina memoria y actualidad. Habla de una cosecha marcada por la calidad, recuerda decisiones que marcaron época y analiza los nuevos hábitos de consumo que hoy desafían a la industria.
Patricio junto a su hermano Pedro y su hija «Belu», también enóloga de la bodega.
—Estamos en la recta final de la vendimia. ¿Qué balance hacés de la cosecha 2026?
—Estamos transitando los últimos días, seguramente esta semana y la próxima serán las más intensas. Ha sido una vendimia exigente, pero muy satisfactoria. En líneas generales, hubo menos uva en los viñedos, algo que se repitió en muchas zonas, pero lo más destacable es la calidad: realmente es muy alta. En nuestro caso, eso termina compensando el menor volumen y nos permite pensar en vinos con muy buena expresión. Cuando pasa esto, uno sabe que el trabajo fino en bodega va a ser clave para capitalizar esa materia prima.
—En el Mes del Malbec, tu historia familiar tiene un peso especial. ¿Cómo se construyó ese camino?
—Mi padre fue un verdadero convencido del Malbec en una época en la que, si bien era la variedad más plantada, no tenía prestigio. Era considerada una uva de segunda y se usaba mucho para cortes. A principios de los años 70 empezó a trabajar con un importador de Estados Unidos y entre el 73 y el 74 logró algo muy importante: exportar Malbec argentino como varietal. Hay que entender el contexto: en ese momento no se hablaba de varietales, el vino era blanco o tinto y cada bodega tenía su estilo propio. Apostar por identificar la variedad y llevarla al mundo fue una decisión muy adelantada a su tiempo.
Vendimia 2026: “Lo que faltó en volumen este año, por suerte se compensó con una calidad realmente muy alta”.
—Incluso hubo un cambio en el nombre del varietal…
—Sí, es una anécdota muy interesante. En ese momento se escribía “Malbeck”, con K final. Fue el propio importador el que planteó que esa terminación complicaba la comercialización, que había que simplificarla. Entonces mi padre no solo impulsó la exportación, sino que también hizo todos los trámites ante el INV para que se autorizara el uso de “Malbec” sin la K. Hoy parece algo menor, pero fue parte de ese proceso de construcción de identidad que hoy damos por sentado.
Patricio continúa el legado familiar que impulsó al Malbec cuando aún no era protagonista.
—En los 90, cuando todo apuntaba a otras variedades, él volvió a insistir…
—Exacto. En plena reconversión vitivinícola, cuando Argentina empieza a modernizarse, lo que se recomendaba era plantar Cabernet Sauvignon, Merlot o Chardonnay, que eran las variedades que el mundo demandaba. Y él insistió con el Malbec, aun cuando muchos le decían que ya había demasiado. Fue una decisión contracorriente, pero con una convicción muy fuerte. Con el tiempo quedó claro que tenía razón: el Malbec no solo se consolidó, sino que se transformó en la variedad insignia del país.
—Sin embargo, la bodega también se destaca con otras cepas, como el reconocido Semillón de Ricardo Santos…
—Sí, si bien el Malbec representa más del 70% de nuestra producción y es nuestra identidad, siempre buscamos explorar otras variedades. Un caso claro es el Semillón. En 2007 decidimos apostar por esta cepa, que tiene una historia muy importante en Argentina pero que había quedado relegada. No queríamos hacer un Chardonnay más, sino recuperar algo propio. Hoy vemos que el Semillón está volviendo, con nuevas plantaciones y mayor reconocimiento, aunque sigue siendo una variedad de nicho en términos de volumen. También elaboramos Bonarda, Sangiovese y Cabernet Sauvignon, cada uno con su perfil.
“El vino lleva más de 5.000 años de historia: hay que adaptarse, entender a las nuevas generaciones y seguir haciendo el mejor vino posible”.
—¿Cómo ves al consumidor actual en este contexto global?
—Creo que el panorama es desafiante. Hay una caída en el consumo de alcohol en general, y del vino en particular, que se ve en todo el mundo. No es algo local. Tiene que ver con cambios de hábito: los jóvenes consumen menos y los adultos también han reducido el volumen. Antes en una reunión se abrían varias botellas, hoy muchas veces se abre una sola y ni siquiera se termina. Es un cambio cultural que la industria tiene que entender.
Patricio Santos junto a «Belu» y su hermano Pedro, la nueva generación que proyecta el legado familiar.
—¿Te preocupa el futuro del vino?
—No lo veo con preocupación, sino como un desafío. El vino tiene una historia de más de 5.000 años, ha atravesado todo tipo de contextos y siempre se ha reinventado. Creo que ahora estamos en un momento de transición, donde la demanda está cambiando y la oferta va a tener que adaptarse. Hay que pensar en las nuevas generaciones, en qué buscan, en cómo consumen. Mientras tanto, lo más importante sigue siendo hacer el mejor vino posible.
—Desde hace un tiempo abrieron el turismo en la bodega. ¿Qué experiencias ofrecen?
—Sí, estamos abiertos todos los días con reserva y tratamos de ofrecer una experiencia cercana, muy personalizada. En esta época de vendimia hay algo especial, porque no solo se degustan vinos terminados, sino también lo que está en proceso: mostos, vinos en fermentación, distintas etapas. Eso genera mucha sorpresa en la gente, porque pueden ver y probar cómo ese jugo de uva se transforma en vino. Incluso para nosotros, que llevamos toda la vida en esto, sigue teniendo algo de misterio.
El Malbec de Bodega Ricardo Santos, un clasico del vino argentino.
En un presente donde el consumo cambia y las tendencias se diversifican, el Malbec sigue siendo mucho más que una variedad: es identidad, historia y proyección.
La voz de Patricio Santos no solo recupera el legado de su padre —uno de los grandes visionarios que apostó por esta cepa cuando pocos lo hacían—, sino que también aporta una mirada realista sobre los desafíos actuales de la industria.
En el Mes del Malbec, su mensaje resuena con claridad: adaptarse a los cambios y seguir construyendo sobre una historia que posicionó al vino argentino en el mundo.





