De paso por Mendoza con motivo de la Fiesta del Tomate, Juan Ignacio Gerardi —fundador de Bioconexión y referente en agricultura regenerativa— reflexiona sobre la salud de los suelos, el uso del agua y el futuro de la alimentación, en un debate que va desde los productores locales hasta el Foro Económico Mundial en Davos.
En un contexto global atravesado por la crisis ambiental, la degradación de los suelos y el debate sobre el futuro de los alimentos, la agricultura regenerativa aparece como una respuesta posible —y urgente— para repensar cómo producimos y cómo comemos. De paso por Mendoza con motivo de la Fiesta del Tomate, Juan Ignacio Gerardi compartió su mirada en diálogo con Conexión Agro, en Radio Nihuil, en una entrevista que invita a ampliar el foco y pensar la agricultura desde una lógica más profunda, sistémica y de largo plazo.
Gerardi es fundador de Bioconexión, una cooperativa que busca revalorizar los cultivos ancestrales y acercarlos al consumidor argentino, generando valor desde el origen y fortaleciendo el vínculo entre productores, territorio y alimento. Su visita a la provincia se dio en el marco de la cuarta edición de la Fiesta del Tomate, que se desarrolla en Chachingo, en Casa Vigil, junto a María Sance y Alejandro Vigil, una celebración que pone en primer plano a los productores y al tomate como símbolo de identidad agrícola.
De Mendoza al mundo: el debate por los suelos
Más allá del evento local, Gerardi llegó a Mendoza luego de una intensa agenda internacional. Viene de participar en el último Foro Económico Mundial (FEM) que se llevó a cabo del 19 al 23 de enero en Davos, Suiza, donde formó parte del panel “Suelos vivos, sistemas vivos: el futuro de la alimentación”.
Sin suelos sanos no hay futuro posible para la producción ni para la alimentación.
Allí, el debate giró en torno a un eje clave: la salud del suelo como base de la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de los sistemas productivos. Un tema que, según Gerardi, ya no admite postergaciones.
Una mirada que va más allá de la cosecha
Para el fundador de Bioconexión, uno de los principales problemas del modelo agrícola actual es la forma fragmentada en que se observa la producción. “Muchas veces miramos la agricultura como si fuera una foto: el momento de la siembra, el de la cosecha o el de la venta. Nos cuesta pensarla de manera sistémica, desde el principio hasta el final, y en realidad sin un final cerrado”, explica.
La agricultura regenerativa propone justamente lo contrario: conectar los ciclos, comprender que el suelo es un organismo vivo y que su deterioro compromete no solo la producción presente, sino también la futura.
Juan Ignacio Gerardi junto a un cosechador de maíz en el norte argentino.
“El suelo es el sostén de todo. Año tras año se va agotando y pierde características que después son muy complejas de recuperar”, advierte.
Regenerar no es un gasto, es una decisión
Uno de los puntos más contundentes de su planteo es la necesidad de cambiar la lógica económica con la que se analiza el cuidado del suelo. “No hay ningún agricultor que no quiera cuidar su suelo. El problema no es la intención, sino cómo lo hacemos y para qué lo hacemos”, sostiene.
Lejos de recetas universales, Gerardi remarca que cada campo y cada productor son únicos, y que el primer paso hacia la regeneración no es técnico, sino conceptual. “Cuando uno toma la decisión de regenerar el suelo, después las acciones empiezan a alinearse solas. Sin esa decisión, no pasa nada”.
Mendoza, el agua y la oportunidad de hacer bien las cosas
En una provincia donde el agua es un recurso escaso y estratégico, la agricultura regenerativa dialoga de manera directa con una conciencia ya instalada en el territorio.
“Mendoza es un ejemplo en el cuidado del agua comparado con otras partes del mundo. Hay que seguir profundizando esa línea y sumar tecnología, que tiene mucho para aportar en la optimización de los recursos”, afirma.
Agricultura regenerativa: una mirada sistémica para volver a conectar el suelo con los alimentos.
Según explica, suelos más sanos permiten sistemas más equilibrados, donde la necesidad de insumos —incluido el agua— puede reducirse en el tiempo, mejorando la resiliencia de los cultivos.
El desgaste del suelo y el límite del rendimiento
Gerardi también pone el foco en los riesgos de un modelo centrado exclusivamente en el rendimiento. “Exigirle al suelo que nos dé todo en cada cosecha, sin pensar en su recuperación, lo va llevando lentamente a un punto de no retorno”, señala.
La falta de rotación de cultivos, el uso intensivo de insumos y la presión constante sobre los suelos generan sistemas frágiles, con impacto directo en la calidad de los alimentos.
Del suelo al laboratorio: una alerta global
Su reciente paso por Suiza dejó una imagen inquietante. “Probé cacao suizo, café suizo. No es ciencia ficción: es una respuesta a la degradación del suelo. La humanidad tiene que seguir comiendo y esa es una de las propuestas que hoy están sobre la mesa”, relata.
Para alguien profundamente vinculado a la tierra y a los productores, este escenario resulta alarmante. Aun así, destaca que Argentina —y Mendoza en particular— todavía están a tiempo.
“Estamos bien, pero eso no significa que podamos quedarnos quietos. Hay que empezar a caminar en la dirección correcta”.
Regenerar el suelo no es un gasto, es una decisión estratégica.
Un cambio de época
Para Gerardi, la agricultura regenerativa no es solo una técnica productiva, sino parte de un cambio cultural más amplio. “Antes comíamos y alcanzaba. Hoy comemos y después nos suplementamos. Eso también habla de cómo están los suelos”, reflexiona.
En un mundo que cambia sus hábitos de consumo y sus formas de producir, la agricultura no puede quedar al margen. “Estamos frente a un cambio de época. Y como todo cambio, trae una oportunidad: la de hacerlo mejor. La agricultura regenerativa propone un camino más sostenible en el tiempo”.





