La Universidad Nacional de Cuyo distinguió al enólogo italiano Roberto Cipresso por su trayectoria internacional y su aporte al desarrollo del vino argentino. En diálogo con El Descorche Diario, reflexiona sobre el terroir, la montaña y el futuro de la vitivinicultura.
La Universidad Nacional de Cuyo otorgó el título de Doctor Honoris Causa al enólogo italiano Roberto Cipresso, en reconocimiento a una trayectoria de excelencia que lo posiciona como una de las figuras más influyentes de la enología contemporánea.
Impulsada por la Facultad de Ciencias Agrarias, la distinción pone en valor no solo su recorrido internacional, sino también su fuerte vínculo con Mendoza, donde dejó una huella decisiva en la evolución del vino argentino.
Cipresso fue cofundador en 1998 de Achaval Ferrer, proyecto clave en la revalorización del Malbec a partir de viñedos antiguos y una mirada profunda sobre el terroir. Más adelante, profundizó esa búsqueda con Matervini, explorando nuevas geografías en la precordillera.
En diálogo con El Descorche Diario, el flamante Doctor Honoris Causa compartió su emoción por el reconocimiento y analizó su recorrido y los desafíos del vino.
—¿Qué significa para vos haber recibido este Doctorado Honoris Causa?
—Es un honor, un sueño, un premio extraordinario que me llevo y me llevaré siempre. Son 30 años de trabajo en Mendoza que se sellan con un reconocimiento tan importante, que me va a acompañar por siempre.
—Tu carrera conecta Italia, Argentina y otros países. ¿Qué significa haber traído esa impronta a Mendoza?
—La experiencia del Viejo Mundo sirvió muchísimo. Todo el proyecto vinculado al terroir y a su cultura lo traigo de Italia y lo pude aportar acá con éxito. Pero también hay una conexión muy fuerte con la historia del inmigrante y, sobre todo, con el enorme potencial identitario que tienen los distintos lugares de Mendoza, que todavía hay que seguir desarrollando y mostrando.
Roberto Cipresso fue distinguido por la UNCuyo por su aporte al desarrollo del vino argentino.
—El estudio del terroir fue clave en tu reconocimiento. ¿Cómo fue ese proceso?
—A finales de los años 90 impulsé un cambio de dirección importante: buscar la expresión de las macrozonas identitarias, entendiendo suelo, clima y luz. Hoy estamos en una segunda etapa, que es el micro-terroir, especialmente en la precordillera.
“Son 30 años de trabajo en Mendoza que se sellan con un reconocimiento que me va a acompañar por siempre».
—Fuiste parte de proyectos clave en Argentina. ¿Cómo fue ese camino?
—Con Achaval Ferrer empezamos explorando esa macroárea. Después, con Matervini, seguimos investigando la precordillera, no solo en Mendoza sino también en San Juan y Cafayate. Siempre con la idea de descubrir nuevas potencialidades.
—¿Cómo nace tu vocación por la enología?
—Comencé estudiando Ciencias Agrarias en Padua, pero el gran cambio fue un máster en San Michele all’Adige, en Trento, que me abrió las puertas a Toscana. Ahí comenzó mi carrera. Y hubo algo clave: mi pasión por la montaña, que fue mi gran maestra.
El enólogo italiano destacó la emoción, el terroir y la montaña como claves del futuro del vino.
—Justamente, hablás mucho de la montaña. ¿Qué representa en tu visión del vino?
—La montaña enseña. Es una gran maestra. En condiciones extremas, la vida se expresa de otra manera, y eso también se refleja en el vino. La viticultura de montaña, heroica, permite que el vino exprese el lugar de forma única.
—También vinculás el vino con el arte. ¿Cómo se da ese cruce?
—El vino es poesía, es arte. Hay que mezclar su lenguaje con otras formas artísticas. Eso es la sinestesia. Para que las nuevas generaciones se enamoren del vino, necesitamos un lenguaje que conecte con la emoción y con otras expresiones.
—Hoy el consumo de vino enfrenta desafíos. ¿Cómo ves el futuro?
—No hay una única solución, pero sí un camino: cambiar el lenguaje, acercar el vino a nuevos públicos desde la emoción. El futuro está en vinos únicos, que transmitan algo profundo. Esa es la clave.
—¿Qué te sigue motivando?
—La aventura, la exploración. El vino alimenta mi curiosidad. Me apasiona seguir descubriendo los vinos del futuro.
(*) Agradecimiento a Oscar Pinco y Pasión por el Vino.



