Este 2 de octubre, la Escuela N.º 4-161 José Miguel Graneros, de Gustavo André, Lavalle, será sede de una nueva edición del concurso que reúne a estudiantes, docentes, universidades, productores e instituciones. El proyecto combina elaboración artesanal, investigación, análisis sensorial y aprendizaje colaborativo, con participación de escuelas de Mendoza y San Juan.
El próximo 2 de octubre, Gustavo André volverá a convertirse en punto de encuentro para estudiantes, docentes, instituciones educativas, productores y representantes de distintos sectores de la comunidad con la realización del XV Concurso Provincial de Licores Artesanales “Santiago Bazzali”.
La propuesta, organizada por la Escuela N.º 4-161 José Miguel Graneros, de Lavalle, lleva quince ediciones y se consolidó como una experiencia que trasciende la competencia. Detrás de cada licor presentado existe un proceso de investigación, elaboración, experimentación y trabajo colectivo que involucra a estudiantes y docentes durante buena parte del ciclo lectivo.
Participan principalmente estudiantes de 6.º año de escuelas secundarias técnicas y, en algunos casos, de 5.º año de escuelas orientadas. Los productos son evaluados mediante análisis sensorial por un jurado integrado principalmente por estudiantes y docentes de instituciones de educación superior.
Estudiantes de escuelas secundarias participan en el XV Concurso Provincial de Licores Artesanales de Gustavo André, Lavalle.
Entre las instituciones que participan en la formación y conformación del jurado se encuentran la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, la Universidad Tecnológica Nacional – Facultad Regional Mendoza, la Facultad Don Bosco de Enología y Ciencias de la Alimentación y el IES N.º 9-024 de Lavalle.
La articulación entre la escuela secundaria y la educación superior constituye uno de los rasgos distintivos de la iniciativa. Los jóvenes no solamente elaboran sus productos: también deben investigar, explicar sus procesos, intercambiar conocimientos y dialogar con estudiantes y docentes de otras instituciones.
Cuatro categorías para poner a prueba los conocimientos
Los licores artesanales se presentan en cuatro categorías: macerado tradicional, macerado innovador, no macerado tradicional y no macerado innovador.
El proceso de evaluación cuenta además con el acompañamiento de sommeliers, bartenders, chefs y especialistas, que colaboran en el desarrollo de una evaluación rigurosa y transparente. A esto se suma la participación y fiscalización de docentes de las escuelas participantes.
A lo largo de sus quince ediciones, el concurso fue ampliando su participación y sus vínculos institucionales. Para esta edición se espera nuevamente la presencia de escuelas técnicas de la provincia de San Juan, fortaleciendo el carácter regional de una propuesta que nació en Gustavo André y fue extendiendo sus redes hacia otras instituciones.
Aprender haciendo: cuando el aula se convierte en experiencia
Para los estudiantes de la Escuela José Miguel Graneros, el concurso representa la culminación de un proceso educativo que integra diferentes áreas de conocimiento.
Durante el año investigan, planifican, elaboran productos, calculan insumos y costos, trabajan sobre normas de higiene y seguridad, desarrollan estrategias de presentación y comercialización y aprenden a comunicar aquello que producen.
De esta manera, contenidos de diferentes espacios curriculares encuentran una aplicación concreta. El aprendizaje sale del aula y se transforma en producción, comunicación, experimentación y encuentro con otros.
La experiencia recupera así una concepción de la educación basada en el hacer y en la participación activa de los estudiantes, vinculando conocimientos técnicos con capacidades que también resultan relevantes para el mundo laboral y la vida comunitaria.
La Liga del Licor, una experiencia donde los estudiantes también enseñan
Uno de los componentes más particulares del proyecto es “La Liga del Licor”, una propuesta formativa integrada por estudiantes de 5.º año de la propia escuela.
A diferencia de quienes participan como competidores, los integrantes de La Liga asumen el desafío de investigar, estudiar y transmitir conocimientos que luego serán utilizados en la formación de quienes integrarán el jurado.
El concurso articula a escuelas, universidades, organismos públicos y distintos actores de la comunidad.
Durante meses trabajan sobre la cultura e historia de los licores, sus diferentes tipologías, procesos de elaboración, análisis sensorial y su relación con las producciones y culturas locales.
También recuperan recetas familiares, historias y conocimientos transmitidos entre generaciones, buscando preservar saberes vinculados con la identidad de la comunidad.
En ese recorrido aparecen contenidos relacionados con química, microbiología, bromatología, enología, análisis sensorial y comunicación. Pero existe un desafío adicional: transformar todo aquello aprendido en conocimiento capaz de ser compartido.
Por eso los estudiantes preparan exposiciones, organizan catas y desarrollan talleres destinados a alumnos de instituciones de educación superior que posteriormente participarán como jurados del concurso.
La dinámica invierte por un momento los roles tradicionales del aula: estudiantes de una escuela secundaria rural llegan a universidades e institutos superiores para compartir conocimientos con jóvenes universitarios y terciarios.
La experiencia les permite desarrollar herramientas vinculadas con la investigación, la expresión oral, la argumentación y la comunicación, al mismo tiempo que fortalece la valoración de los conocimientos y producciones de su propia comunidad.
Una red que vincula educación, Estado y producción
La organización del concurso también se sostiene sobre una red de instituciones que acompaña el proyecto y permite ampliar sus posibilidades.
Desde la escuela destacan la importancia de construir vínculos entre familias, Estado, universidades, sistema productivo y organizaciones de la comunidad, entendiendo que una experiencia educativa de estas características necesita de una articulación que trascienda las paredes de la institución.
En ese entramado participan el Gobierno de Mendoza, la Municipalidad de Lavalle, INTA, la Facultad de Ciencias Agrarias y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, la Universidad Tecnológica Nacional – Facultad Regional Mendoza, la Facultad Don Bosco de Enología y Ciencias de la Alimentación y el IES N.º 9-024 de Lavalle.
El proyecto requiere además recursos para refrigerios, papelería, traslados, materiales, insumos, infraestructura y premios. Por eso, desde la organización plantean la necesidad de consolidar una red amplia de colaboración que permita sostener la iniciativa en el tiempo.
Más allá de los licores y de la competencia, el proyecto pone en primer plano las capacidades de los jóvenes, el valor de la escuela pública y la posibilidad de generar vínculos entre educación, producción y territorio.
El 2 de octubre, Gustavo André será nuevamente escenario de ese encuentro. Una jornada en la que el conocimiento se transforma en producción, los estudiantes también asumen el rol de formadores y una comunidad educativa vuelve a poner en valor el trabajo realizado durante todo el año.




