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La Grand Place de Bruselas punto de reunión obligado en la capital belga.
  • Crónicas viajeras
  • 6 enero, 2020

Bruselas y Amsterdam: la Batalla de Waterloo y la Casa de Ana Frank

De Londres a Bruselas. Un paseo por la ciudad, admirar su señorío y revivir su historia, saborear sus chocolates y luego, un tren a Amsterdam.  La ciudad para recorrer en bicicleta con una mezcla de tradición, modernidad y buenas vibraciones.

Me encontraba en Londres y debía viajar a Bélgica. Aproveché la oportunidad de pasar por debajo de la gigantesca masa de agua del Canal de la Mancha a través del Eurotunel en el tren bala Eurostar que alcanza velocidades superiores a los 300 km por hora. Por los altoparlantes informan cuando se va a ingresar al túnel. Todo queda negro y los oídos se taponan debido al cambio de presión. Dos horas y dos minutos después aparecí en Bruselas, la cuna de Monsieur Poirot el detective de ficción de Agatha Christie.

Es una ciudad elegante, con señorío. Su núcleo es la Grand Place donde se erigen edificios góticos del 1600. Todos los extranjeros tienen paso obligado por esta plaza y siempre está llena.

Era verano y los músicos tocaban por la propina. Siguiendo el mapa llegué al colosal Palacio Real donde habita el actual Rey Balduino, hijo de Leopoldo III quien abdicó a su favor después de la Segunda Guerra Mundial. De ahí me dirigí a una construcción de diseño futurista, puro cristal y acero, que se contrapone con los añejos palacios. Allí sesiona el Parlamento Europeo ya que Bruselas es también la capital de la Unión Europea. El ir y venir de autos oficiales es incesante.

Bruselas es la capital de Europa. En este moderno edificio sesiona la Eurocámara.

Al otro día fui en tren de cercanías desde la estación Bruxelles Midi hacia la histórica ciudad de Waterloo a solo 20 kilómetros hacia el Sur. Los trenes salen cada 10 minutos y hay que tomar cualquiera que se dirija a Braine-l´Alleud y bajar en la parada Waterloo.

Aquí tuvo lugar la contienda bélica más importante del continente el 18 de junio de 1815. Se puede visitar el campo de batalla. Todavía  permanecen de pie la granja Hougoumont y la Fortaleza del Mont Saint Jean donde se desarrollaron feroces combates. Desde la Colina del León se aprecia todo el panorama donde ocurrió la sangrienta lucha que significó el fin del poderío de Napoleón.

La Colina del León, en Waterloo.

En un atril se explica la posición de las tropas británicas al mando de Wellington con 68 mil hombres y cómo envolvieron estratégicamente a los 72 mil soldados franceses para vencer al gran Bonaparte que fue confinado a la isla de Santa Elena donde murió en 1821. Al bajar de la colina hay un domo de 360 grados que, con sonido e imágenes, transmite la sensación de estar en medio del combate.

También se visita un museo de cera en la casa donde Wellington tenía su cuartel general. En la tienda de souvenirs compré un soldadito a escala de las tropas napoleónicas como recuerdo. Regresé a Bruselas donde me deleité con el chocolate.

Campo de batalla de Waterloo donde Wellington derrotó a Napoleón en junio de 1815.

Los belgas son mundialmente conocidos por el trabajo artesanal que hacen con este manjar. Hay infinidad de tiendas donde venden la más variadas confituras de esta dulce tentación.

Amsterdam, encanto y gentileza

Las distancias en el Viejo Continente son tan cortas que a los argentinos nos parece increíble. Solo 210 kilómetros separan dos capitales como Bruselas y Amsterdam. Partí en tren hacia el país de los tulipanes y en poco más de dos horas llegué a la Centraal Station.

Desde allí caminé veinte minutos hasta la puerta de la casa de Ana Frank donde me reuní con Danielle Poortman, una amiga holandesa que había conocido en un viaje por la India. Me esperaba con su bicicleta, el medio de transporte por excelencia de Amsterdam. Me alojé en su departamento del barrio Jordaan a solo cuatro minutos de la histórica casa.

Amsterdam es idea para recorrerla en bicicleta.

La ciudad me encantó. Es una mezcla de tradición, modernidad y buenas vibraciones. La gente sale a pasear en bote junto a los amigos en plan relax, comiendo una picadita y escuchando música. Todos hablan perfecto inglés y es muy fácil comunicarse. Son abiertos y cultos. No en vano Holanda es la cuna de artistas y pintores de la talla de Vincent Van Gogh y Rembrandt.

Las pinturas de estos genios se exhiben en museos de todo el planeta pero su hábitat natural es el Rijksmuseum, el más grande del país.

La casa del pintor Rembrandt se visita como museo.

Le tienen mucho cariño a la Reina Máxima y hablan muy bien de ella. La catedral donde se casó con el Rey Guillermo se llama De Kerk y está en pleno centro. Se puede visitar abonando entrada pero dije que era argentino y me dejaron entrar para hacer un par de fotos sin costo.

Catedral De Kerk donde se casó Máxima con el Rey Guillermo.

Mientras pedaleábamos por la ciudad veo una gran construcción de ladrillos rojos. Era la Heineken Bowery, la fábrica original de la popular cerveza. Se hacen visitas guiadas y tiene un shopping con todo tipo de artículos para fans de esta marca. Los parques reventaban de gente aprovechando el verano.

Amsterdam tiene muchos espacios verdes. El más grande es el Vondelpark donde el público se bañaba, tomaba sol, leía o jugaba al ajedrez gigante.

Muchos se sorprendían cuando les contaba que era el autor de la biografía autorizada de Mario Kempes. Lo recuerdan muy bien porque les hizo dos goles en la final del Mundial 1978 pero aun así lo admiran y respetan. A varios fans les dejé como recuerdo una figurita con la portada de la versión española del libro firmado por el mismísimo Matador.

La beerbike para alquilar con amigos y pedalear mientras se beben unas cervezas.

Soy un confeso fanático del queso y este país es famoso por la elaboración de lácteos. Una tarde compré 250 gramos de reggianito en una tienda especializada donde y lo engullí mientras paseaba. En casa de Daan lo comíamos a toda hora. No puede faltar queso en ninguna heladera holandesa.

Otro de los lugares renombrados de Amsterdam es la Zona Roja junto a los canales donde hay salas de striptease, sex shops y cabinas vidriadas donde las chicas se exhiben a la vista del potencial cliente. Si hay interés se les golpea la puerta, ellas entreabren y se negocia. Si hay acuerdo se ingresa ahí mismo y se cierra una cortina para tener privacidad. Funciona 24 horas. No se permite hacerles fotos. Todo se hace con tal orden y discreción que no resulta tan chocante.

El sitio más visitado es sin duda la casa ubicada en Prinsengracht 263 frente a un canal. Allí vivió Ana Frank, una adolescente alemana que huyó de su país con la familia en 1933 cuando Hitler tomó el poder y comenzó la persecución de judíos.

Cuando los germanos invadieron Holanda decidieron esconderse en la parte superior de su casa. El 6 de julio de 1942 ingresan al ático Otto, su mujer Edith y sus hijas Margot y Ana. También se refugiaron allí el matrimonio Van Pels, su hijo Peter y Fritz Pfeffer.

Prinsengracht 263, Amsterdam. La casa donde se ocultaron Ana Frank y su familia.

Estuvieron ocultos hasta el 4 de agosto de 1944 cuando una llamada anónima avisa al servicio de seguridad nazi que había judíos ocultos en esa buhardilla. Todavía hoy no se sabe quién delató a las ocho personas que fueron enviadas a campos de concentración. Ana fue a Bergen-Belsen donde murió de tifus en marzo de 1945. El único sobreviviente fue Otto quien publicó el best seller El Diario de Ana Frank con los escritos que su hija redactaba en cautiverio.

La casa es museo y se visita pero no está permitido sacar fotos en su interior. Se ven las habitaciones con los vidrios pintados de negro para que su presencia no fuera detectada desde las casas vecinas. Disponían de un solo baño para los ocho y se usaba solamente de noche o en emergencias para evitar el ruido de la cañería. Su diario fue publicado en varios idiomas y es un reflejo del sufrimiento judío durante la guerra.

Siempre comento que Europa es pequeña y lo atestigua el hecho de que mi último día de viaje fue un paseo gastronómico por tres capitales distintas: desayuné en Amsterdam con Danielle, almorcé solo en Bruselas y cené en Londres con amigos venezolanos. Desde allí tomé el avión de regreso a Argentina.


INFO PARA VIAJEROS

-Caja de chocolate belga por 250 gramos: 8 dólares.

Tren de Bruselas a Waterloo: 5 dolares.

-Ingreso al campo de batalla de Waterloo: 8 dólares.

Soldadito de plomo a escala: 4 dólares.

Tren Bruselas-Amsterdam: 50 dólares.

-Ticket Rijksmuseum: 20 dólares.

-Ticket Casa-Museo de Rembrandt: 15 dólares.

-Kalfsvleeskroket (bocadillo de queso): 2 dólares.

-Servicios de la Zona Roja: desde 50 dólares los 30 minutos (se negocia in situ).

-Paseo en barca por los canales: 18 dólares.

-Ticket Casa de Ana Frank: 11 dólares.

 

*Por Federico Chaine. Periodista especializado en viajes y turismo. Especial para El Descorche Diario.

Contacto: fedechaine@hotmail.com