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"Yo siempre estuve convencido de que quería tener una bodega propia"
  • Entrevista Exclusiva
  • 26 abril, 2022

Héctor Durigutti: “Al vino hay que sacarle un poco de protocolo y glamour”

Artífice de una empresa que está celebrando sus 20 años de vida, el reconocido enólogo y empresario, concretó un nuevo sueño junto a su hermano Pablo. La apertura del restaurante «5 Suelos – Cocina de Finca», dentro de un atractivo desarrollo enoturístico que pone en valor a Las Compuertas, en Luján de Cuyo. Una charla exclusiva con El Descorche Diario, donde Héctor habla sobre el avance inmobiliario y la perdida de viñedos, la Zona Este que los vio nacer, su proyecto en España y su visión del consumidor.

Héctor (52) es el mayor de los hermanos Durigutti. Junto a Pablo, nacieron y se criaron en el seno de un pueblo vitivinícola, Santa María de Oro, en Rivadavia. Desde muy pequeños se involucraron en la actividad, al comienzo jugando en la viña y subiéndose al camión de la familia y viviendo la vendimia desde adentro.

De esos recuerdos salió un vino llamado Cara Sucia, un tributo a esa infancia que los marcó a fuego y los atravesó en esta pasión única que es la vitivinicultura. El fallecimiento de su padre cuando en eran muy jóvenes, los hizo apoyarse en su mamá Victoria, un pilar fundamental en su vida a quién hoy le rinden homenaje dándole su nombre a la finca de Las Compuertas, en Luján de Cuyo.

La vida de Héctor y Pablo es una historia llena de superación y amor por la tierra, pero también marcada por ese espíritu de los emprendedores que no se conforman en un lugar de confort y su mirada estratégica los lleva a caminos a veces impensados, como vinificar y tener sus propios vinos en ambos lados del océano.

Héctor y Pablo Durigutti desde su finca en Las Compuertas.

La influencia de grandes maestros como Attilio Pagli, Alberto Antonini y Ángel Mendoza fueron marcando su camino. Hoy, desde Las Compuertas, Durigutty Winemakers se abre al mundo del turismo y la gastronomía con una propuesta de excelencia. Desde allí, pudimos compartir una charla íntima, donde Héctor Durigutti nos brinda su mirada, no solo de sus proyectos, sino de la industria.

-Contanos acerca de la apertura de 5 Suelos – Cocina de Finca, el nuevo restaurante que acaban de presentar recientemente junto a la bodega y todo lo que se viene dentro del proyecto Durigutti en Las Compuertas…

-Siempre digo que las cosas hay que hacerlas cuando estamos convencidos y tener una filosofía. Yo siempre estuve convencido de que quería tener una bodega propia y ser un enólogo independiente como también tener un proyecto familiar. Tuve la suerte que mi hermano me acompañó y hoy disfrutamos de esto que hacemos en conjunto. Siempre con un objetivo muy claro, que es Las Compuertas que es un pueblo, no un vino. Se trata de un lugar y queremos que la gente venga a probar sus vinos, a pasar el día, hacer un picnic y que pueda vivir una región vitivinícola. Por eso, nuestra casa ha sido preparada para poder disfrutar de todos estos lugares.

«Patricia (Curtois) es un excelente ser humano y lo que es como persona lo transmite en la cocina. Entendió muy rápido lo que nosotros queríamos hacer». 

-Desde la llegada con una plaza seca, con pérgolas y una barra para beber un vino o tragos a base de vino, escuchar buena música, disfrutar de una laguna para contemplar la naturaleza, los caminos, la huerta orgánica, el restaurante. Por supuesto, todo alrededor del vino. Hoy estamos orgullosos del restaurante “5 suelos – Cocina de finca” (ver nota) que le dimos forma de la mano de Patricia Curtois en la cocina y de Martín Krawczyk en la sommellerie.

-Con respecto a la gastronomía, rescataron sabores autóctonos, caseros, de productos locales e incluso tu madre se sentó a darle sugerencias a la Patricia Curtois…

-Patricia es un excelente ser humano y lo que es como persona lo transmite en la cocina. Entendió muy rápido lo que nosotros queríamos hacer. Queremos transmitir el concepto de cómo se comía en los pueblos. Revalorizar esas recetas, por ello aparece nuestra madre contándoles cómo ella hacía sus empanadas, por ejemplo. Buscar las recetas de nuestros antepasados y volver a ponerlas en valor. De eso se trata Las Compuertas y para eso es fundamental el trabajo del día a día con los seres humanos que son parte del pueblo.

-¿Qué tiene Las Compuertas que te enamoró? ¿Qué tiene de distinto a otras regiones vitivinícolas, cómo se lo contarías a un consumidor que no conoce la zona?

-Las Compuertas tiene historia. Si uno retrocede el reloj, lo que se ve es la toma de agua del dique Los Españoles, allá por el 1870 o las primeras plantaciones de viñedos en el 1900. Cuando en Europa llegó la filoxera, gran parte de viñedos se mantuvieron, es decir tenemos plantaciones pre filoxéricas; o sea, tenemos un capital vitivinícola muy fuerte y lo estamos perdiendo por el avance de la parte inmobiliaria que se está comiendo la vitivinícola, por sus propias vicisitudes a lo largo de todos estos años.

Finca Victoria, Las Compuertas, Luján de Cuyo.

-Tenemos una historia muy rica, un patrimonio histórico increíble y eso es lo que me enamora. La idea de poder recuperar eso, poder vivir entre viñedos a 15 o 20 minutos de la capital y que la gente tenga la posibilidad de recorrer viñedos y bodegas.

-Han recuperado un viñedo y hay gente que está trabajando en esto desde la DOC de Luján de Cuyo, por ejemplo. ¿Se puede ir revirtiendo eso o es muy difícil ganarle a las inversiones inmobiliarias?

-Se va a ganar en tanto y cuanto nosotros cuidemos al pequeño productor. Soy un fiel defensor de las IG y tenemos que ser serios en eso y cuidarla. Que no sea solo para comunicarlo. Cuidando a los pequeños productores, estas unidades económicas serán rentables y así no se verán tentados a vender. Para eso los que tenemos un negocio armado con respecto a una distribución de vinos es importante darle la oportunidad, comprando uvas de Las Compuertas, con ese valor agregado.

-Puede sonar egoísta, pero lo que me encantaría es que toda la uva de Las Compuertas no salga de aquí, que se elabore y se venda en Las Compuertas. Porque eso te da la oportunidad de tener productos que son únicos de una región única. Y así, el pequeño productor va a poder vivir como viven otros iguales en Europa. Para eso hay que trabajar muy fuerte en el turismo. Y hay que acercar a la gente. Eso no lo hace solo una bodega, lo hace la comunidad. Es un pueblo, lo hacen todas las bodegas y es lo lindo que está pasando ahora acá.

“Creo que se le puede ganar al avance inmobiliario, pero es un trabajo a largo plazo y un cambio de mentalidad muy fuerte”.

-Hay que crear la oportunidad para que la gente que venga pueda disfrutar de distintas propuestas y eso incluye al pequeño productor. Creo que sí se le puede ganar al avance inmobiliario pero es un trabajo a largo plazo y un cambio de mentalidad muy fuerte.

-Ustedes vienen de la Zona Este de Mendoza, ¿qué le falta a esa zona para ponerla en valor como lo están haciendo con Las Compuertas?

-Es muy duro, porque yo intenté hacer lo que hice acá en mi pueblo, en Rivadavia. El tema es que hay que cambiar la cabeza y pensar las cosas de una manera distinta. No se trata solo de una reconversión vitivinícola es mucho más profundo. Los productores de vino de Argentina, cada vez, tenemos que ser más serios, más consistentes y tener una filosofía.

“En la zona Este hay que cambiar la cabeza y pensar las cosas de una manera distinta”.

-Recuerdo de niño que hubo años que fueron fantásticos en las cosechas y la gente no reinvertía, por el contrario lo gastaba. Entonces cuando llegaban los malos momentos parecía que la culpa era del gobierno y no, era porque no había una conducta.

Los hermanos Durigutti, oriundos de Rivadavia, hoy llevan su expertise a Europa.

-Hay que empezar a trabajar con conducta. Trabajar con el apoyo de los gobiernos e incentivar a los gobiernos para que haya ayuda, pero sobre todo, tener una filosofía hacia dónde se quiere ir. La Zona Este tiene un potencial enorme, como cualquier región del país pero hay que hacer un cambio cultural muy fuerte. De hecho, ya hay enólogos que están trabajando fuerte en la zona y están difundiendo la región nivel internacional. Pero eso es solo un paso. Creo que se puede volver a recuperar, es una industria que tiene mucha historia.

-Hablamos de la Zona Este, de Las Compuertas y ahora Durigutti con una pie en España. ¿Cómo es esa ecuación que han logrado hacer para estar en dos continentes?

-Con Pablo desde muy chicos hemos tenido una visión y también la  posibilidad de viajar y recorrer distintas zonas vitivinícolas y hacer vinos en otras partes del mundo. Llegué a Galicia en el 2014 y pude conocer Rías Baixas y me enamoré de los blancos de ahí. Encontré vinos blancos antiguos y mientras más antiguos eran más ricos y con más personalidad. Y pensé, en Argentina tomamos los vinos blancos del año y aquí mientras más años tienen los vinos mejor son. Eso me llevó a recorrer diversas regiones en España y con la suerte de conocer grandes personas y fuimos invitados a participar de un proyecto en el Ribeiro, donde decidimos comprar una casa y una hectárea de un viñedo en medio de una aldea y reestructurarla; así surgió.

Héctor llegó a Galicia en 2014.

-Estamos muy contentos con esto y hemos encontrado vinos con mucha personalidad, mucho potencial. Creo que es una nueva España que no tiene nada que ver con el resto. Hay una gastronomía que pide a gritos vinos con influencia oceánica y eso es lo que otorga Galicia; frescura, mineralidad y vinos fáciles de beber pero con longevidad.

-Supongo que es un gran aprendizaje…

-Como enólogo, siempre digo, que fui uno de los afortunados de trabajar con dos grandes que fueron mis maestros y hoy ya son amigos: Attilio Pagli y Alberto Antonini. Me formé con ellos con un concepto muy europeo en el nuevo mundo, con miradas totalmente distintas. Por otro lado yo venía con una base de cómo hacer vinos en Europa y luego hacer vinos en Galicia fue otra experiencia distinta y que no tiene nada que ver con la Europa vitivinícola que conocemos. Es más la Europa conservadora con vinos de hace 50 años atrás. Eso es lo más lindo, descubrir lugares mágicos e históricos con un valor agregado muy grande que es la gente.

Héctor: «Tuve la suerte de que mi hermano me acompañó y hoy disfrutamos esto en conjunto».

-¿Y esa experiencia podrías traerla acá en Las Compuertas?

-Hemos comprado los cerros alrededor de la finca y la idea es plantar como se hace en Galicia. Pero para eso primero tengo que capacitar a todo el personal para que comprendan que se pueden hacer vinos en cerros o montañas. Eso es un cambio cultural. Termina siendo, muchas veces, un enfoque más evangélico (risas). Es decir, tenemos que preparar a la gente para que nos siga en el concepto que queremos transmitir.

-En este camino de hacer vinos cada vez más auténticos, fieles al terruño, en estos 20 años de Durigutti, ¿cómo apreciás hoy al consumidor?

-Hoy en día, hay un consumidor cada vez más joven que busca cosas distintas, que no es fiel a una marca. Es fiel a un estilo o a un pensamiento. Son los millennials que buscan cosas distintas y eso hace que haya mucha diversidad. Después hay un consumidor que mira eso pero también mira lo que estaba pasando y también está el consumidor tradicional.

Desde muy jóvenes Pablo y Héctor pudieron recorrer distintas zonas vitivinícolas del mundo.

-Hay que entender que todos los consumidores son importantes y es bueno dar una comunicación sana y muy relajada. Me refiero a una comunicación muy lisa, llana. Explicarle a la gente cómo es un vino, cómo se debe beber y sacarle un poco ese protocolo y ese glamour para que cada vez se vea el vino en todas las casas, restaurantes, bares. Empezar a mirar al consumidor desde otro ángulo.

“Es bueno dar una comunicación sana y muy relajada. Me refiero a una comunicación muy lisa, llana. Explicarle a la gente cómo es un vino, cómo se debe beber y sacarle un poco ese protocolo y glamour”.

-No nos olvidemos que hace 30 años había un consumo de 90 litros por cápita y hemos llegado a caer a 16. Tenemos que ver que hubo algo en el medio. Ver qué pasó que muchos consumidores dejaron el vino y se fueron a otras bebidas. Hay que hacer un trabajo de conciencia en todo esto para volver a captar a todos estos consumidores y entender lo que la gente busca.

Encuentro con los hermanos Durigutti. Gustavo Flores Bazán junto a Héctor y Pablo.

 

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