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En la laguna se ambientó la novela “Cañas y barro”, de Vicente Blasco Ibáñez.
  • Crónicas viajeras
  • 8 octubre, 2020

Laguna de “La Albufera” en Valencia

Un remanso de paz a poca distancia de la tercera ciudad más grande de España. Una escapada muy recomendada para relajar y degustar las mejores paellas de la región. Los atardeceres son inolvidables con el disco solar posándose en su plenitud sobre el horizonte de las aguas tranquilas hasta desaparecer dejando destellos de color fuego pintados en el aire. Aquí, el escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez ambientó su novela “Cañas y Barro”.

El Parque Natural de La Albufera se encuentra a 10 kilómetros al sur de la ciudad de Valencia. Es un área protegida que se destaca por el lago que lleva el mismo nombre y que está separado del mar Mediterráneo por una estrecha franja de arena. Su nombre deriva del árabe “al-buhayra”. España estuvo durante casi 800 años bajo dominio musulmán y muchas localidades han adoptado nombres en este idioma.

La reserva cuenta con 21 mil hectáreas y variada flora y fauna. Fue declarado Parque Natural en 1986. Se puede acceder desde el centro de Valencia en bus de línea o en el bus turístico. Son unos 25 minutos de viaje y una de las paradas se hace en el mismo embarcadero desde donde zarpan las barcazas que navegan el plácido lago.

Los paseos en barca son imprescindibles para recorrer la Reserva

Las embarcaciones llevan un pequeño motor y van desde los 8 a los 30 pasajeros. Cuentan con un guía y guardaparque que explica lo que vamos viendo. A pocos minutos de zarpar me llamó la atención que bajo las aguas brillaba, hasta el punto de parecer fluorescente, un musgo de color verde.

Le consulté al guía y nos contó que era un micro alga que ha proliferado debido a que en los últimos años los afluentes que alimentan la laguna han disminuido y provoca la formación de estos organismos tóxicos en el plancton del espejo acuático. Para lograr el equilibrio ideal, es necesario el ingreso de al menos 200 hectómetros cúbicos de agua pero los afluentes han retrocedido con el cambio climático.

Las barracas de pescadores bordean el lago.

Tal vez con el descanso que la humanidad le está dando al planeta con el Covid-19 los niveles hídricos vuelvan a ser los de antes. Todo un tema. Me senté en la proa de la barcaza que cortaba la superficie como si fuera manteca derretida. Había algunos pescadores y en el horizonte destacan pintorescas barracas que son las cabañas rurales donde habitan los pobladores locales.

La navegación dura poco más de una hora. Un guía guardaparque explica el recorrido.

En este idílico entorno se inspiró el laureado escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez para escribir la novela “Cañas y barro” en 1902. Está considerado entre los 100 mejores libros de habla hispana del siglo XX. Los memoriosos recordarán una serie con el mismo nombre que fue muy popular a finales de la década de 1970. Se ambientó y se filmó en este mismo lugar.

Una de las presas preferidas de los pescadores son las anguilas que se utilizan para el plato estrella de esta región y de toda España: la paella. En los sembradíos alrededor del lago se planta el arroz, materia prima de este manjar. Según la época del año en que se visite, se puede apreciar que luego de la cosecha los campos son quemados de manera controlada y preparados para la siguiente siembra.

La represa contiene el agua dulce de la laguna que desemboca en el mar.

Esto hace que flote en el aire un humo que en ocasiones llega al centro mismo de Valencia. En la cercana población de El Palmar hay numerosos restaurantes donde degustar paellas de todo tipo y variedad rodeados de un entorno bucólico que recuerda al de inicios del siglo XX cuando se escribió la novela. 

El paseo en lancha dura poco más de una hora. Una vez desembarcado, se puede caminar hasta el lindero Mediterráneo atravesando la Gola del Pujol. Hay senderos muy bien señalizados a través del bosque que bordean el canal de salida del agua del lago hacia el mar. Esto se regula mediante una pequeña represa que se abre o se cierra de acuerdo a la necesidad. Son unos 600 metros de caminata donde hay carteles informativos de la flora y fauna. Esta zona sirve también como parada a la inmigración de aves en temporada invernal.

Por este sendero entre los pinos se accede desde el lago al mar.

También explica el proceso mediante el cual el agua dulce llega al mar sin permitir que la salada penetre en el lago pese a su proximidad. Una vez que atravesamos el bosque aparece en todo su esplendor el azul Mediterráneo a la altura de la Playa del Saler a la derecha y el Puerto de Valencia hacia la izquierda.

La Playa del Saler sobre el Mediterráneo en la desembocadura de la laguna.

Es un remanso de paz a poca distancia de la tercera ciudad más grande de España. Una escapada muy recomendada para cambiar el chip y degustar las mejores paellas de la región. Los atardeceres de la Albufera son inolvidables con el disco solar posándose en su plenitud sobre el horizonte de las aguas tranquilas hasta desaparecer dejando destellos de color fuego pintados en el aire.

Disfrutar una paella típica en el pueblo de El Palmar.


INFO PARA VIAJEROS


-Bus desde Valencia: línea 25: 2 dólares.

-Bus Turístico: incluye paseo en barca. 19 dólares.

-Ingreso a la Albufera: gratuito.

-Paseo en barca: 7 dólares (diariamente de junio a setiembre. Resto del año, solo fin de semana).

-Playa del Saler: gratuita.

-Paella para dos personas en El Palmar: desde 23 dólares.

“Cañas y Barro” es un clásico de la literatura española.

*Por Federico Chaine. Periodista especializado en viajes y turismo. Especial para El Descorche Diario. Contacto: fedechaine@hotmail.com

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