Era un niño cuando vi por primera vez una foto de Machu Picchu. La hipnótica imagen de esa montaña cortada a pico con las construcciones de piedra rodeadas de selva se grabó en mi mente. Me prometí que algún día caminaría entre las paredes de esa fabulosa obra humana. Es una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo elegidas en votación universal por internet.
Decidí lanzarme a la aventura haciendo todo el trayecto en micro desde Mendoza hasta La Quiaca y atravesando Bolivia. Mi primera escala en Perú fue en Puno a orillas del lago Titicaca. Es una ciudad con más de un millón de habitantes. Desde su puerto salí en barco rumbo a las misteriosas islas de los indios Uros.
El capitán me enseñó algunas palabras en quechua y aymara, otros idiomas que hablaban los Incas. Anoté los apuntes en mi libreta para no olvidarme. ¡Hola! en aymara se dice kamisaraki y en quechua es imainalla.

Lugareñas esperando nuestra llegada a la isla de Khana-Uru.
La isla de los Uros: una tribu descendiente de asiáticos y sus construcciones de la totora
Conocer esta tribu fue una de las grandes sorpresas del viaje. Descienden de asiáticos que se asentaron en las orillas del Titicaca donde conocieron la planta de totora. Viven en islotes hechos de este material que empalan al fondo del lago para fijarlos.
No solo el piso es de totora sino también las casas y sus botes. Se ganan la vida con el turismo y vendiendo su pesca en Puno. Visite la isla de Khana-Uru donde tres nativas nos contaron su forma de vida.

Los islotes están construidos con totora empalada al fondo del Titicaca.
Acababan de renovar el suelo con totora fresca y sentir que el piso se hunde a tus pies y debajo solo hay agua helada es bastante inquietante. Allí conocí a dos inglesas, Kate y Ashlyn, junto a quienes días más tarde subiría a pie hasta Machu Picchu.

Remando en uno de los tradicionales botes de totora, medio de locomoción en las islas flotantes de los Uros.
De Cuzco a Aguas Calientes
Poco a poco me acercaba a ese destino final pero faltaba conocer más historias en la ciudad de Cuzco, antigua capital del Imperio y núcleo desde donde partían los caminos del Inca. Su nombre deriva del quechua C´osc que significa ombligo y fue en este lugar donde Manco Capac hundió el bastón de oro que le había entregado Inti, su padre todopoderoso.
Fundó así la ciudad que manejó los destinos de la civilización más avanzada de América hasta que los españoles la aniquilaron en 1534. El punto neurálgico es la Plaza de Armas rodeada de los restaurantes y comercios más importantes. Frente a ella destacan la Iglesia de la Compañía de Jesús y la Catedral con su estilo barroco.

La Plaza de Armas es el centro neurálgico de la ciudad de Cuzco.
Estas joyas coloniales impactan desde su exterior pero adentro dejan sin aliento con sus altares enchapados en oro. Hay que verlo personalmente porque se prohíbe sacar fotos. Hay muchas iglesias que los españoles erigieron sobre templos incaicos que eran antisísmicos.
Otro lugar interesante es el Convento de Santo Domingo construido sobre el templo Koricancha dedicado al Dios Sol. Los cuzqueños hablan de una venganza cuando en 1950 un sismo derribó la construcción española pero dejó en pie la parte inca. La ciudad es colonial con casas de balcones de madera que se aprovechan para tomar un café o un té de coca.
En la calle te asedian vendedores y niños que por una propina te preguntan el país de origen y de memoria te recitan el nombre del presidente, la capital, el color de la bandera y la cantidad de habitantes.
Desde Cuzco se inicia el viaje a través del Valle Sagrado de los Incas hasta Machu Picchu visitando las ciudades de Pisac y Ollantaytambo. Aquí compré un bastón ceremonial con la cara de un brujo tallada en arcilla. Sus dientes y el cuerno que forma el mango son de cabra. Perdí unos minutos regateando el precio pero valió la pena. Tomé el tren Backpacker (mochilero) de Perú Rail hasta Aguas Calientes donde me instalé en un hostel rodeado de jungla.

Tiempo de relax en piletas con aguas termales en el pueblo de Aguas Calientes.
Desayuné antes de la salida del sol. Había gastado doce dólares en un bus que en veinte minutos te lleva a la cima donde está la ciudadela. El dueño del hostel me comentó que se podía hacer el camino a pie en poco más de una hora por un sendero marcado a través de la selva. No lo pensé dos veces. Revendí el boleto y comencé a caminar ayudado por mi bastón.
Me reuní con las inglesas y trepamos juntos. Era temporada húmeda y las nubes surgían de los árboles. Le daban un toque enigmático al paisaje que no se aprecia en la temporada seca, de mayo a octubre, que además es la más cara.
Machu Picchu: donde se te transforma el alma
Subimos los últimos metros hasta la garita de entrada y tras pagar los veinte dólares mejor gastados del viaje, me introduje en ese mágico lugar que es Machu Picchu, “Montaña Vieja” en quechua.
Está ubicado a 2.490 m.s.n.m. Lo descubrió el norteamericano Hiram Bingham el 24 de junio de 1911. Se orientó gracias a un dato del campesino Melchor Arteaga que vivía cerca y sabía de las ruinas ocultas por la vegetación.
Me senté en una roca y dejé que el lugar absorbiera mis sentidos. Estudié el plano que te dan al pagar la entrada y subí hasta el Recinto del guardián desde donde se saca la foto típica de la ciudadela. Vi el Intiguatana, un observatorio astronómico y el Templo de las tres ventanas donde realizaban ceremonias religiosas. No se puede ingresar con botellas de agua pero eso no es un problema ya que todavía brotan manantiales de agua mineral que se bebe sin problemas con solo extender la mano.
Hay guardias con silbato que cuidan que nadie se trepe a las rocas. Me topé con el infaltable grupo de japoneses portando lo último en tecnología digital. Un guía los hacía gritar en un sector de la plaza central y el eco recibido era nítido. Me uní a ellos y gritamos todos a la vez. Era impecable el rebote en esas paredes de piedras ensambladas a la perfección. Uno se pregunta cómo hicieron para erigir semejante ciudad en esas alturas y terreno montañoso. Fue el único sitio inca que los españoles jamás descubrieron.

Asombra la perfección con la que están ensambladas las piedras de cada construcción.
El mundo esperó hasta el siglo veinte para poder gozarlo. Bajé hasta la Roca Ceremonial, la otra de las grandes piedras energéticas de América. Dicen que hay que pararse de frente para recibir su poder. Para mí todo el entorno, no solo esa roca, irradia algo que transforma el alma. Tiene justificado el rótulo de Maravilla de la Humanidad.
Trepé al monte Huayna Picchu, en este caso Montaña joven, que está enfrente. Hay que firmar un libro de entrada y salida para evitar que alguien se quede a hurtadillas a pasar la noche allí. Es tan empinado que muchos sectores tienen sogas para impulsarse al subir o frenarse al bajar por la roca resbaladiza.

La cima del monte Huayna Picchu marca el punto más alto de todo el complejo.
Llegar a la cima jadeando es un placer. La vista de la Ciudadela desde la altura es deslumbrante. El rio Urubamba suena abajo con sus aguas marrones de turbulencia. Descendí lentamente y regresé al hostel. Al día siguiente vi todo con otros ojos.
«Para mí todo el entorno, no solo esa roca, irradia algo que transforma el alma».
Por 15 soles (5 dólares) ingresé en un complejo termal del que toma su nombre el pueblo de Aguas Calientes. Hay piletones a cielo abierto con el preciado líquido sulfuroso de distintas temperaturas. Descansé mi adolorido pero feliz cuerpo y me preparé mentalmente para emprender el largo regreso de cuatro días en micro hasta Mendoza. Había cumplido uno de mis sueños de la niñez conociendo Machu Picchu.
INFO PARA VIAJEROS
– Hostel en Aguas Calientes: 22 dólares.
– La compra de entradas se realiza on-line en la web: www.machupicchu.gob.pe
– Desde el 1 de enero de 2019 se han restringido los horarios de visita para preservar el lugar y evitar tumultos. Se venden entradas desde las 6 am hasta las 2 pm. Las de la tarde son más económicas. Consultar en la web señalada sobre las opciones que incluyen la Ciudadela solamente o las Ciudadela más Monte Huayna Picchu y Montaña Machu Picchu.
– Horarios y tarifas de trenes:
– Baños termales: 6 dólares (llevar traje de baño y toalla).
*Por Federico Chaine. Periodista especializado en viajes y turismo. Especial para El Descorche Diario.
Contacto: fedechaine@hotmail.com
