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Roberto de la Mota, una de las voces más influyentes de la vitivinicultura argentina.
  • Entrevistas
  • 20 abril, 2026

Roberto de la Mota: “El Malbec argentino no tiene fin y todavía tiene mucho para dar”

El reconocido enólogo analiza el presente del Malbec, su posicionamiento global, los cambios en el consumo y los desafíos para reconectar con los jóvenes. Además, reflexiona sobre el valor del terruño y recuerda con emoción a Felipe Staiti.

Referente indiscutido de la vitivinicultura argentina, Roberto de la Mota ha construido una trayectoria sólida que lo posiciona como una de las voces más autorizadas de la industria. Su trabajo ha sido clave en la consolidación del Malbec como emblema nacional y en la evolución de los vinos argentinos en las últimas décadas.

En un contexto de cambios en los hábitos de consumo y nuevos desafíos para la industria, su mirada resulta especialmente relevante. Desde su rol en la Denominación de Origen Controlada Luján de Cuyo, también impulsa una agenda centrada en la defensa del origen, la identidad y el patrimonio vitivinícola.

En diálogo con el programa radial Conexión Agro, por Radio Nihuil, abordó el presente y futuro del Malbec, su posicionamiento internacional, los cambios en el consumo y el trabajo de preservación del terruño.

—Estamos en la semana del Malbec. ¿Qué significa hoy esta variedad para la Argentina?

—Sigue siendo y lo será por muchísimo tiempo nuestra variedad bandera, nuestro vino más insigne. Argentina tiene algo que nadie más tiene: una diversidad genética de Malbec que no existe en otro lugar del mundo.

—Hoy tenemos casi 50.000 hectáreas plantadas, mientras que en Cahors, su lugar de origen, hay apenas 3.320. Solo en Luján de Cuyo tenemos unas 9.000. Eso marca claramente la diferencia”. Además de los terroirs, hay una evolución genética que se dio en el país durante décadas. Eso hace que tengamos una población de Malbec única. Por eso digo que el Malbec no tiene fin.

—Muchas veces aparece la discusión de si hay que ir más allá del Malbec… ¿cómo lo ves?

—Yo digo que sí, que hay que desarrollar otras variedades porque Argentina tiene condiciones extraordinarias para muchas cepas. Pero el Malbec no tiene techo.

“El Malbec no tiene fin: en Argentina tenemos una diversidad genética y de terruños que no existe en ningún otro lugar del mundo”.

—Si uno piensa en la Borgoña, llevan 1.500 años haciendo Pinot Noir y a nadie se le ocurre cambiar. Nosotros tenemos una joya y hay que seguir profundizándola.

—Hoy también se habla mucho del cambio en el consumo, sobre todo en los jóvenes. ¿Por dónde pasa el desafío?

—Hemos cometido errores importantes. Permitimos que el vino se metiera en la misma bolsa que cualquier bebida alcohólica y eso nos perjudicó. El vino tiene alcohol, sí, pero también tiene cultura, historia, tradición y un montón de componentes que lo diferencian. Eso no lo supimos comunicar.

Desde Luján de Cuyo, Roberto de la Mota impulsa la defensa del origen y la identidad del vino argentino.

—¿Y cómo se los vuelve a acercar al vino?

—Por la experiencia. El vino no es alcohol, es una experiencia gastronómica. Hoy los jóvenes buscan vivir experiencias más que consumir productos. Ahí el vino tiene una oportunidad enorme, vinculado a la gastronomía y al turismo.

—Te cuento una anécdota: le ofrecí vino a un joven y me dijo que no tomaba alcohol. Entonces le hablé de la experiencia de comer ostras con un vino blanco o un espumante, o de un tinto con un asado. Tiempo después me lo volví a cruzar y el padre me dijo: ‘Ahora toma vino con las comidas’. Ese es el camino.

—También han cambiado los estilos de consumo y de vino. ¿Cómo ves esa evolución del Malbec?

—Hay un cambio claro. Los vinos muy concentrados y estructurados van cediendo lugar a vinos más elegantes, con taninos más suaves y mayor frescura. También hay cambios en la alimentación: se consumen menos comidas pesadas y más opciones livianas. Eso impacta directamente en el tipo de vino que se elige.

“El vino no es simplemente alcohol, es una experiencia gastronómica, cultural y social que tenemos que volver a enseñar”.

—Vos que recorrés mucho el mundo, ¿cómo está visto hoy el Malbec argentino afuera?

—Muy bien. Yo recuerdo una presentación en Nueva York con Robert Parker y Michel Rolland, donde ya se hablaba del Malbec como el vino del siglo XXI. Tiene características muy valoradas: color intenso, fruta marcada como ciruela y cereza negra, frescura y taninos suaves. Es un vino amable, fácil de tomar, y eso lo hace muy competitivo.

—Desde la DOC Luján de Cuyo vienen trabajando fuerte en el origen. ¿En qué están hoy?

—Proteger el origen. Hoy tenemos cerca de 900 hectáreas dentro de la Denominación de Origen Controlada Luján de Cuyo, pero hay mucho más por hacer. Estamos trabajando con el INTA para estudiar las diferencias entre distritos como Vistalba, Las Compuertas, Agrelo o Perdriel. Queremos demostrar científicamente lo que ya percibimos en los vinos.

—Y ahí aparece también el tema del avance inmobiliario…

—Es un tema clave. No todo puede ser barrio privado. El viñedo es parte del paisaje, del turismo y de la identidad de Luján. Hay un trabajo conjunto con el municipio para ordenar el territorio y preservar ese patrimonio. Eso es fundamental para el futuro.

Roberto de la Mota junto a su hijo Rodrigo de la Mota, compartiendo una pasión que trasciende generaciones.

—En este contexto, con cambios en los hábitos y el consumo, ¿cómo lo ves hacia adelante?

—La vitivinicultura tiene 8.000 años, así que no se va a perder. Esto es un periodo de baja, un momento de transición. Lo que tenemos que hacer es adaptarnos. Cambiar estrategias, no solo en la comunicación sino también en la comercialización.

—Hoy ya no hacemos vino para un mercado general. No es ‘el mercado americano’. Hacemos vino para un consumidor específico, por ejemplo para una cadena de steakhouse en Texas. Es un trabajo mucho más fino, pero es el camino.

Con la claridad que lo caracteriza, Roberto de la Mota dejó en claro que el Malbec argentino está lejos de haber alcanzado su techo. Su diversidad, su historia y su capacidad de adaptación lo sostienen como una de las grandes expresiones del vino mundial.

Homenaje a Felipe Staiti

La charla tuvo también un momento de profunda emoción, al recordar con pesar la reciente partida de Felipe Staiti. “La verdad que me golpeó durísimo. No sabía que estaba enfermo. Habíamos hablado hacía muy poco y no me dijo nada… me enteré ese mismo día y casi no pude dormir”.

La noticia sorprendió a toda la comunidad mendocina, que rápidamente se volcó a las redes con imágenes, música y recuerdos. Un homenaje espontáneo que reflejó el cariño y la huella que dejó Felipe, quien además de la música, en los último años incursionaba en el mundo del vino con absoluta pasión.