“El mundo ha logrado avances sin precedentes, pero ningún país ha alcanzado la igualdad de género”. (Naciones Unidas, 2020)
Desde 1975, cada 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. Si bien esta fecha tiene un largo recorrido histórico que la precede, lo cierto es que se instituyó a partir de las luchas por la igualdad de género. Desde El Descorche Diario, hoy las homenajeamos, y lejos de caer en lugares comunes que trivializan la realidad, queremos celebrarlas creando un espacio que permita oír sus voces, conocer sus historias y formas de pensar. Buscamos ponerle rostro al trabajo de muchas mujeres.
Ellas son las protagonistas de una industria desafiante y también cambiante. La vitivinicultura y el Enoturismo han recorrido un extenso camino y muchas mujeres fueron y son hacedoras fundamentales de la historia. Sin embargo, y en concordancia con datos universales, aún no alcanzamos la ansiada “igualdad”.
Sabemos que una muestra nunca será la totalidad. Por ello, tomamos las voces representativas de cada sector y confiamos en que sus relatos sean los de muchas otras mujeres. Se trata de historias de vida y de esfuerzo, de trabajo y fundamentalmente, historias de amor y pasión.
Enólogas, ingenieras, sommeliers, docentes, investigadoras, productoras, cosechadoras, comerciales, responsables de Turismo, empresarias, dirigentes, comunicadoras, científicas, contratistas; todas son eslabones de una cadena en la industria vitivinícola donde la mujer adquiere día a día mayor liderazgo.
Sin embargo, y a pesar de los espacios conquistados a fuerza de trabajo y capacidad, la gran mayoría coincide en que aún persiste la inequidad. Una inequidad que duele y que es imperioso colocar en la agenda pública. El denominador común es la sobrecarga con la doble tarea “hogar-trabajo”; las asimetrías salariales y en algunos casos, la lisa y llana desventaja por el simple hecho de ser mujer y la posibilidad de la maternidad. Sin dudas que nos queda mucho por repensar y abordar. Pero, hay un camino recorrido y hoy le agradecemos a las pioneras que lo iniciaron.
Ana Puelles, Patricia Ortiz, Marina Beltrame, Miriam Gómez, Adriana Martínez, Julia Zuccardi, Ingrid Poblete (Chile), Viviana Leta, Carmen Pérez, Abelina Valencia, Daniela Reina, Natalia Arabi Katbi, Silvia Corti, Madgalena Pesce, Andrea Ferreyra, Adriana Cerón (Chile) y Lizy Bordin.
17 mujeres de Argentina y Chile pasaron por EL DESCORCHE DIARIO y nos dieron su visión acerca del rol de la mujer en la industria, lo que nos falta para alcanzar la igualdad de género y nos permitieron entrar a sus vidas, contando sus rutinas, pasiones, amores, trabajos.
Multifacéticas, alegres, apasionadas, meticulosas, activistas, responsables, viajeras, soñadoras, curanderas, deportistas, corredoras, escritoras, cocineras, costureras, amigueras, aventureras. Todas distintas e iguales a la vez. Diferentes miradas y vivencias.
Pero, como nos recuerda Clarissa Pinkola Estés, analista junguiana y doctora en psicología etnoclínica: “(…) dentro de cada mujer habita una fuerza poderosa. En nuestro ser más íntimo reside un torbellino de buenos instintos, de creatividad, de pasión y conocimiento atemporal que en ocasiones, la propia sociedad nos ha hecho olvidar en su intento por “domesticarnos”.
“Ahora bien, nuestra cultura, terriblemente inmadura aún, no entiende cuál es el auténtico significado de fortaleza. Fuerte es quien encara, quien no huye, quien muestra sin miedo su identidad, no se rinde y es capaz de vivir con alegría y coraje”, sentencia la especialista.
Sin dudas, hay una fuerza más grande que mueve a las mujeres: el amor. “El amor es la única fuerza que jamás se extingue o se apaga para siempre. Es una entidad transformadora que se extiende, que nos permite madurar”, nos aclara Pinkola Estés.
ANA PUELLES

Ana Puelles (45), licenciada en Enología, docente. Combina las dos pasiones: hacer vinos y enseñar a los futuros profesionales del mundo del vino. Coordinadora de la bodega de la Universidad Juan Agustín Maza y del área de Extensión de la facultad de Ingeniería y Enología.
“Mi opinión es que cada profesional debe encontrar su lugar en este mundo tan exigente, pero también creo que las mujeres hemos demostrado poder estar a la altura de las circunstancias, y para eso trabajamos, estudiamos y nos perfeccionamos constantemente”.
“¿Qué falta? ¡Buena pregunta! Yo creo que estamos avanzando mucho en la igualdad entre hombres y mujeres, a mi parecer faltaría la igualdad remunerativa”.
“Tengo tres hijos, por lo que me organizo para poder estar con ellos. Sin embargo, en época de vendimia hay mucho trabajo y ellos lo saben, a veces me acompañan y ayudan en la bodega. También estoy a cargo de varias cátedras el primer semestre. Así que el tiempo vale oro y hay que saber coordinar todo, para que salga bien. Amo esta profesión. Uno llega al final del día agotada, pero feliz y realizada de hacer lo que te apasiona”.
MARINA BELTRAME

Marina Beltrame (51), madre de dos hijos adolescentes. Fundadora y directora de la escuela Argentina de Sommeliers desde 1999. Primera sommelier de la Argentina.
“Mi campo laboral abarca principalmente al vino y otras bebidas como también, a productos gourmet. Si bien originalmente se asociaba al género masculino, el tiempo demostró que las mujeres nos posicionamos y ganamos un lugar protagonista en esta actividad ya que, concretamente la sommellerie, está muy asociada a la comunicación. Desde el inicio de la escuela, la participación tanto en la carrera como en cursos y talleres, igualan en asistencia, a hombres y mujeres”.
“Personalmente me gusta seguir pensando en que nos podemos complementar maravillosamente bien. Desde ya, son incuestionable las múltiples capacidades y debilidades de muchas mujeres y hombres en el campo profesional como personal y sanamente explotar nuestras habilidades”.
“Fue una elección liderar una empresa, ser madre, amiga, esposa, deportista, entre otros y el balance es lo más difícil de alcanzar. Yo soy muy apasionada y tengo la fortuna de poder volcar mi tiempo donde más me gusta, aunque me tenga todo el día ocupadísima y resulte a los ojos de todos “incasable”. Creo que tiene más que ver con el disfrute y ser más bien agradecida por tanto bueno que llega. También es cierto que hace rato me duele mi país, me gustaría que fuera distinto en muchos sentidos, pero sigo trabajando con honestidad y respeto”.
PATRICIA ORTIZ

Patricia Ortiz (62), casada hace más de 40 años, cinco hijos profesionales. Es médica nefróloga, counselor de la Universidad de Miami en Adicciones y psicóloga social. Actualmente, preside Bodegas de Argentina, la Cámara Nacional de la Industria y dirige su empresa familiar, Fincas Patagónicas, con tres bodegas –dos en Mendoza y una en Río Negro- dedicadas al vino premium de exportación.
“Hoy, hay pocas mujeres en posiciones de liderazgo, pero muchas en el sector, ya sea en posiciones administrativas u operarias”.
“Lo que falta son políticas flexibles y que los hijos no sean más una responsabilidad exclusiva de las madres. Necesitamos mayor igualdad en los temas comunes familiares- domésticos cuando se trabaja fuera del hogar”.
“Mi vida es compleja, resido y tengo mi familia en Buenos Aires, pero viajo todas las semanas a Mendoza. Me despierto muy temprano y tomando mate leo varios periódicos, después reviso los correos y armo una «lista» de temas a resolver. En Mendoza, voy a la bodega de Luján de Cuyo donde están las oficinas. Si estoy en Buenos Aires, trabajo desde mi casa. Mi día termina alrededor de las 19. Me encanta cocinar y ver alguna película o serie antes de dormir. Los fines de semana vienen mis hijos, comemos juntos y compartimos mucho, todos tienen actividades distintas e interesantes”.
ADRIANA MARTÍNEZ

Adriana Martinez, licenciada en Enología. Propietaria de Mythos Wines Argentina. Fundadora de la primera Asociación Mujeres del Vino de Argentina: AMUVA y representante en Argentina de Sylvain Famille Groupe.
“Creo que la mujer vive un merecido presente. Ha costado pero hoy puedo experimentarlo y también verlo en mis pares. Ni hablar de las nuevas generaciones que viajan a regiones vitivinícolas remotas y lo hacen de una manera natural y hasta lo viven como una aventura. Por supuesto que todo ha evolucionado, tecnología y comunicaciones nos han facilitado y acortado distancias, especialmente en esta época de pandemia donde nació una manera distinta de llegar a países y consumidores a los que antes solo se hacía tomando un avión”.
“En cuanto a la igualdad de género, lo primero es empezar a aspirar a que desaparezca la violencia de género en todas sus manifestaciones, deuda pendiente de nuestra sociedad. En lo laboral creo que se ha avanzado mucho pero todavía falta una igualdad de salario, de oportunidades y de mayor visibilidad. Tengo un grupo de WhatsApp donde somos más de 100 profesionales entre enólogas y agrónomas y no todas son conocidas. Reconozco que no todas se organizan o pueden equilibrar sus responsabilidades. Siempre la etapa maternal coincide con la de mayor productividad pero también con la juventud y todo se puede”.
“Si te contara cómo es un día de mi vida, empezaría por decirte que la palabra rutina no existe, cada día es diferente porque hago muchas actividades no solo laborales, deportivas y familiares, sino también participo de eventos relacionados a mi profesión. Soy sociable por naturaleza y disfruto de cada cosa que hago. Hace muchos años que trabajo en forma independiente y si bien esta elección implica cierta inestabilidad económica, he sabido organizarme. No renunciaría a la libertad que significa; es lo que me ha permitido desarrollar distintas áreas de mi profesión, expandirme hacia nuevos desafíos. El tener disponibilidad de tiempo para viajar y seguir estudiando también es una enorme ventaja”.
“Con respecto a mi vida familiar, nunca tuve que renunciar a nada o postergar mis proyectos por ser madre, y en lo que respecta a las tareas del hogar, siempre las he compartido con mi esposo. Hoy ya no es como antes, que todo el trabajo de la casa recaía en la mujer. Ha costado cambiar ese aspecto de la sociedad pero es una realidad que cada vez se evidencia más”.
JULIA ZUCCARDI

Julia Zuccardi (38). Responsable de Hospitalidad en Familia Zuccardi. También tiene a su cargo el área de Responsabilidad Social del grupo y los Centros Culturales.
“Particularmente, tengo que agradecer que en mi empresa el rol de la mujer siempre ha sido protagónico. Desde mi abuela que arrancó junto con mi abuelo y estuvo muy presente del desarrollo y crecimiento de la bodega; luego mi mamá que se une a mi papá y hoy sigue siendo gerente comercial en Argentina; y finalmente, llego yo. Es decir, jamás he sentido dificultad al ser mujer en esta industria. Quizá sí mi mamá las vivió más de cerca porque en ese momento era mucho más raro que una mujer vendiera vinos o saliera a hacer degustaciones. La realidad es que hoy, siento que en mi generación hay un montón de mujeres que aportan muchísimo valor en el mundo de la vitivinicultura y que está muy respetado su lugar en esta actividad. Vivo con mucha naturalidad el ser mujer en esta industria”.
“Existen muchísimas mujeres enólogas talentosas y siempre las hubo. Hoy, hay una camada de jóvenes muy capaces y puntualmente en el área de hospitalidad somos muchas las mujeres que trabajamos y estamos a cargo de sectores de turismo en bodegas”.
“¿Qué falta? Me es difícil responder esta pregunta, porque en mi caso personal jamás he sentido desigualdad. En mi empresa hay mucha participación de mujeres en todas las áreas. Sé que no veo la totalidad, lo miro desde mi parcialidad y no encuentro desigualdad”.
“Con respecto a la familia y al trabajo, siempre digo que soy una privilegiada porque al estar en una empresa familiar esto me permite combinarlas como un todo. Soy mamá de dos hijos pequeños, Manuel (6) y Emilia (4). No es fácil trabajar full time y tener hijos chicos. Desde pequeños los llevo a la finca donde está mi oficina, en Casa del Visitante, Maipú y tengo una persona que me ayuda y los cuida. De algún modo siempre los tuve cerca. Me he podido dar ese lujo y así no me he tenido que dividir. Ahora que están escolarizados, hago «home office» mientras están en la escuela y al mediodía nos vamos a la bodega donde ellos almuerzan y yo arranco mi trabajo allá. Son malabares, son cosas que hay que hacer, son etapas pero siempre digo que soy una gradecida porque no todas tenemos la posibilidad de llevar a nuestros hijos al trabajo”.
MIRIAM GÓMEZ

Miriam Gómez (48), licenciada en Bromatología y en Enología. Casada. Se inició en la industria de la alimentación, luego ingresó a la bodega Nieto Senetiner. Aprendió mucho, sobre todo a conducir equipos. Hasta que llegó el momento de liderar un proyecto y la convocaron de Antigal, bodega en la cual trabaja hace 14 años.
“Considero que la mujer hoy está muy bien posicionada, hemos logrado un lugar muy importante dentro de la industria, tenemos muchísimas capacidades para hacerlo. Un denominador común que tenemos las mujeres es la responsabilidad, la minuciosidad y la honestidad. Somos menos cancheras y más científicas. Somos transparentes y estrictas. Y además de todo esto, se nos suman todos los atributos sensoriales que requiere la industria del vino. Mayor susceptibilidad a los olores y sabores. Vamos hacia los detalles, hacia lo más fino. Creo que hoy hay muchas mujeres actuando en la industria. Es un lugar que se ha logrado a lo largo de mucho tiempo y es fruto de trabajo y esfuerzo de parte del género”.
“En la industria vitivinícola, más específicamente en el área que me toca a mí, que es liderar una bodega, nuestra situación es durísima. Nos enfrentamos a algunos líderes machistas pero eso me pasó más en la juventud. Hoy el mundo ha cambiado mucho, se le da mucho más lugar a la mujer y se la respeta más que hace 20 años. Este es un camino que hicimos las que tenemos cerca de 50 años. Sin embargo, no dejo de reconocer que a mí se me dieron muchas oportunidades, me rodeé de gente me dio el lugar como mujer, desde los jefes, dueños de bodegas y los pares”.
“Todavía nos está faltando separar lo familiar de lo profesional. Creo que para poder liderar un grupo es necesario separar la vida privada de lo profesional. Trabajar más como trabajan los varones. Necesitamos dedicarnos a lo estrictamente laboral y no poner como escudo ante cualquier eventualidad el tema de la familia o la maternidad. Entiendo que demostrando que podemos y que disponemos de un tiempo; ya sea un viaje, una reunión, una cena es la única manera de ponernos a la par de los varones en cuanto a la disponibilidad. Con respecto al resto de las capacidades, todas podemos ocupar los mismos lugares”.
“Trabajo y familia, es muy difícil. Esta es una industria sumamente demandante en todas las épocas del año y en especial en vendimia que requiere un esfuerzo cognitivo, físico y emocional extra. Pero, las mujeres somos capaces de hacer varias cosas a la vez. Uno trabaja y a la vez está pensando en qué hacer de cenar, las compras y las tareas de una casa. Las mujeres somos muy organizadas y esa sí es una capacidad diferencial. Requiere un esfuerzo adicional, hay que estar dispuesta a hacerlo y no creo que sea para todas. Hay que sacrificar tiempo de la familia, los hijos, los amigos. Sacrificamos tiempo de soledad, tranquilidad, esparcimiento y de sueño pero es absolutamente posible”.
INGRID POBLETE QUEZADA

Ingrid Poblete Quezada (56). Doctora Ingeniero Agrónomo, investigadora del “Vino del Desierto”. Académica en la Facultad de Recursos Naturales Renovables, Universidad Arturo Prat, Iquique, Chile. Con 28 años de experiencia en agricultura del desierto.
“En mi caso particular, estoy en el ámbito de la academia, cuya área vitivinícola “Vino del Desierto” ha ido adquiriendo importancia desde el punto de vista de la industria, por lo cual, es una visión distinta, no competitiva y donde cada uno es protagonista de su ámbito de acción. Sin embargo, en términos generales, creo, se ha ido ganando terreno, en el liderazgo de la industria, disminuyendo brechas, no obstante, aún falta para que las mujeres tengamos condiciones igualitarias en este ámbito”.
“Lo que falta para alcanzar la igualdad es tener acceso a las mismas oportunidades, de acuerdo a la expertise y experiencia, consecuente con una remuneración, independiente del género. Falta que se entienda, que no hay trabajos exclusivos para un determinado género, solo tenemos habilidades diferentes, pero las mismas capacidades. Falta tener una participación activa, en asociaciones mixtas. Que no sea necesario crear agrupaciones solo de mujeres para tener presencia, lo cual, solo contribuye a mantener las diferencias y es necesario que haya una enseñanza desde niños, que integre un cambio de mentalidad igualitario, cuyas generaciones promuevan estos cambios, en el futuro laboral”.
“En mi caso es más fácil, con mi esposo tenemos la misma profesión y trabajo. Me levanto temprano, a las 5.30 de la mañana, llego a terreno a las 8.15, saco mis herramientas de terreno, cortapluma y tijera de podar, me pongo sombrero y lentes y camino al viñedo, saludo a los trabajadores y pregunto cómo están. Demoro dos o tres horas, caminando entre las plantas, siempre aprendo algo nuevo de ellas. Dependiendo de la época, en mi recorrido realizo algunas actividades culturales, colecto algunas muestras para revisar en laboratorio. Doy indicaciones al capataz y agradezco las labores realizadas. Entre las 15.30 a 16.00, estoy de regreso en la cuidad de Iquique”.
VIVIANA LETA

Viviana Leta (52), proviene de una familia de productores vitivinícola y con una pintoresca bodega ubicada en pleno centro maipucino. Desde hace 16 años se dedica de manera exclusiva a la producción de uvas. Posee fincas en Rivadavia y en San Martín, zona Este de la provincia de Mendoza.
“Como productora he tenido muchos años muy productivos y otros no tanto, esto me ha hecho soñar muchas veces con los ojos abiertos y otras veces el sueño de la cosecha única se ha visto arruinado por una helada temprana o una granizada. Estoy acostumbrada a ¡volver arrancar al año siguiente!”
“Soy feliz por el crecimiento que hemos tenido las mujeres a través del tiempo y más aún en los últimos años. Sin embargo, nunca sentí ningún tipo de diferencia. La igualdad de género en mi humilde entender nunca vamos a tenerla, porque nosotras somos creadoras de vida y tenemos funciones y roles diferentes al hombre”.
“La combinación trabajo y familia solo lo podemos hacer las mujeres. Somos como pulpos: contestando mensajes y llamados, yendo y viniendo; y a la vez, organizamos casa e hijos. Estoy segura que esa es la esencia de nosotras, las mujeres”.
CARMEN PÉREZ

Carmen Pérez (46), licenciada en Comunicación Social. Trabaja en el sector vitivinícola desde 1997. Primero, como periodista en la revista MasterWine, luego como directora de la publicación Estrategias & Mercados y colaboradora en otros medios económicos y vitivinícolas, y desde el 2002 se desempeña como directora de Comunicación del Fondo Vitivinícola Mendoza.
“Las mujeres venimos conquistando espacios en todos los sectores de la actividad: desde cosechadoras, contratistas, empresarias, técnicas o investigadores, enólogas, docentes, sommeliers, agrónomas, en espacios de comunicación o comerciales, en turismo. Veo muchas mujeres emprendedoras en torno a la producción vitivinícola y muchas profesionales dedicadas a esta cadena; y esto es parte de la enorme diversidad que define a la vitivinicultura argentina”.
“En nuestra actividad, como en todos los ámbitos de la sociedad, la igualdad de género se basa en el respeto, haciendo valer nuestro trabajo y nuestra mirada y haciéndola valer ante los demás; pero sobre todo, propiciando la igualdad de oportunidades y fortaleciendo la sororidad. Me gustaría ver más mujeres en puestos de decisión de políticas del sector y en varias ocasiones he sentido que por ser mujer, debemos dar más cuenta de nuestras capacidades; pero no tengo duda que todas hacemos un gran aporte a la vitivinicultura en términos de calidad y capacidad de trabajo, talento, creatividad y empatía. Y estoy convencida de que la próxima será una generación con más mujeres protagonizando la proyección de la vitivinicultura argentina”.
“Tengo una hija pequeña, de casi 5 años, y puedo organizarme gracias a la enorme ayuda de mi madre, una gran mujer. Me parece importante que mi hija me vea disfrutar de mi trabajo y para mí es fundamental dedicarle tiempo de calidad también a nuestro vínculo madre-hija. No es fácil, porque ambos demandan mucha energía y dedicación. Encontrar el equilibrio es el gran desafío para cuidar y alimentar la esfera familiar al tiempo que podemos continuar potenciando nuestro desarrollo personal y profesional”.
ABELINA VALENCIA

Abelina Valencia (48), contratista de viña en Rivadavia, Mendoza. Nació en Bolivia y cuando tenía dos años su padre decidió venir a la Argentina para mejorar la economía familiar. Trabajaron por largos periodos en plantaciones de chacra. A los 25, se mudó a la zona Este, donde junto con su marido decidieron tomar contrato en una viña.
“Creo que en partes estamos logrando derechos, en cuanto igualdad de trabajo, por ejemplo. Y otra mitad de las mujeres estamos atravesando la difícil situación de violencia que se vive cada día”.
“Lo que falta es empatizar, creer en la capacidad de la mujer. Como así también, hace falta el cambio de esta JUSTICIA”.
“La cuestión es sobrellevar todo, el trabajo y la casa, porque sabemos que si nos dejamos estar la economía te consume, y más como están ahora las cosas”.
DANIELA REINA

Daniela Reina (37), enóloga de “Vino Artesanal Los Reina” y profesora del Instituto Patagonia (Río Negro).
“Hoy las mujeres estamos igual que los hombre y te podría decir que mejor porque los hombres no tienen la percepción organolépticas tan fina”.
“Lo que falta es que las mujeres logremos ocupar los altos cargos directivos. Depende en el ámbito donde te relacionas es como involucran a la mujer, pero yo creo que hay un gran cambio social”.
“Mis días son bastante agitados, empiezo en la mañana temprano, tengo la ventaja de tener la bodeguita en casa, hago una limpieza y de ahí a trabajar. Siempre hay algo que hacer: análisis, movimientos, fraccionar, etiquetar. En época de cosecha mucho más trabajo y controlar fermentaciones Al medio preparo la comida luego llevo a los niños al colegio. Al regresar, dicto clases virtuales. Nuevamente, salgo a buscar a los niños y de regreso si quedó algo pendiente se termina. De lo contrario, a disfrutar lo que queda del día con la familia”.
NATALIA ARABI KATBI

Natalia Arabi Katbi, ingeniera agrónoma, docente y mamá de dos adolescentes: Ignacio (19) y Josefina (15). Trabaja en el INV, en el sector de fiscalización. En sus tiempos libres (escasos) corre con un grupo running #mujeresquecorren.
“Las mujeres estamos todavía bastante invisibilizadas a pesar de haber ganado muchos espacios gracias a las capacidades de cada una de nosotras. Seguimos sin espacios para mamás con niños pequeños, siguen discriminando a mujeres en edad fértil por las probabilidades de licencias por maternidad o lactancia, seguimos soportando comentarios desafortunados en varias ocasiones e incluso abusos tan solo por ser mujeres”.
“Falta que la sociedad se dé cuenta que la igualdad que buscamos se refiere a derechos y no a condiciones. Tenemos que seguir demostrando para poder avanzar en cualquier ámbito y para ser respetadas mucho más”.
“Mis días son bastante agitados, trabajo en mis mañanas en el INV en el sector de fiscalización hasta las 15, de ahí corro a almorzar con mis hijos y en la tarde comienzo con mi tarea docente, hasta las 21 o 22 horas la mayoría de las veces y después disfruto de cenar nuevamente con mis hijos. A pesar del ajetreo cotidiano amo cada momento del día, lo agradezco y disfruto”.
SILVIA CORTI

Silvia Corti (48), ingeniera agrónoma, enóloga y Magister Scientia en Viticultura y Enología. Trabaja hace muchos años en vitivinicultura, pasó por varias empresas como primera y segunda enóloga, es asesora en bodegas mendocinas y sanjuaninas. Elabora sus vinos y proyectos de terroir: «Cerrojo» y «Vinos de Silvia Corti». Casada y mamá de tres hijos: Woodson (7), Wadson (6) y Julieta (4).
“Hoy las mujeres hemos conseguido ganarnos nuestro lugar en el mundo vitivinícola con base en nuestras capacidades y esfuerzo. Recuerdo cuando comencé a trabajar en Finca Flichman, año 1997, recibimos periodistas de USA y Canadá, los que me sacaban fotos como una rareza, porque casi terminando la gira no habían visto a ninguna mujer a cargo de una bodega. Afortunadamente, hoy existen muchas mujeres ocupando roles de relevancia en la industria, aunque percibo que aún existen diferencias en cuanto a sueldos por el mismo trabajo, posibilidades de acceder a una gerencia. No es lo mismo un varón enólogo que se ausenta para llevar su hijo al doctor que una mujer”.
“Como te decía, me ha tocado vivir en carne propia la diferencia de salarios entre hombre o mujer haciendo lo mismo con igual o mejores resultados. También que te dejen de lado porque ahora en tu cabeza tienes niños además de vino, uva y negocios. No importa si tu rendimiento no decae, no importa tu esfuerzo y dedicación. No te ven igual luego de ser mamá”.
“Falta aún madurar mucho este tema en el inconsciente colectivo de los argentinos. Sobre todo en la industria vitivinícola que fue muy machista y donde aún quedan muchas empresas que conservan este modo de vernos, como un género débil. Afortunadamente hay muchas empresas que piensan distinto, donde las mujeres han sabido lograr un lugar de decisión”.
“En la actualidad, siendo asesora puedo manejar mis horarios. En casa todos nos levantamos temprano, cuando voy a empresas lejanas, dejo a mis hijos desayunando y parto, mi marido los lleva a la escuela. Siempre la visita al viñedo o la degustación en una bodega inicia a las 9 de la mañana. Intento antes de llegar, tener bien claro en mi cabeza lo que debo resolver para que mi cliente reciba lo que necesita. Uso mucho los medios digitales para seguir conectada. Cuando regreso de trabajar paso todo el tiempo con mis hijos, hacemos todo juntos. Compras, caminatas (ellos en bici), la comida y cuando se puede compartimos deportes. Cada vez estoy más convencida de que no hay nada de especial en trabajar y ser madre al mismo tiempo, solo se trata de amar lo que haces.
MAGDALENA PESCE

Magdalena Pesce (39), mamá, licenciada en Relaciones Internacionales y gerente general de Wines of Argentina.
“Creo que estamos mejor que antes pero todavía nos falta mucho camino por recorrer. Visibilizar la brecha salarial, la falta de oportunidades para crecer, los pisos pegajosos, las paredes y el techo de cristal, ayuda a explicar la realidad de las mujeres. Pero entender y ponerle un nombre a lo que nos sucede no es condición suficiente para lograr cambios. Es necesario que haya una política clara por parte de las instituciones y empresas para que haya un cambio de paradigma”.
“Cada vez hay más mujeres que egresan de carreras técnicas, ganan espacios en los equipos enológicos de las bodegas u otras áreas, fuera del laboratorio o marketing, puestos clásicos para nosotras. Incluso se organizan en grupos para brindarse apoyo técnico o surgen iniciativas de las empresas para mejorar las oportunidades de crecimiento”.
“El esfuerzo que las mujeres tenemos que realizar para “llegar” no es una metáfora. Por eso, es importante que aquellas que tenemos privilegios (poder estudiar, desarrollarnos profesionalmente, vivir la maternidad con libertad, entre otros), seamos responsables y solidarias. Desde mi lugar, tengo el compromiso de ayudar y potenciar a otras mujeres, empezando por mi equipo y colegas”.
“La emancipación laboral no nos hizo más independientes sino que perpetúa la doble jornada laboral en el interior de nuestros hogares y vuelca en otras mujeres la situación de precariedad para alcanzar el sueño de una carrera profesional. No voy a agregar nada nuevo a todo lo escrito por otras mujeres especialistas en la materia”.
“Desde mi punto de vista, creo que estaremos en un mejor lugar el día que los varones también cumplan con el rol de “cuidadores” que la cultura nos impuso y la carga mental esté repartida. Hay otras sociedades más avanzadas, cuyas instituciones fomentan y ayudan a que el cambio se produzca. Creo que tarde o temprano también se logrará acá”.
“Siguiendo con lo que voy aprendiendo de mujeres muy instruidas en la materia como quienes fundaron la Red de Equidad para la Autonomía Económica: Laura Vallés, Andrea Nallim, Emiliana Lilloy, Lorena Meschini, Silvina Anfuso, Emilce Vega, Graciela Cousinet, Denisse Ferrero, Stella Spezia, mi hermana Lucía, socióloga y otras referentes que leo, esta pregunta justamente visibiliza la desigualdad a la que haces referencia antes, porque a un varón nunca le van a preguntar cómo compagina su vida laboral y familiar”.
“Me concentro en que la carga mental no me gane y dedico el mayor tiempo que puedo a reforzar los vínculos clave: mi hijo, pareja, familia y amigas. Aunque hay días que me siento sobrepasada y estoy aprendiendo a decir que no. La pandemia ha sido un gran aleccionador sobre lo que tiene que ser realmente importante para uno”.
ANDREA FERREYRA

Andrea Ferreyra, (47), Jefa de Enología en «Finca La Celia». Casada, una hija de 11 años.
“Yo veo actualmente que hay una excelente camaradería entre pares, que trasciende el género. También observo muchas oportunidades, esto se está recién iniciando, es un largo camino, por eso se fundó el CMPV (Club de las Mujeres Profesionales del Vino), al cual pertenezco, donde se ayuda a las mujeres a posicionarse en esta hermosa industria. Esta asociación tiene sus bases en la profesionalidad, en la generosidad de compartir informaciones, experiencias, consultas técnicas. Es una ayuda mutua entre todas. Tenemos un excelente clima de cooperación”.
“Pienso que hablar de igualdad de género en 2021 pareciera anacrónico; personalmente pienso que ésta debe estar circunscripta 100% a las capacidades profesionales y no al género. Como dije anteriormente, es algo que ya se ha iniciado”.
“Empiezo muy temprano, revisando agenda y eso me ayuda a ir preparando mentalmente mi día. En época escolar salimos todos juntos, mi esposo e hija hacia el colegio y yo hacia el Valle de Uco. Cuando llego a la finca, empiezo saludando al equipo, checkeo e-mails, algunas reuniones virtuales, visito el viñedo, cato mostos, preparo futuras mezclas 2020, todas cosas que forman parte de esta época”.
ADRIANA CERÓN

Adriana Cerón (50), chilena, ingeniero agrónomo enólogo. Casada y madre de 4 hijos. Miembro del Directorio y presidente de la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos Enólogos de Chile (ANIAE) y socia fundadora de AGEPVVI. Transitó sus pasos profesionales por diversas bodegas del Groupe Pernod Ricard; Errázuriz Ovalle Vineyards y Terraustral Wine Company. Viajó e hizo vendimias en Francia, España y Estados Unidos. Creó Eudoravinos (www.eudoravinos.cl) junto a su socia.. Ha realizado colaboraciones en varias revistas y es panelista de cata y jurado en concursos de vinos.
“En el sector vitivinícola hoy las mujeres estamos muy presentes en distintos ámbitos: en viticultura, enología, investigación, educación, comercialización, sommelería y comunicación. En cada una de estas áreas hay mujeres destacadas. Incluso a veces en las búsquedas laborales se pone énfasis en que el postulante sea mujer porque se privilegian las características de minuciosidad, constancia y rigurosidad que se dan más a menudo en nuestro género.
“Sin embargo, esta importante presencia femenina en el rubro no necesariamente es reconocida por los tomadores de decisiones a la hora de asignar reconocimientos. Creo que el destacado sello femenino en el mundo del vino se da como por “default”, como si fuera un supuesto y realmente se aprecia su valor cuando no está presente”.
“Continuando la idea anterior, lo que falta es el reconocimiento, el valorar el trabajo y dedicación femenino y recompensarlo con cuotas de poder real. No se trata simplemente de entregar un premio para el día de la mujer y que luego no se las considere en roles gerenciales o de dirigencia”.
“Actualmente que trabajo de manera independiente, mi día laboral se divide entre mi empresa Eudoravinos, la presidencia de la Asociación Nacional de Enólogos y mis responsabilidades como madre de 4 hijos entre 9 y 20 años. Es un desafío difícil, no puedo negarlo, y debo reconocer que he tenido mucha ayuda de mi marido, sobre todo en una época en que mi trabajo era de mucho terreno, por lo que hacía largas llamadas de teléfono mientras viajaba tratando de organizar la casa. El trabajo independiente permite flexibilidad y a menudo le robo horas al sueño para compensar el tiempo que a veces me falta en el día (además es el momento de mejor rendimiento, ¡cuando todos duermen!)”.
LIZY BORDIN

Lizy (Marta Elizabeth) Bordin Spigatin, (40), enóloga de Bodega Belasco de Baquedano, tres hijos que han sido y son su motor. Estudió mientras ejercía la maternidad, años no muy fáciles, pero que dieron sus frutos. De La Consulta (San Carlos), creció disfrutando cada día de la Cordillera de los Andes, entre huertas, quintas y viñedos. De sus abuelos aprendió a disfrutar de la naturaleza y a mirar el cielo en busca de un pronóstico.
“Soy de la generación que agradece a las primeras mujeres que abrieron este difícil camino, que se animaron, que se mantuvieron firmes ante una profesión que era vista solo para hombres, en lo personal no me ha tocado vivir situaciones machistas, mis colegas hombres, son muy respetuosos y te tratan de igual a igual, tampoco me ha pasado en las empresas en las que he trabajado, si alguna vez hicieron sentirme mal por ser mujer, ya lo he olvidado, no debe haber sido más importante que lo que yo sé que valgo como profesional”.
“Falta que realmente todos entendamos lo que significa la palabra IGUALDAD, falta que en una entrevista de trabajo no te pregunten si tenés planificado tener hijos a la brevedad, falta que a la mujer se le den las mismas oportunidades que un hombre en cualquier puesto de trabajo, falta que tanto las mujeres como los hombres tengan la misma remuneración por el mismo trabajo, falta como empecé diciendo, que todos entendamos de raíz lo que significa la palabra IGUALDAD”.
“Ahora con mis hijos ya más grandes (18, 12 y 12) he logrado el equilibrio, no fue fácil tener la familia lejos y estudiar, trabajar y ser mamá, siempre te sentías en deuda con alguna de las tres cosas, pero ahora mirando hacia atrás veo que no lo he hecho tan mal, mis hijos han ido y van a colegios de doble escolaridad, nos íbamos juntos y casi volvíamos juntos (salvo en las vendimias), y al llegar a casa, lo habitual: alguna actividad deportiva, tareas, comidas, baños, y nuestro secreto, siempre cenas sin TV, momento del día de compartir y disfrutar, escucharnos, aprender, enseñar, reír y sentirse pleno, por el solo hecho de estar juntos y crecer juntos. Siento el apoyo y el orgullo de mis hijos y mi familia y eso hace que todo sea más fácil”.
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