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Cristian Moor, enólogo.
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  • 26 octubre, 2020

Cristian Moor: “El mundo del vino encierra muchos valores que queremos enseñar a nuestras hijas”

El reconocido enólogo mendocino pasó por otra emisión de streaming de El Descorche En Casa. Convocado para hablar de la categoría de vinos “garaje” y de su proyecto familiar Moor -Barrio Wines. En la nota; sus anécdotas, los sueños de este matrimonio amante del vino y su visión como responsable de la bodega Corazón del Sol, en Los Chacayes -Valle de Uco-.

Cada vez son más las personas que se interesan por el mundo vino y es así que nos llegan a diario muchas consultas. Todos los viernes, con la conducción del periodista especializado Gustavo Flores Bazán, desde El Descorche junto a El Ciudadano Diario,  buscamos responder a una comunidad de seguidores, que no para de crecer. En esta oportunidad, conversamos con el enólogo Cristian Moor sobre los vinos garaje, ya que es una que categoría despierta mucha curiosidad entre los fanáticos.

“El vino garaje es una categoría que el INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura) no ha contemplado. Es un término muy francés que surge a partir de pequeños productores, ya que en Europa se estila tener pocas hectáreas.

“La palabra garaje nace de aquellos productores que tienen una o dos hectáreas, venden la uva y se quedan con algunos kilos para hacer su propio vino. Y el lugar natural donde lo hacen es en el garaje. Es donde tienen más espacio, está ordenado, la temperatura es más fría, está cubierto, se lo puede refrigerar o acondicionar”, explica Moor.

Cristian junto a su esposa Teresita en su bodega garaje.

“En sus orígenes, fue para consumo personal y se elaboraban mil o dos mil botellas, no más. El productor está involucrado en todo el proceso desde la cosecha hasta el embotellado. Y en nuestro caso, inclusive, nos encargamos de la venta.

“Con Tere le empezamos a decir, “bodega bonsái”, ilustra mucho más. Se trata de una bodega normal, con todo lo que uno conoce, pero en miniatura”.

Conoció a Teresita Barrio, su mujer, en la facultad y desde entonces nunca más se separaron y juntos soñaron con hacer sus propios vinos. Fue así que un día le pidieron a su suegro el galpón o garaje de su casa para comenzar a elaborar partidas pequeñas y a darle forma a este anhelo. El sí fue de inmediato y así nace Moor – Barrio Wines.

“El mundo del vino te enseña a cuidar la naturaleza”.

“Siempre tuve la idea de hacer mi propio vino. Cuando estás en bodegas grandes, casi no tenés poder de decisión y yo tenía muy claro el tipo de vino que quería hacer. Conocer a Tere, fue conocer a la socia ideal para concretar la idea.

“Fue un proyecto que se fue gestando con la ayuda de muchos familiares, amigos, primos, conocidos. Cada cosecha es una fiesta. Hay una voluntad extraordinaria, todos quieren participar.

“Ser enólogos no es solo hacer vinos”.

“Nuestro objetivo es que nuestras hijas aprendan todo lo que implica el mundo del vino con el ejemplo. Este mundo tiene muchos valores: el respeto por la naturaleza, la humildad, el trabajo, agradecer lo que nos da la tierra, el esfuerzo y el respeto hacia los demás.

“Hacemos solo 1.000 botellas por año. Es la capacidad de producción que nos planteamos para poder estar en todos los detalles como queremos. La idea es no perder la esencia de una bodega familiar, de autor.

Cristian y Teresita firman a mano cada botella.

“Por ejemplo, Tere viste las mil botellas a mano y las firmamos una por una. Es una distinción que queremos que tengan nuestros vinos”, expone el enólogo.

-¿Te da más libertad tener tu propia bodega garaje?

-Hacer vino en tu casa, no tiene nada que ver con hacer vino en una bodega. En casa, hay que empezar de cero y te vas arreglando a “lo argentino”; de a poco y con mucho ingenio. Es una muy linda experiencia. Sin dudas hay más libertad.

-El objetivo siempre lo tuvimos claro. Y era hacer el mejor vino posible. Fuimos a buscar la mejor uva. Cuando uno inicia un proyecto vitivinícola, se empieza de atrás para adelante. Es decir, qué vino quiero hacer, dónde lo voy a vender, adónde voy a apuntar, de dónde van a salir las uvas. Muchas cosas que aprendí en la bodeguita me han servido después para las bodegas donde he trabajado. Es muy interesante lo que pasa.

Una anécdota y muchas historias

En el año 2016, renuncia a Flichman para trabajar en Italia con el reconocido enólogo Alberto Antonini en su bodega en La Toscana. Luego pasa una temporada breve junto a un colega en el sur italiano.

“Tuve una experiencia maravillosa en un pueblo muy pequeño de la región del Lazio. Allí todos tienen algunas hileras de viñedos y su propia bodeguita en su cochera. En cada casa, se hacen sus propios vinos. Fue así que me invitaban a probarlos y me pedían asesoramiento. Me convertí en el Antonini de esas familias, ¡jaja! No hay muchos conocimientos ni tecnología, elaboran con una receta ancestral.

“Me transformé en el asesor de un pueblo entero”.

Moor en cada paso del proceso.

“Una anécdota muy graciosa que me pasó es que al tercer año, en nuestra bodeguita nos empieza a filtrar una barrica, estaba muy seca por la falta de humedad. Colocar un humificador era muchísimo dinero en euros y era imposible. Y se me ocurrió comprar un vaporizador, de esos que usábamos cuando éramos niños, compramos uno y anduvo perfecto. A la media hora ya teníamos 90% de humedad.

“Eso les aconsejé en Italia y todos compraron su vaporizador. Fue muy divertido”,  narra y sonríe al recordar aquellos días.

“Lo bueno es que no tengo que lidiar con ninguna oficina de marketing”.

Los vinos de Teresita y Cristian

“Siempre pensamos, con nuestros conocimientos y posibilidades, hacer el mejor vino posible. Ir a buscar la mejor uva al mejor lugar y siguiendo todo el ciclo vegetativo, asegura Cristian.

Si bien reconocen que existen zonas excelentes, esta pareja prefiere las uvas del Valle de Uco. Compran en diferentes fincas y hacen el seguimiento de todo el proceso.

Apuestan fuertemente al Malbec como variedad, sin embargo en el año 2016 con el nacimiento de su hija se decidieron por un corte de Cabernet Franc y Malbec. “Creemos que son el complemento perfecto. Initium como nuestra primera hija”.

Junto al crítico inglés Tim Atkin.

Las cosechas 2017, 2018 y 2019 elaboraron un Malbec de Los Chacayes y esta vendimia 2020 de El Peral. “La idea es sacar un vino que sea complejo pero elegante y delicado, fino, con frescura. No sacamos ningún vino que no tenga al menos un año en botella, que esté todo en su lugar, lo bueno es que no nos apura nadie”, afirma contundente.

“Buscamos que tenga nuestro sello indiscutido. Que cuando la gente lo tome sienta que no le falta nada. Que diga qué bien está este vino. No queremos hacer un vino nuevo, duro ni astringente. Sabemos que no hay que apurar a los vinos, que con el tiempo mejoran. Apuntamos a que esté todo en su lugar.

“Lo bueno con este proyecto es que tenemos una enorme libertad. No hay que lidiar con ninguna oficina de marketing que desde Buenos Aires te presiona.

Teresita vistiendo cada botella.

Reconozco que se trata de una industria a largo plazo y en este país es muy difícil tener proyectos a largos plazos, se entiende el apuro de la gente de comercial. Se ponen en riesgo muchas cosas y no podemos arriesgarnos a generar un agujero financiero que puede ser muy perjudicial para la empresa.

“Los técnicos pensamos de una manera y queremos que nuestros vinos sean perfectos y eso no siempre es posible”, reconoce Moor.

“La idea es sacar un vino que sea complejo pero elegante, delicado, fino y con frescura“.

A su vez, asegura que “la generación más joven ha empezado a entender que ser enólogo no es solamente hacer vinos. También hay que comprender lo financiero, el marketing y la comunicación, los recursos humanos. Hay que hacer que la empresa gane plata y que el negocio prolifere”.

A cargo de Corazón del Sol

Desde el 2017, es el responsable del proyecto Corazón del Sol, en Los Chacayes, Valle de Uco. “Es un bodega tan bonita, en un lugar muy lindo. Es todo lo que yo haría si tuviera la posibilidad. Cuenta con toda la tecnología para hacer grandes vinos. Es un proyecto que siento muy propio”, asegura.

El doctor Madaiah Revana es un cardiólogo de origen indio que reside en Estados Unidos. Es un hombre muy destacado en el mundo de la medicina y de la ciencia. Es como Favaloro en ese país. Ha inventado cirugías de corazón sin necesidad de abrir.

“El objetivo siempre lo tuvimos claro. Y era hacer el mejor vino posible”.

También es un amante del vino. Cuenta con dos bodegas en el país del Norte: una en Napa Valley y la otra en Oregon. Cuando viajó a Mendoza, por supuesto se enamoró del lugar y decidió comprar tierras en Los Chacayes, donde luego construyó la bodega.

“Literalmente me dieron la llave de la bodega”.

“Es una bodega más chica que otras y elaboramos partidas limitadas. Nos gusta experimentar con diversas variedades y con la producción de cortes. Aquí tengo mucha libertad para probar cosas diferentes”, explica.

Corazón del Sol, vinos innovadores y de pequeñas parcelas.

“Hay vinos para todos y de todo tipo. Cuando uno empieza a probar, tiene más conocimiento y eso te da más libertad para elegir lo que a uno le gusta. El peor error que puede cometer un consumidor de vinos es encerrarse y no probar cosas nuevas”, asegura.

“Hoy, estamos cosechando los frutos del trabajo y la visión que tuvo el doctor en su momento. Me siento muy responsable de un proyecto muy serio. Literalmente me dieron la llave de la bodega, es una gran libertad pero con un enorme compromiso. Tengo que estar a la altura de las otras bodegas. Soy afortunado de trabajar en esta bodega con los objetivos tan claros”, asevera.

Reviví la charla de El Descorche En Casa: www.facebook.com/ElDescorcheEnCasa

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