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Pepe Martínez Rosell (66), nos cuenta sobre sus "vinos en estado puro”/ Ph: Leo Palet.
  • Enólogo de Rosell Boher
  • 4 septiembre, 2021

Pepe Martínez Rosell: “Con el vino, los argentinos encontramos una alternativa al encierro”

Dueño de un gran experiencia y un linaje familiar que lo llevó a criarse inmerso en la cultura del vino, Martínez Rosell dialogó con El Descorche Diario, tras la vuelta de las presentaciones presenciales luego de un año y medio. Dos nuevas etiquetas, la actualidad del vino argentino y lo que ha dejado la pandemia en el consumidor argentino.

Su verdadero nombre es Alejandro, pero todo el mundo lo conoce como “Pepe”. Ingeniero agrónomo y enólogo, es uno de los profesionales más experimentados de la industria, con más de 40 cosechas en su haber. Experto en espumantes, es el máximo responsable enológico de Rosell Boher.

Si bien hoy la empresa pertenece a la familia Torres García, a Pepe lo une toda una vida con la bodega que fundó su abuelo Bernardo Martínez a comienzos del siglo pasado.

Dialogar con Alejandro “Pepe” Martínez Rosell es hacer un viaje testimonial de los últimos 50 años del vino argentino con todos sus vaivenes. Desde la erradicación de viñedos de Malbec, la reconversión vitivinícola hasta la exploración de los micro terruños de altura. Un camino que no tiene techo y que a Pepe lo sigue seduciendo la capacidad de innovar, crear y descubrir nuevos vinos. Tal es el caso del último lanzamiento de la línea Fincas, con dos ejemplares sin madera, un Viognier y un Malbec (ver nota del lanzamiento).

Ambos vinos, etiquetas disruptivas para el portfolio de la bodega, son el resultado del trabajo que “Pepe” Martínez Rosell realiza todos los días junto al equipo que integra con el enólogo Nicolás Calderón y el ingeniero agrónomo Federico Martínez.

Pepe Martínez junto a Nicolás Calderón.

-Están presentando una novedad que marca una diferencia en lo que es el portfolio de la bodega…

-Hoy tenemos la satisfacción de presentar dentro del segmento de Casa Boher, esta línea que hemos denominado “Fincas”, con dos exponentes: un Viogner de Agrelo, en nuestra propiedad que está rodeando al lodge de Rosell Boher y un Malbec de nuestra finca Los Árboles, hoy la IG San Pablo.

-Dos terroirs distintos dentro del piedemonte de Mendoza, donde la idea es marcar la presencia del terruño. En mis palabras “vinos en estado puro”, donde la incidencia de esa sana cosmética que utiliza la enología en sus distintos sistemas de elaboración o los usos de la madera, en este caso no está presente.

Malbec y Viognier, las nuevas etiquetas de Casa Boher.

-Son elaboraciones tradicionales con un muy buen grado de madurez, ambos con maceración prefermentativa, sobre todo en el caso del Malbec, para que exprese toda la fruta de esa región tan particular y de esa propiedad que está en la franja de los 1.250 metros sobre el nivel del mar, donde es excelente por su naturaleza y su acidez. Lo mismo ocurre con este Viognier que hemos aprendido a conocer.

-A pesar de tantos años con el vino, esta es tu primera experiencia con Viognier…

-Tuve la posibilidad de probar algunos Viognier de Francia y algunos prototipos de Argentina pero como elaboración nunca había tenido la experiencia de conocer esta fruta. Con Nico (Calderón), que nos acompañamos en el día a día con todo el equipo enológico, lo primero que planteamos fue hacer una pequeña producción. La primera fue para un gusto personal y para la familia Torres García en el 2019 y realmente nos sorprendieron las características, su intensidad aromática y la personalidad que en esta zona el Viognier -implantado en el 2009- nos daba como vino.

“Esta es una bebida maravillosa que nació para compartir y para hacernos más gratos muchos momentos”.

-Esa experiencia la repetimos en el 2020, ya pensando en este proyecto de la línea Fincas. Lamentablemente, la pandemia imposibilitó que saliera comercialmente el año pasado pero sí nos dio una segunda gran enseñanza y experiencia en la vinificación lo cual nos ratificaba lo que percibimos en el 2019. Por lo tanto, decidimos apostar de cero y dijimos “¡este es el año! ¡2021!”. Y este Viognier llega para quedarse con los otros varietales.

-La innovación, esto de probar cosas nuevas y de experimentar, ¿es lo que te mantiene con ganas cosecha tras cosecha?

-Sin lugar a dudas, esto es un desafío. Con los años que llevo en la industria, como enólogo e ingeniero agrónomo, “solo sé que no sé nada”. Cada vendimia nos enseña algo nuevo, el que crea conocerlas todas, pienso que comete un gran pecado de soberbia pero también, y relacionado con lo que me preguntás, está ese nuevo reto no solo de probarse a uno mismo sino poder encontrar cosas que el mundo del vino te presenta año a año. No solo en nuestra firma, en nuestra región o en nuestro país en cualquier oasis del mundo, cualquier técnico sabe que cada vendimia se inicia un ciclo nuevo, un nuevo desafío para entregar al consumidor.

-Hablamos de las tendencias y de los vaivenes de la industria, ¿cómo ves hoy el momento que vive del vino argentino?

-Creo que con el vino argentino; independientemente de algunos matices lamentables, como lo político y económico que nos hace poder estar más o menos competitivos en el mercado exterior; tenemos que estar orgullosos de la calidad de proyectos y etiquetas que se están generando.

“Con el Malbec, hoy tenemos muchos años por recorrer y conocer la variabilidad que puede otorgar”.

-Pero, lo veo también con un nuevo desafío y es que tenemos que empezar a cuidar e incursionar en todas las zonas, regiones o microrregiones que por ejemplo, Mendoza nos puede ofrecer. Te nombro un caso, Malbec, variedad emblemática y nuestro embajador en el mundo, hoy tenemos muchos años por recorrer para conocer la variabilidad que puede llegar a tener esta misma cepa aun a igualdad de material genético de acuerdo a dos factores importantes: sistemas de elaboración y dónde y cómo se cultiva.

En diálogo con El Descorche Diario: “Terminamos el 2020 con una venta superior a la que se había proyectado”.

-Nosotros podemos verlo muy claramente, el Malbec de Agrelo y el de Los Árboles desde el punto de vista ampelográfico, mismo material genético, idénticos, pero desde lo que llamamos la respuesta enológica son dos mundos distintos. Y eso en vez de decepcionarnos o generarnos algún tipo de problema, al contrario, nos da la posibilidad de nuevos desafíos.

-En lo personal, creo que esto es para toda la industria. Argentina hoy tiene la posibilidad de entregar, no solo al consumidor local, sino al mundo; una enorme cantidad de productos con características propias según cómo se cultivan y el suelo que tienen.

-¿Podríamos decir que esto recién empieza?

-Esto es como una rueda sin fin. Cuando creemos que terminó un ciclo, comienza otro. Como el que viví en mis inicios a comienzos de los 80, donde había un consumidor argentino donde hasta el 90 % solo consumía blancos, donde la presencia de madera era con una totalmente desvanecida, absolutamente amortizada, donde no había renovación ni tecnología.

“Tenemos el desafío de cuidar e incursionar en todas las zonas, regiones o microrregiones”.

-Sin lugar a dudas en el 90 pudimos traer muchísima tecnología, que la conocíamos pero no podíamos tenerla, había muy poca inversión. Hoy estamos en un nuevo ciclo, le sumamos toda variabilidad de la madera en sus distintos usos, el desarrollo de los estudios del subsuelo, las formas de conducir y las regiones o microrregiones que entrega Mendoza. Podría decirte que esto, dentro de esta rueda sin fin, vuelve a empezar. ¡Esto recién empieza! (risas).

-La pandemia ha afectado en diversos aspectos a todos pero también generó un boom de consumo, ¿cómo has visto al consumidor?

-Hace 14 o 15 meses atrás, el panorama era negro. Teníamos la bodega cerrada; estábamos con una crisis de todas las bocas de expendio: restaurantes, hotelería, vinerías sin la posibilidad de vender. Pero nos sorprendió que a fines del mes de junio del 2020, independientemente de nuestra política de cuidar mucho los pequeños lugares de venta y no pasar todo por la vía informática; vimos que las demandas empezaban a crecer.

“Sin lugar a dudas en los 90 pudimos traer muchísima tecnología”

-Descubrimos que los argentinos y muchos seres humanos del planeta, empezaban a encontrar una alternativa al encierro. Entonces se empezó a disfrutar y a conocer cosas nuevas. Vimos a partir de agosto un crecimiento impensado. Con sinceridad, terminamos el 31 de diciembre con una venta superior a la que había proyectado la gerencia comercial para el 2020 cuando aún no estaba la pandemia.

-En el 2021, cuando pensamos que estaba todo terminado, vivimos con mucha incertidumbre y vicisitudes, con aperturas y aprobaciones a medias; vemos a mitad del año que esa tendencia continúa y estamos sorprendidos.

Hay equipo: Pepe junto al agrónomo Federico Martínez y Nico Calderón.

-Esto ha llevado a que mucha gente, el consumidor, el ciudadano común haya empezado a probar distintas opciones que la industria tiene, no solo dentro de la línea de los espumantes sino también de los vinos tranquilos. Apreciamos los blancos –que venían relegados-, el crecimiento de los rosados, los tintos en sus distintas gamas y la variabilidad de aquellos proyectos con mayor o menor presencia de madera y esta tendencia actual de un consumidor que requiere la presencia de la fruta en el vino y ausencia de la madera.

-Una última pregunta personal, ¿cuál es el momento de “El Descorche” para Pepe, el momento para disfrutar el vino?

-Por mi forma de ser, la mejor manera de disfrutar un vino o espumante, es en un momento que pueda estar tranquilo. Fuera del ámbito laboral y todo aquello que día a día nos convoca y nos preocupa. Sobre todo, si bien he tenido momentos en mi vida de disfrutar solo un vino, hoy no concibo poder disfrutar un vino si no tengo a alguien para compartir, para comentar, para pedirle una apreciación, para conversar. Esta es una bebida maravillosa que nació para compartir y para hacernos más gratos muchos momentos.

 

*Fotos: Leo Palet y Rosell Boher.

 

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